Dichosos

Opinión

Afirmaba el novelista Mark Twain (1835-1910): “La dicha y la cordura son incompatibles”: es decir, la dicha o felicidad auténticas vienen en el fondo por caminos inversos a los propuestos “lógica y convenientemente” por el mundo (tener, poder, placer): ellas se incrustan en el extraño fenómeno de “dar” por amor, en circunstancias adversas, al estilo de aquella “perfecta alegría” de San Francisco, imitada de su Señor Jesús, quien dijo: “Dichosos ustedes cuando los injurien y persigan y digan toda clase contra ustedes por mi causa… Alégrense y regocíjense entonces…” (Mt 5,11-12a). La beatificación hoy, en Morales, Izabal, del sacerdote Tulio Maruzzo y del laico Obdulio Arroyo, “muertos por la extraña causa de amar hasta el final, testimoniando a su Señor Jesús” (cf. Mensaje de la Conferencia Episcopal de Guatemala “Discípulos, Misioneros, Mártires”, octubre 2018) se levanta como un bello ejemplo del seguimiento de su amado Maestro, el “testigo del Gólgota”, mártir del amor de Dios al mundo hasta la entrega del Hijo (cf Jn 3, 14-16), pero también emerge en una actualidad donde la misma dicha o felicidad es motivo de discusión, como decía Séneca: (4. a.C-65 d.C):  “Cada uno tiene su idea de dicha, de felicidad” (cf. De Vita Beata).

Fray Tulio Maruzzo y Luis Obdulio Arroyo son beatificados en ceremonia en Izabal

Ciudades

Los denominados mártires de la justicia de Izabal Fray Tulio Maruzzo, de la Orden de Frailes Menores (OFM), y el laico izabalense Luis Obdulio Arroyo Navarro, fueron beatificados este sábado en una ceremonia a cargo del cardenal Giovanni Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en su calidad de representante del papa Francisco, en los campos del polideportivo de Morales, Izabal.

Hermógenes López

Opinión

Hace hoy 40 años, el sacerdote Hermógenes López Coarchita fue asesinado en el camino que de San José Pinula lleva a la aldea San Luis. Era párroco allí. Regresaba de asistir a un enfermo que había solicitado sus servicios espirituales. Le faltaban dos meses y medio para ajustar los 50 años. Ejerció el ministerio sacerdotal casi 24. Su cuerpo aguarda la resurrección de los muertos en la iglesia parroquial. El aniversario de su muerte, como es costumbre en la piedad católica, se conmemora desde entonces con la celebración de la santa misa. Pero esta celebración, multitudinaria y festiva, sin dejar de ser oración por su alma, es memoria agradecida por el testimonio de un pastor bueno y anticipo jubiloso del día en que quedará inscrito en el libro de los santos de la Iglesia.

Son unos santos

Revista D

Tuvieron vidas ejemplares y por eso alrededor de ellos se tejieron historias que los llevaron a ser considerados santos.