Un tabú pestilente

Es una escena lamentablemente común en áreas urbanas de Guatemala: un hombre se acerca a un poste, al rincón de una casa o junto a un vehículo y orina, sin atisbo de pena o temor a alguna sanción.

Ilustración tema  Mal hábido: calles sirven de letrinas . (Ilustración Prensa Libre)
Ilustración tema Mal hábido: calles sirven de letrinas . (Ilustración Prensa Libre)

CIUDA DE GUATEMALA – El fenómeno se repite con frecuencia en numerosos sitios sin que exista un combate efectivo de esa práctica, que para algunos estudiosos sociales proviene de una inadaptación a la vida en comunidad, reforzada por malos ejemplos de padres a hijos y permitida por las autoridades, bajo el pretexto de que hay asuntos más importantes por resolver.

Falta de educación

La cultura machista es el principal factor de aquella mala práctica, según el psicólogo Manuel Arias, quien atribuye a una especie de afirmación de género el hecho de orinar en la calle, puesto que, dado que para las mujeres eso sería más difícil, algunos varones lo ven como cierta ventaja funcional, exacerbada por la falta de correctivos.

“Son conductas más permitidas en los hombres, puesto que es más fácil y se critica menos”, afirma.

“Es mentira que alguien diga que jamás lo ha hecho”, señala Arias, quien considera que se puede hacer una campaña para generar un cambio de actitud.

Para este psicólogo social, el problema se ve acrecentado por la carencia de sanitarios en espacios públicos, y si los hay, no siempre las personas quieren pagar por usarlos, aunque debería ser la norma.

Mal extendido

El problema no es exclusivo de la capital. En cabeceras departamentales hay sectores donde el hedor es insoportable.

Mariano Chumil, comerciante del mercado de Sololá, identifica unos 30 lugares que se han convertido en mingitorios sin que ninguna autoridad haga algo para erradicar esos focos de contaminación. “Expelen olores pestilentes, dan un mal aspecto y son un mal ejemplo para los niños”, añade el profesor Alfredo García.

En Cobán, Alta Verapaz, calles cercanas a la plaza central son tradicionalmente usadas para orinar, sin que nadie intervenga.

En Tiquisate, Escuintla, la ceiba cercana al parque central es usada como sanitario. En lugar de ser punto de encuentro, es un paraje nauseabundo.

Conducta agresiva

El sociólogo Ángel Flores considera que estas conductas reflejan un gregarismo “antisocial” que a la vez es reflejo de las condiciones de exclusión y pobreza del país, pero aclara: “No necesariamente es una conducta de clases populares y sin educación; se da en todos los niveles sociales, especialmente cuando se emborrachan, y ocurre hasta en lugares turísticos”.

Vecinos organizados de Antigua Guatemala denunciaron recientemente que la Calle del Arco, todo un emblema turístico, se transforma en las madrugadas de fines de semana en una letrina vergonzosa, puesto que los clientes de algunos expendios de bebidas orinan los muros.

Intentos de solución

El Arco de Correos, en la 7a. avenida y 12 calle de la zona 1 capitalina, así como varias calles del sector, es blanco de los incontinentes, que dejan ríos de orina sobre la acera, que deben sortear los transeúntes.

La Municipalidad de Guatemala instaló hace algunos años mingitorios ocultos tras biombos metálicos, para atender esa necesidad fisiológica, y aunque son bastante usados, en las cercanías de estos persiste el mal olor, ya que están prácticamente al aire libre.

Ernesto Poroj, coordinador de limpieza de la comuna, comenta que en la ciudad existen 39 urinales públicos. “Algunos son dobles, por lo que, en total, se cuentan 53”, explica.

Agrega que al principio se pusieron mingitorios de porcelana, pero fueron rotos, por mal uso o vandalismo; entonces se fabricaron las reposaderas de metal. Una de las complicaciones para este sistema es cuando las personas no solo orinan, sino también defecan.

Según Poroj, los mingitorios son utilizados por unas dos mil personas a diario. Hay algunos sitios “problemáticos”, donde los hombres orinan constantemente sin que haya una instalación. “En 7a. avenida y 13 calle, en La Parroquia, El Guarda y detrás de la Catedral Metropolitana, la gente insiste en hacerlo. Se ha lavado, se ha intentado vigilar, pero el problema sigue”, asegura Poroj, lo cual atribuye a falta de sentido de urbanidad.

¿Una protesta biológica?

Algunos psicólogos sociales encuentran que a veces los sanitarios públicos o la misma calle son ensuciados con orina y heces a manera de protesta irracional. Indigentes, drogadictos o personas con problemas mentales suelen incurrir en este tipo de acciones, pero no solo ellos.

Arias lo explica como una agresión social en forma de descompensación. “Hay una incomodidad con la vida en sociedad, y la venganza es ensuciar”, sostiene.

Justa de Money, directora de Formación, Organización y Participación Social del Ministerio de Ambiente considera que la solución al problema radica en educar y aplicar castigos. “Existen sanciones municipales, pero no son aplicadas”, afirma. Como ejemplo se refiere a quienes migran a Estados Unidos y al volver se sorprenden cuando se dan cuenta de que las calles son usadas como sanitarios, lo cual acarrearía una multa y hasta prisión en ese país.