Byron Titus: “quienes dirigen el Sistema Penitenciario son irresponsables o inútiles”

Es director del programa de rehabilitación carcelaria y reinserción comunitaria del estado de Massachusetts, Estados Unidos. Además, ha trabajado en proyectos de alternativas para evitar el encarcelamiento de las personas con diversas organizaciones.

En las requisas muchas veces se incautan aparatos electrónicos que ingresan de manera ilegal. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
En las requisas muchas veces se incautan aparatos electrónicos que ingresan de manera ilegal. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Byron Titus es director del Programa de Rehabilitación Carcelaria y Reinserción Comunitaria del estado de Massachusetts, Estados Unidos. Además, ha trabajado en proyectos de alternativas para evitar el encarcelamiento de las personas con diversas organizaciones, por lo que desde su perspectiva analiza la situación carcelaria en Guatemala y sus probables soluciones.

 

El sociólogo con experiencia en programas de rehabilitación en las prisiones sabe que si se impulsan programas de reinserción disminuye la sobrepoblación carcelaria. Además, descifró cuál es el impacto social que genera la inversión en las prisiones.

Titus nació en Guatemala y tiene un interés personal en la situación de las cárceles de este país. En una entrevista concedida a Prensa Libre, reflexiona sobre el Sistema Penitenciario (SP) y el descuido absoluto en el que ha caído. Propone, a partir de la situación actual, crear leyes que establezcan que todos los reos deben ser tratados por igual.

¿Cuál es el diagnóstico de las cárceles en Guatemala?

Es un sistema obsoleto y no avanza. Estoy seguro de que entre todos los nombramientos políticos que realizaron los gobiernos ha llegado más de alguna persona competente y capaz, pero le ha sido difícil hacer cambios. Además, requiere una modificación de leyes, de las cuales ya hablan algunas personas como Corinne Dedick -investigadora del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales- y el exdirector de Presidios, Eddy Morales.

Pero para transformar el Sistema Penitenciario se necesita de un gran esfuerzo multidisciplinario y un deseo genuino para sacarlo del subdesarrollo. El equipo también tiene que estar preparado para enfrentar problemas fuertes como la sobrepoblación, la corrupción, las condiciones miserables en las que se encuentra, pero también el narcotráfico.

¿Qué pasó con el control de las prisiones?

Las cárceles fueron descuidadas en lo absoluto porque no son un tema importante. En primer lugar, los reos no votan, no es una población que tenga influencia; cuando se mencionan las prisiones en el país es porque hay motines, porque se descubren privilegios, porque alguien tiene un taller de carros, o porque alguien se fugó.

No todos los criminales están encerrados. Además, hay centros selectivos como VIP (gente muy importante, en español). No todos son el mismo modelo -perfil criminal-, porque depende de quién eres para saber en qué lugar te toca.

¿Cómo evitar los privilegios en las cárceles?

Los privilegios se deben a la corrupción incrustada en el sistema. No se aplica una ley que establezca que todo mundo es igual en una prisión, sin privilegios, y que cumplen una sentencia en el lugar que corresponde sin importar su raza, su condición económica antes de cometer un delito o su profesión.

¿Quién se va para Matamoros o Mariscal Zavala? No es el marerito -pandillero- de la calle que vende drogas por onza, es gente que cometió delitos fuertes; esa problemática viene desde hace mucho -tiempo- atrás.

Antes, los cuerpos de policía tenían gente detenida en lugares privilegiados, otros estaban en cuarteles que tenían alguna afiliación a los militares. Se debe de modificar la ley y establecer que todos somos iguales. Además, se deben crear leyes apropiadas para tipificar los delitos; no es lo mismo un hombre que se robó una gallina a uno que violó a una mujer, o también, no es lo mismo un hombre que vende drogas en una esquina comparado con un hombre que permite el ingreso de avionetas con cocaína a Guatemala.

Byron Titus, tiene experiencia en programas de rehabilitación. (Foto Prensa Libre: Esbín García)

¿Cuál es el mensaje que la sociedad recibe cuándo “descubren” los privilegios que se mantienen en las prisiones?

Cuando eso pasa, la población en general confirma que quienes dirigen el Sistema Penitenciario son irresponsables o inútiles. Todo el mundo lo sabe, todo el mundo lo dice, el problema es que nadie hace nada, entonces se perpetúa la indiferencia, porque mientras a mí no me toque, que los reos mantengan una refrigeradora adentro, que tengan jacuzzi y todos los privilegios; pero es ilegal y también injusto, es totalmente inmoral.

Yo no estoy en contra que la gente viva como un ser humano, pero si se le ha privado de la libertad fue por alguna razón, debe tener cierta consecuencia, y parte de eso es que viva de forma modesta con sus derechos básicos, pero sin lujos, no los debe tener porque infringió la ley.

¿Qué condiciones deben cumplir en una cárcel para evitar los privilegios?

Una cárcel debe tener personal profesional, capacitado, y no alguien que la dirige y fue electo por conveniencia, por compromisos políticos. Yo voy a poner a ordeñar a una vaca a quien sabe hacerlo y no alguien que nunca lo ha hecho. Se tiene que poner a una persona que se tomó el tiempo para aprender, de haber convivido con las personas en el campo profesional, como algunos de los criminólogos que hay en Guatemala, quienes se especializaron en otros países, pero falta que sea incorporados. Un personal capacitado, incluso, que vengan de escuelas donde se les enseñe la carrera penitenciaria.

Aquí -en Estados Unidos- para ser guardia -penitenciario- debe tener una licenciatura de cuatro años en justicia criminal o haber pasado cuatro años en el servicio militar. Se debe implementar un sistema de meritocracia, pero en Guatemala no existe continuidad.

¿Se debería mejorar también la infraestructura de las prisiones?

Absolutamente se debe mejorar. No conozco ninguna cárcel que llene los estándares mínimos de cárcel a nivel mundial. Hay varias organizaciones, como por ejemplo la ACA -Asociación Americana de Prisiones, en inglés-, con la que he trabajado para certificar cárceles en Colombia. Ellos, para autenticarlas, tienen que llenar unos requisitos mínimos que nosotros -en Guatemala- estamos a décadas de cumplir.

Hay que hacer un sistema de cárceles que desde el principio llenen los estándares mínimos

En el tema de reinserción ¿cómo se podrían implementar programas funcionales?

El problema que hay es que no existe continuidad. Cada vez que voy a Guatemala es un nuevo ministro y el funcionario anterior muchas veces está preso por corrupción y también el director del Sistema Penitenciario. Entonces, en sus intereses no está la mejoría, no importa las buenas intenciones que alguien tenga en el mundo para que un programa sea efectivo, a ellos -funcionarios- no les interesa ese problema. Entonces, la situación es difícil. Estoy tratando con la sociedad civil y fundaciones para saber si impulsamos algún proyecto de reinserción que tenga buenos resultados.

¿Cómo detener el incremento de ingresos de reclusos a las cárceles?

Cuando yo entré a la cárcel, más o menos en 2005 como residente doctoral, había 1 mil 600 presos, pero cuando empezamos a implementar los programas, esa población bajó en cinco años a 1 mil 200. Ahora, en este momento, tenemos 800 privados de libertad, exactamente la mitad de lo que tenía ese grupo.

Ahí uno entra por promociones, comparado de ese año para ahora, la población carcelaria disminuyó a la mitad, eso no quiere decir que no sigan cometiendo crímenes, pero este programa tiene un enfoque dentro de la cárcel para las personas que tienen probabilidades de reinsertarse, para sacarlos y que nunca más ingresen.

Parte del programa va enfocado para las personas que no han llegado a las cárceles, a quienes se les da arresto domiciliar antes de entrar a esa cárcel y ellos son a quienes se les da la oportunidad de reivindicarse, de aprender de su error y de nunca llegar al centro. Entonces, trabajamos con la gente que está adentro de los centros, pero que tienen potencial de rehabilitarse y del otro lado es detener el flujo de afuera, dándoles programas que los educa y les hace conciencia que la cárcel no es una alternativa positiva para la vida. Asimismo, se implementa un programa que se llama de persona a persona, en donde va el Sheriff de mi condado a hacer conciencia a las escuelas sobre el exceso de consumo de alcohol o de droga, sobre el manejo de irá, para que los chicos oigan cada año que la cárcel no es a dónde no deben ir.

Es cuestión de crear cultura, educación. Obviamente hay grupos de insociables, a ellos no se sueltan porque representan un atentado contra el resto de las personas que merece vivir en paz. Ellos están encerrados 23 horas diarias y salen solo una hora al patio bajo fuertes medidas de seguridad, porque se lo han ganado, de esa manera, siendo criminales incorruptibles.

¿Cómo justificar una inversión dirigida a personas que tienen una deuda social?

Aquí hemos tenido el mismo rechazo cuando se pide que se apruebe un nuevo presupuesto para mejorar un área de la cárcel, porque se sabe que con el costo de un reo anual se paga la educación de una persona, de un joven que no ha cometido crímenes, por cuatro años en una buena universidad. Entonces, es difícil para la población entender que se esté gastando o malgastando dinero, como dirían ellos, en los presos, en lugar de emplear el dinero en personas que no ha cometido crímenes y que tiene potencial de ser mejores ciudadanos y ciudadanas, pero lo que no ven es que la inversión en una cárcel de programas, como los que te digo, en 10 años o en mi caso en casi 20, la población carcelaria se redujo a la mitad.

A nuestra comunidad nos cuesta 800 veces menos en impuestos mantener una cárcel antigua que tenerla ahora, porque si no hubiéramos tenido una cárcel nueva, un presupuesto nuevo, no hubiéramos implementado los programas tan eficientes que logramos. Además, 800 criminales menos son 800 probabilidades menos que cometan crímenes en sus comunidades. No sabemos traducir el impacto social de esta inversión penitenciaria en inversión en calidad de vida para el resto de la población, porque lo primero que se imaginan, es que, si se está pidiendo un préstamo al presupuesto nacional para mejoras a la cárcel, un porcentaje se van a desaparecer en asuntos administrativos, eso es lo que más les duele.

En Guatemala tienen temor en cualquier inversión porque no hay una administración correcta, entonces, el preso es quien está al fondo del barril.

¿Se puede imaginar la vida sin prisiones?

No es posible. El ser humano es ambicioso, hay de todo, pero siempre habrá un grupo minoritario que quiere afectar a la mayoría. Tendremos siempre la necesidad de tenerlos aislados, hay gente que nace con esa deficiencia, ese problema mental, entonces no casan ni siquiera en hospital mental, no tienen salida. Hay otros que están tan perjudicados en su comportamiento criminal que no tienen vuelta de regreso a la comunidad.