San Simón, el santo popular guatemalteco venerado por los migrantes

“San Simón cumple cualquier favor si se le pide con fe”, dicen sus fieles. Por eso, muchos migrantes se encomiendan a este “bondadoso” santo popular guatemalteco para emprender el turbado camino para cruzar México y llegar a Estados Unidos.

Imagen de San Simón en San Andrés Itzapa, Chimaltenango. (Foto Prensa Libre: AFP).
Imagen de San Simón en San Andrés Itzapa, Chimaltenango. (Foto Prensa Libre: AFP).

“Venimos a pedir por nuestros familiares que están en Estados Unidos”, dijo José Amado, de 28 años, luego de rezar frente al santo y encender unas velas por sus hermanos, primos y cuñados que años atrás emigraron a ese país, dice, encomendados a San Simón.

El templo donde descansa este santo no reconocido por la Iglesia Católica está repleto de placas y carteles en agradecimiento por quienes, según aseguran, recibieron algún tipo de milagro, principalmente relacionados con la economía o con la salud.

“Bendito sea Dios, él -San Simón- los ha llevado sin ninguna novedad, los ha protegido. Él los ha cuidado de la Migración, de los extorsionistas, de la mafia, y bendito sea Dios ellos están bien allá”, aseguró Amado.

Las paredes verdes del recinto, en San Andrés Itzapa, Chimaltenango,  a 60 km al oeste de la capital de Guatemala, están adornadas por los agradecimientos de varios fieles por haber hecho realidad su sueño de llegar a Estados Unidos.

“En agradecimiento al hermano San Simón por la llegada de mi esposa e hijas a los Estados Unidos”, dice un mensaje grabado en letras doradas sobre una placa de mármol blanca colocada el 28 de octubre de 2016.

El santo, sentado sobre una silla de madera, luce un rostro occidental inexpresivo, con un espeso bigote, vestido con un traje oscuro y la cabeza cubierta con un sombrero negro.

Lo rodean botellas de licor, grandes arreglos de flores y su mano sostiene dinero colocado como ofrenda.

Los reconocimientos a San Simón se ven en las paredes del templo de San Simón en San Andrés Itzapa, Chimaltenango. (Foto Prensa Libre: AFP).

Miles de fieles de diferentes partes de Guatemala y del extranjero, sobre todo de Centroamérica y México, abarrotan el templo cada 28 de octubre en una fiesta con grupos musicales y quema de pólvora.

Un culto polémico

Sobre el origen de la veneración a San Simón, producto del sincretismo entre las creencias mayas y cristianas, se tejen muchas versiones. Su culto incluso se ha vuelto polémico debido a que a su altar llegan también narcotraficantes, prostitutas y pandilleros.

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Una aproximación a la génesis de la adoración se remonta a principios del siglo 20, cuando se intentó quemar una imagen de Judas que luego fue transformada en San Simón, de acuerdo con una recopilación de testimonios orales hecha por el Centro de Estudios Folklóricos de la Universidad de San Carlos.

La veneración a San Simón, según la referida universidad, empezó a masificarse en 1976, tras la destrucción que provocó en el país un fuerte terremoto, destaca el estudio.

“Te pido mi protección y trabajo en Estados Unidos”, dice un pequeño cartel acompañado con la fotografía de un hombre en el altar de San Simón, mientras del otro lado luce una pequeña bandera estadounidense.

El santo de los imposibles

“Al abuelo -San Simón- se le dice el milagroso de todos los imposibles”, destaca Adolfo Cojtí, un guía espiritual indígena de 44 años.

Cojtí, originario del poblado cercano de Tecpán Guatemala, cuenta que “es constante” la petición de protección “de las personas que van hacia el norte”.

El devoto, que viste una camiseta azul, lamenta que la adoración se haya “satanizado” por las iglesias católica y evangélica, aunque reconoce que muchas personas “se han aprovechado” de “toda la bondad” de San Simón para “lo malo”.

Una mujer enciende una vela en el templo de San Simón en San Andrés Itzapa. (Foto Prensa Libre: AFP).

Por su lado, Arsenio López, quien trabaja haciendo “limpias” con hierbas, huevos y puros (tabaco), comenta que son recurrentes los pedidos de protección para migrar ilegalmente.

“Sí se le da una protección, se le pide por su camino, porque hay muchos que perecen en el viaje”, explica López, de 34 años, 17 de ellos dedicados al servicio en el templo.

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Miles de guatemaltecos y centroamericanos emprenden cada año el peligroso viaje a Estados Unidos en busca del llamado “sueño americano”.

La región del norte centroamericano atravesó los últimos meses una inusual crisis migratoria, con la salida de miles de personas en caravana buscando llegar a Estados Unidos, huyendo de la pobreza y la violencia.

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