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Islandia: el país que ha registrado 40.000 temblores en menos de un mes

Los habitantes de Grindavik, un pueblo de pescadores con una población de 3.500 del sureste de Islandia, se han estado quejando de no poder dormir.

Grindavik queda en una zona de alta actividad volcánica.

Grindavik queda en una zona de alta actividad volcánica.

Los habitantes de Grindavik, un pueblo de pescadores con una población de 3.500 del sureste de Islandia, se han estado quejando de no poder dormir.

No es por ningún malestar físico o mental, sino por la cantidad de temblores que se han registrado últimanente y que los han estado despertando durante la noche; más de 40.000 en las últimas tres semanas, para ser exactos.

Grindavik queda en la península de Reykjanes, a unos 60 kilómetros de la capital Reikiavik. Es una región conocida por su actividad sísmica, debido a que forma parte de un sistema volcánico.

Sin embargo, la frecuencia de movimientos telúricos ha aumentado considerablemente desde el último año y dramáticamente en el último mes.

“Todo empezó el 24 de febrero con un terremoto de magnitud 5,7”, le dijo a BBC Mundo Bergthora Njala Gudmundsdottir, coordinadora de información de la Oficina Meteorológica de Islandia (IMO, por sus siglas en inglés).

Kristin Vogfjord, directora de geociencia de la Oficina Meteorológica de Islandia
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Kristin Vogfjord, directora de geociencia de la Oficina Meteorológica de Islandia, ilustra el incremento sin precedentes de actividad sísmica en la región.

En 2019 se registraron 3.400 temblores, en 2020 34.000, pero desde el 24 de febrero de este año, dos terremotos de magnitud superior a 5 fueron seguidos de una racha de intensos temblores que suman más de 40.000 hasta la fecha.

No todos los temblores han sido de la misma intensidad, pero ha habido al menos 60 de una magnitud superior a 4, dijo Gudmundsdottir.

“Erupción basáltica efusiva”

Los científicos de la IMO calculan que va a haber una erupción pronto, pero no están esperando algo catastrófico.

“Este sistema ha estado lo que llamamos moderadamente activo durante los últimos 8.000 años”, explicó Gudmundsdottir. “Las últimas erupciones de las que tenemos conocimiento sucedieron en el siglo XII, cuando hubo dos grandes”.

En caso de que suceda una erupción, no prevén que vaya emitir tanta ceniza como la del volcán Eyjafjallajökull en 2010.

En aquel entonces se arrojó tanta ceniza a la atmósfera que tuvieron que interrumpirse casi 900.000 vuelos y cientos de islandeses se vieron forzados a buscar refugio.

Lo que ahora prevén, según explicó la funcionaria de la IMO, son “erupciones basálticas efusivas que produzcan un flujo lento de lava por varios kilómetros, con pocas deposiciones”.

También señala como posibilidad que se generen chorros espectaculares de lava que se eleven entre 20 y 100 metros.

Erupción del volcán Eyjafjallajökull en 2010
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No se espera una erupción como la del volcán Eyjafjallajökull en 2010.

El sistema volcánico comprende una extensión de unos 50 kilómetros, pero no hay desarrollo en ninguno de los cráteres y tampoco hay glaciares en el área que puedan provocar un deslave.

Así que no se pronostica que esto suponga una amenaza para la población, aunque el personal de protección civil ya está en alerta, igual que los científicos de la oficina meteorológica.

La policía cierra una carretera que conduce al area de actividad sísmica en Grindavik, Islandia
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La población confía en las medidas que han tomado las autoridades.

“Los modelos que tenemos del flujo de lava no proyectan que vaya a llegar a lugares poblados, pero por supuesto esto está bajo evaluación constante”, aseguró Gudmundsdottir.

“No esperamos problemas, más que un poco de ceniza, algo con lo que se puede vivir”.

Más cansados que asustados

No obstante, la experta reconoce que los efectos pueden variar de persona a persona y no todas están cómodas con la alta frecuencia de temblores.

“Tenemos informes de personas que están más cansadas que asustadas, porque las despiertan en la noche”, dijo Gudmundsdottir.

“Es como caminar sobre un frágil puente colgante”, describió la sensación una residente de Grindavik a la agencia de noticias Reuters.

Niña camina frente a un cráter en Islandia.
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Una residente describe la sensación como caminar sobre un puente colgante.

Rannveig Gudmundsdottir, que es profesora de primaria, explicó a Reuters que todos en el pueblo están cansados.

“Cuando me voy a dormir en la noche, lo único en lo que puedo pensar es: ¿será que esta noche podré dormir?”.

Varios habitantes se han ido a visitar a sus parientes, desplazado a sus casas de verano o alquilado cuartos en hoteles de Reikiavik para tener un poco de descanso.

Por lo demás, la gente confía en los planes de las autoridades y continúan con sus vidas cotidianas.

¿Qué pasa en otros lugares de actividad sísmica?

La causa de los temblores experimentados en las últimas semanas en Islandia se debe al movimiento de grandes masas de roca derretida, conocida como magma.

El magma se está moviendo un kilómetro por debajo de la península, tratando de buscar un camino hacia la superficie.

“En términos generales, esa actividad sísmica está asociada con la actividad volcánica del lugar”, dijo un funcionario del departamento de información del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

Vapor es despedido por una fisura en uno de los campos geotérmicos cerca de Grindavik
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Los temblores en la península de Reykjanes se deben a la actividad volcánica y el movimiento de magma subterránea.

Es un fenómeno diferente a lo que sucede en otros lugares que son conocidos por sus fuertes terremotos como México y Chile.

“Esos terremotos ocurren por fallas en zonas de subducción”, explicó el funcionario de USGS. “Es cuando dos placas tectónicas se encuentran y una empuja contra la otra”.

Una de las mayores zonas de subducción está en el océano Pacífico —el llamado “cinturón de fuego”— que abarca varios países de América Latina.

El empuje de las placas genera tensión que se libera con devastadores terremotos.