Hambre aguda afecta 124 millones de personas en 51 países, alerta la ONU

Las guerras y los desastres naturales han provocado el aumento de los niveles de “hambre aguda” en el mundo, donde 124 millones de personas en 51 países necesitan ayuda urgente para no morir, según un informe elaborado entre otros por Naciones Unidas y la Unión Europea.

Se trata de un grave incremento con respecto a el 2016 (con 108 millones en 48 países), según el último Informe Mundial sobre crisis alimentarias.

El estudio advierte que la situación tiende a agravarse sobre todo por los conflictos en Birmania, Nigeria, Yemen y Sudán del Sur, además de la sequía que azota a buena parte del continente africano.

Un sudanés malnutrido de 18 años, que pesa 24.2 libras, sufre las consecuencias de la malaria cerebral desde hace 2 años en Touch Riak, condado de Leer, donde se ha declarado hambruna desde febrero del 2017. (AFP).

El informe global, elaborado por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Unión Europea y otras organizaciones internacionales especializadas, define “la inseguridad alimentaria aguda como hambre de una severidad tal que representa una amenaza inmediata para la vida de las personas”.

El estudio considera que las crisis alimentarias están cada vez más determinadas por causas complejas como son los conflictos, los fenómenos meteorológicos extremos y los elevados precios de los alimentos básicos, factores que a menudo coinciden al mismo tiempo.

El estudio hace un llamado a los países y organizaciones a actuar “de forma simultánea para salvar vidas, medios de subsistencia y abordar al mismo tiempo las causas profundas de las crisis alimentarias”.

Conflictos y cambio climático

Para los expertos de Naciones Unidas los conflictos siguen siendo la causa principal de las hambrunas que padecen 18 países, 15 de ellos situados en África o en Oriente Medio, afectando a 74 millones de personas.

Un niño yemení mira varios edificios dañados en un ataque aéreo en la ciudad de Taez, al sur de Yemen.(AFP).

Los desastres climáticos, en particular la sequía, causaron crisis alimentarias en 23 países, dos tercios de ellos de África, precisa el informe.

“Se trata de crisis complejas que tienen consecuencias devastadoras y duraderas”, recalca en una nota la FAO, la agencia especializada de Naciones Unidas para la lucha contra el hambre.

El informe, de más de 200 páginas, calcula que unos  tres millones de latinoamericanos padecen inseguridad alimentaria, la mayoría residentes en países como Haití, Honduras, Nicaragua, El Salvador y algunas regiones de Venezuela.

Los niños y las mujeres son los más afectados por la falta de alimentos y es necesario “encontrar soluciones permanentes para revertir la tendencia”, reconoce la FAO, cuya sede central se encuentra en Roma.

Soldados yemeníes participan en un entrenamiento militar organizada por la coalición militar liderada por Arabia Saudita en Marib, Yemen. (EFE).

El director general de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graziano da Silva, explicó en una conferencia que “dos de cada tres personas con hambre proceden de países que viven crisis prolongadas”.

Asistencia urgente

Las peores crisis alimentarias de 2017 se localizaron en el noreste de Nigeria, Somalia, el Yemen y Sudán del Sur, donde había 32 millones de personas que necesitaban asistencia urgente, el 16 por ciento más que un año antes.

La hambruna declarada en febrero de ese año en Sudán del Sur se pudo contener con la ayuda de emergencia, aunque los cuatro países continúan en una situación muy delicada.
Da Silva apuntó que con la información disponible es posible evitar ese tipo de tragedias e instó a mantener los medios de vida en esos países para que la ayuda sea “más eficiente y menos costosa”.

Varias mujeres somalíes llevan tambos con agua de un pozo en el campamento de desplazados internos de Tawakal en las afueras de Mogadiscio, Somalia(AFP).

Según el informe, los conflictos fueron la principal causa de inseguridad alimentaria en 18 países, 15 de ellos en África y Oriente Medio, lo que afectó a 74 millones de personas, el 60 por ciento del total de casos agudos de hambre.
La inseguridad se ha intensificado en países como el Yemen, Nigeria, la República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Somalia y Birmania.

Los desastres naturales, en especial la sequía, causaron graves problemas de alimentación a 39 millones de personas en 23 países, entre los que destacan Etiopía, Malaui, Zimbabue y Bangladés como los más afectados.
En todo el mundo se estima que en el 2016 había 815 millones de personas que pasaban hambre, aunque el estudio presentado hoy solo se centra en aquellos casos más severos de crisis utilizando una escala de cinco niveles.

Para el  2018 se espera que los conflictos sigan influyendo en las crisis alimentarias de Afganistán, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, el noreste de Nigeria, el lago Chad, Sudán del Sur, Siria, Libia, Mali, Níger y el Yemen, este último con unos 17 millones de personas en situación de hambre.
El director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA), David Beasley, insistió en que no se podrá erradicar el hambre si no se acaban las guerras y la violencia en general.
Pidió a los donantes aumentar los fondos y darles flexibilidad en el diseño de los programas para cada situación.
“Si las familias tienen comida para sus hijos, no estarán expuestos al reclutamiento (de grupos extremistas) y veremos los alimentos como un arma de paz y reconciliación”, aseguró.

Varias personas se reúne cerca de los vehículos dañados por la explosión de un carrobomba afuera del hotel Weheliye en Mogadiscio, Somalia. (AFP).

El comisario europeo de Cooperación Internacional, Neven Mimica, coincidió en que “los diferentes contextos necesitan diferentes respuestas” y animó al sector privado a cubrir la falta de financiación de la ayuda, que también debe promover la resiliencia y atajar los problemas de raíz.
En los cuatro países más afectados, siguen sin financiarse el 29 por ciento de los fondos requeridos, que en el 2017 ascendieron a más US$6 mil 500 millones, más del doble de los 2 mil 900 millones del 2013. 

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