1851: la batalla de La Arada, conflicto de tres naciones

El 2 de febrero de 1851 se produce la llamada “Batalla de La Arada”, un conflicto bélico entre los ejércitos de Guatemala, El Salvador y Honduras, ante un nuevo intento de unificar la unión centro americana.

Maqueta que recrea la batalla de La Arada, se encuentra en el Museo de Armas del Ejército. (Foto: Hemeroteca PL)
Maqueta que recrea la batalla de La Arada, se encuentra en el Museo de Armas del Ejército. (Foto: Hemeroteca PL)

En 1847 Guatemala había sido declarada como república independiente, y el presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, del Partido Liberal, odiaba a Rafael Carrera, conservador, comandante del Ejército guatemalteco.


Vasconcelos quería revivir la Federación Centroamericana y por ello se alió con Juan Lindo, gobernante de Honduras, contra Guatemala. Reunieron en el pueblo fronterizo de Ocotepeque, a unos 4 mil soldados, a las órdenes de 11 generales. Confiaban en derrotar al ejército de Carrera, que contaba sólo con mil 500.

15 de enero de 1851: Vasconcelos envía una carta, desde la frontera, al gobierno de Guatemala, presidido por Mariano Paredes: “He llegado -decía- a esta ciudad a hacerme cargo del mando en jefe del ejército conforme a la constitucion de El Salvador y vengo plenamente autorizado para entenderme con su gobierno en todo lo que conduzca al objeto que ha puesto en armas a los de estos Estados”. El correo llegó el 21 pero ni tiempo hubo de responder pues el 22 los aliados estaban en territorio guatemalteco.

General Rafael Carrera y Turcios, comandó al ejército en la batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851. (Foto: Hemeroteca PL)
23 de enero: otra carta, para pedir la renuncia del gobierno de Paredes y la expulsión de Rafael Carrera. Además una condición: que los ejércitos de El Salvador y Honduras pudieran establecer bases en Guatemala.

El historiador Lorenzo Montúfar dice que Carrera había mandado a El Salvador, semanas antes, a un presunto comerciante mayorista que en realidad era espía. Además, hizo correr el rumor de que los liberales salvadoreños venían a demoler todas las iglesias, para así tener más adeptos para su causa.

“Sin duda Carrera era un tipo inteligentísimo, pues manipuló hasta a la Iglesia para contar con su apoyo”, opina Lucila Sierra, directora del Museo del Ejército, en donde está recreada, en una maqueta, la batalla de La Arada: la que definió el poderío conservador en Guatemala por las siguientes dos décadas.

El Castillo de San José de Buenavista, en la década de 1860. Actualmente se encuentra ahí el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias y el Museo del Ejército. (Foto: Hemeroteca PL)
Una estrategia audaz

Carrera ubicó sus tropas en la estratégica meseta de San José La Arada, Chiquimula. El 1 de febrero, el general Isidoro Saget, del ejército salvadoreño, ordenó que las fuerzas rodearan a Carrera.

El 2 de febrero, a las 9 de la mañana, ordenó al general Cabañas que atacara. “En ese momento, Carrera hizo un movimiento astuto. Quemó unos cañaverales para impedir el paso a los enemigos por otros flancos. Tuvo suerte porque aquel día el viento soplaba de arriba hacia abajo”, refiere Sierra, quien investigó el suceso para realizar la maqueta.

Cabañas estaba “llevando su gente al matadero”, opina el historiador Federico Hernández de León. Cabañas pidio refuerzos a Saget pero éste sugirió a Vasconcelos la retirada. Más de 500 invasores fueron muertos y 200 capturados.

Rafael Carrera fue ascendido a Capitán General del Ejército de Guatemala, la república de pocos años que había huído, para bien o para mal de sus hermanas.

En todo caso, el historiador Hernández aclara que en el artículo 5 de la declaratoria de República dice: “La absoluta independencia en que ahora se constituye esta república no será jamás un obstáculo a la reorganización de Centro América y los otros Estados que hallarán perpetuamente en Guatemala la misma favorable disposición de su antigua confraternidad”.

La Plaza Mayor de Guatemala en el tiempo del general Rafael Carrera. (Foto: Hemeroteca PL)
Una copia de esta partida de nacimiento, puede ser vista en en la exposición permanente del museo. En ella están las firmas de numerosos ciudadanos de la época, incluidos algunos prominentes políticos del partido Liberal.