“La verdadera crisis migrante está en las comunidades de origen”: Unicef

Funcionario de Unicef relata hallazgos que comisión obtuvo en visita que hizo a albergues en ciudades mexicanas fronterizas con EE UU.

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Niños migrantes juegan en un albergue en Tijuana a donde llegó una misión de Unicef. (Foto Prensa Libre: Unicef/L. Kelly.
Niños migrantes juegan en un albergue en Tijuana a donde llegó una misión de Unicef. (Foto Prensa Libre: Unicef/L. Kelly.

La situación en la frontera norte de EE. UU. está desbordada, afirma Michele Messina, asesor Regional de Emergencias en el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para América Latina y el Caribe. Cientos de migrantes, entre ellos muchos guatemaltecos, esperan una oportunidad para cruzar la frontera, después de huir de sus países de origen.

En conversación con Prensa Libre, Messina cuenta los dramáticos relatos que obtuvieron al hablar con familias migrantes en albergues de México, donde la situación humanitaria casi se ha salido de control producto del desborde de migrantes desde Centroamérica que buscan llegar a EE. UU.

Una de las conclusiones de la comisión es que esta crisis migratoria tiene su origen en los países del istmo puesto que los migrantes escapan de la violencia y falta de medios de vida.

¿Cuál es la situación de los migrantes en la frontera norte de México?

Preocupante. Tenemos un gran número de personas que se han puesto en camino hacia EE. UU. Antes viajaban más los adultos solos, ahora hay muchos niños y familias que están viajando en situaciones bastante complejas. En los países de origen, las familias son víctimas de la violencia y se ven forzadas a dejar sus hogares por miedo y por la falta de oportunidades de trabajo y de medios de vida que se han visto exacerbadas por la crisis del covid-19 y por las tormentas Eta e Iota.

Está desbordada la capacidad de los países de poder lidiar con estos números tan elevados de migrantes.

Niñas reciben kits de higiene en el albergue municipal de Ciudad Juárez, Chihuahua, México. (Foto Prensa Libre: Unicef/L. Kelly

¿Cuál es el llamado que se hace a los estados para atender estos flujos migratorios?

El llamado es el respeto a las leyes y convenciones internacionales, a priorizar el interés superior del niño, esto conlleva la capacidad de acogida y refugio, así como la asistencia legal y psicosocial para los niños que no necesariamente están disponibles en este momento con estos números tan fuertes.

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¿Y en los estados de origen de estas familias?

La crisis en la frontera y en el camino comienza en las comunidades de origen de estas personas, entonces el llamado también es para los gobiernos y comunidad internacional para aumentar la inversión en servicios sociales, oportunidades de empleo y educativas para reducir la vulnerabilidad de las familias y que no se vean obligadas a migrar y enfrentar así situaciones muy peligrosas que los puede llevar a la muerte. Y aunque no se llegue a la muerte, hay casos muy dramáticos, hay muchísimo trauma y sufrimiento de mujeres y niños por las dificultades que encuentran en el camino.

¿Cuáles han identificado que son los principales peligros que enfrentan las familias?

Ante todo, los coyotes que ponen en los medios informaciones no verdaderas sobre una supuesta facilidad de llegar a la frontera o que la frontera está abierta, algunas de estas familias y de niños niñas y adolescentes son víctimas de esta desinformación. Aparte, los testimonios que nos han contado algunas de estas personas son experiencias muy dramáticas. Esto depende un poco, en lo que yo entiendo, de la disponibilidad económica de las personas, si tienen un poco más y apoyo de familiares en EE. UU. pueden permitirse condiciones un poquito mejores.

Jean Gough, representante regional de Unicef, durante una visita en Ciudad Juárez. (Foto Prensa Libre: Unicef/L. Kelly)

¿Es decir los más pobres son los que más riesgos corren?

Los más vulnerables de los vulnerables, los que tienen menos, a veces tiene que viajar en contenedores llenos, con otros migrantes, hacinados, comprimidos. Escuchamos el testimonio de tres madres que les tocó sobrevivir junto con sus niños en esas condiciones, viajaban así uno contra otro, con los niños que casi no podían respirar y sufriendo por el sol. Se detenían en lugares lejanos y les quitaban los teléfonos para que nadie los rastreara y se quedaban sin agua ni comida ni nada durante 20 días sintiendo por momentos que iban a morir. Los coyotes las maltrataban constantemente, hasta físicamente, cuando ellas reclamaban condiciones humanas.

Luego toca cruzar a la frontera hacia EE. UU. ¿Qué relatos obtuvieron de esas experiencias?

En algunos casos estas madres cruzaron el río en canoas, pequeñas lanchitas en donde se filtraba el agua. Los niños gritaban de miedo en medio de la noche porque creían que la canoa podría dar vuelta. Y cuando finalmente dio vuelta todos mojados y embarrados de lodo pensaban ‘aquí terminó, aquí nos morimos’. Algunos hombres lograron ayudar a las mujeres y niños. Ya afuera del río todos mojados les tocaba soportar el frío. Al final todos fueron agarrados por la seguridad de EE. UU.  los mantuvieron dos días en lugares que no tienen muchas condiciones y luego los retornaron —deportaron a México—por medio del Título 42.

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¿Cuál fue el momento más difícil para estas familias?

No sabría decir cuál es, si la salida, el camino, el cruce de la frontera, cuando son retornados o ya en los refugios.

La misión verifica las condiciones de los menores en un albergue de Tijuana. (Foto Prensa Libre: Unicef/L. Kelly)

¿Qué tan difícil está la situación en los refugios del lado mexicano?

Las familias están desesperadas. Muchas de ellas escapan de la violencia, venden todo lo que tienen para poder pagar el viaje y vuelven a encontrar en México una guerra que no es de ellos, pero ya no pueden volver atrás. No tienen nada, ni dinero, pero si regresan se encuentran con las maras o quienes les causaron violencia, están traumatizados por todo lo que han pasado en el camino. Hablar con ellos, es impactante, se te salen las lágrimas, te quedas sin palabras.

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¿Cuáles son los grandes retos que se enfrentan en los países de origen y que obligan a migrar a su gente?

Son múltiples. Uno muy fuerte es la violencia, de las pandillas o intrafamiliar. En segundo lugar, en las comunidades estas madres no ven ninguna salida de vida positiva para sus niños. Parte de los jóvenes que salen a los 15 años es porque, o se juntan a las maras o los matan o salen, esas son las alternativas que tienen.

El otro problema es la pobreza extrema, la gente se encuentra sin trabajo, sin posibilidad de poner un plato de comida en la mesa y si ninguna visión de que esta crisis se vaya a acabar, entonces se ponen en camino, en algunos casos conscientes de los peligros, pero ya sin nada que perder.

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Hay otros temas como la educación de calidad, servicios básicos como salud, agua que son muy débiles. Además de esto se suma el covid-19 y los desastres naturales que han destruido escuelas y cultivos. Entonces, las familias no tienen otra opción más que salir.

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Los albergues en las ciudades fronterizas mexicanas se han visto desbordados por el gran número de migrantes, entre ellos muchas familias y menores de edad. (Foto Prensa Libre: Unicef/L. Kelly)

Los gobiernos hacen constantes llamados a no migrar. ¿Ustedes que conoce la realidad de estas personas que piensan de esos llamados?

Nosotros queremos invertir más en dar acceso a información de calidad y confiable a las personas en sus lugares de origen para que puedan tomar sus decisiones informadas. Hay mucha desinformación y muchas familias y los rumores circulan por estos traficantes. Nos gustaría hacer un llamado a que se pueda dar toda la información confiable para que estas personas, antes de emprender el camino, puedan valorar el riesgo y las alternativas que tienen para no caer en manos de traficantes de personas.

 

Las madres narraron con horror la travesía por México y al momento de cruzar el río Grande. (Foto Prensa Libre: Unicef/L.Kelly)