Alegría en Guatemala por beatificación del Hermano Pedro

Fue noticia el 22 de junio de 1980 la beatificación del Hermano Pedro de San José Bethancourt, religioso de origen español que realizó una gran labor caritativa y educativa en el país.

Titular de Prensa Libre del 23 de junio de 1980. (Foto: Hemeroteca PL)
Titular de Prensa Libre del 23 de junio de 1980. (Foto: Hemeroteca PL)

Con una verdadera manifestación de fe, amor y fervor religioso expresado jubilosamente en todo el país a través de cohetillos, bombas pirotécnicas y el incesante tañir de los campanarios, la grey católica celebró ayer la beatificación del Hermano Pedro.

Desde las cinco horas, como fue anunciado por diferentes medios de comunicación, dio principio en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, de la sacra ceremonia religiosa que llevó a la beatificación del primer guatemalteco.

Cerca de una hora, y en todos los sectores de la capital, se escuchó el detonar de los cohetillos a los cuales se sumóel ulular de las diferentes sirenas de las instituciones de servicio público que, con ello, agregaron un matiz aún más dramático y hermoso al momento.

El 22 de junio de 1980 se celebró la beatificación del Hermano Pedro con una multitudinaria procesión con la imagen del nuevo beato que recorrió 84 cuadras de Antigua Guatemala. (Foto: Hemeroteca PL)
Familias de todos los estratos sociales, cubiertas algunas con prendas de dormir, sin importarles una lluvia pertinaz y el viento helado, se lanzaron a la calle a participar de la plural alegría. 

Jóvenes y adultos, niños y mujeres, se trenzaban en un abrazo común. En realidad eran cuadros de indescriptible emotividad. Algunos vecinos coincidieron en señalar, que ni en festividades navideñas o de año nuevo se había apreciado aspecto semejante. 

Ya desde los primeros minutos después de la media noche dio principio la algarabía. Contribuyó particularmente a ello la actividad televisiva ofrecida al pueblo de Guatemala por los canales 11 y 13 de televisión.

Aquellas empresas de televisión en un aporte plausible de colaboración al pueblo católico, ofreció ininterrumpidamente todas las incidencias tendentes a la beatificación del Hermano Pedro desde Roma.

Plaza de la Paz

Un anhelo que se manifestó en ese entonces fue la construcción de la Plaza de la Paz, cuyo deseo se avivó al darse la beatificación del Hermano Pedro, acontecimiento que unió al país en todos sus estratos sociales.

La plaza albergaría una imagen imponente del beato guatemalteco y sería un punto convergente de oración y meditación. En ese momento comenzó una recaudación de fondos para su construcción. La plaza se ubica hoy frente a la iglesia de Belén en Antigua Guatemala.

Sepulcro del Hermano Pedro en el que estuvo durante más de 50 años antes de su ubicación actual en el interior del Templo de San Francisco el Grande. (Foto: Hemeroteca PL)
Alegría en Antigua

Miles de feligreses de la grey católica, utilizando los más variados medios de transporte, se volcaron hacia la Antigua Guatemala en las primeras horas de ayer, para participar de las festividades religiosas relacionadas con la beatificación del hermano Pedro.

“Ha sido una de las más nutridas concentraciones de gente en esta ciudad, quizás superior a las observadas en la Semana Mayor”, dijo el señor Gerardo Fuentes, quien acompañado de sus niños, participa del gozo espiritual colectivo. 

Algunos coordinadores de las ceremonias locales, especialmente relacionada con la procesión del Hermano Pedro, calcularon que entre diez y doce mil almas se concentraron en el atrio de la iglesia de San Francisco para acompañar a la imagen.

Una urna de grandes dimensiones, delicadamente diseñada para la ocasión, estaba saturada de claveles rojos. En la parte frontal, un anciano en ademán menesteroso, representaba la inmensa beatitud o ternura del Hermano Pedro. 

Anuncio donde se daba a conocer la programación especial para la beatificación del Hermano Pedro. (Foto: Hemeroteca PL)
La multitudinaria procesión, precedida de todas las delegaciones presentes del país, así como un fuerte número de cofradías, recorrió un total de ochenta y cuatro cuadras que, en realidad, constituyeron un recorrido total en la localidad.

Previo a la salida de la procesión, se ofició la misa pontifical, la cual estuvo a cargo de monseñor Eduardo Fuentes, al aire libre y ante miles de feligreses que con verdadero fervor religioso, la escucharon hasta el final. 

La afluencia de personas fue tal que colapsó el servicio de transporte ya que fue insuficiente para atender la demanda de personas que se congregaron ese día en la ciudad colonial.