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Los efectos del alza de las tasas de interés en todo el mundo no detendrán a la Reserva Federal

La Reserva Federal ha emprendido una campaña agresiva de alza de las tasas de interés; con esta medida, que el banco central considera necesaria para restaurar la estabilidad de precios en Estados Unidos, busca controlar la subida de la inflación más rápida en décadas.

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El problema es que las acciones de la Reserva Federal en casa reverberan por todo el mundo, y las medidas que ha aplicado no solo agravan el riesgo de una recesión global, sino que causan dificultades económicas y financieras en muchos países en desarrollo.

Otros bancos centrales de economías avanzadas, desde Australia hasta la eurozona, también procedieron a elevar sus tasas con rapidez para intentar combatir la inflación. Encima, como las tasas de interés más altas de la Reserva Federal atraen dinero hacia Estados Unidos y elevan el valor del dólar, las economías de los mercados emergentes se ven obligadas a subir los costos de sus préstamos como estrategia para estabilizar sus monedas dentro de lo posible.

Todas estas acciones se combinan en un empujón mundial para encarecer el dinero que no se había visto en el siglo XXI, y que quizá tenga ramificaciones graves.

Las tasas de interés más altas desaceleran la inflación porque desalientan la demanda de los consumidores para permitir que la oferta se empareje al mismo nivel, lo que sienta las bases para aumentos de precios más moderados. Por desgracia, en el proceso, causan reducciones en las contrataciones, menor crecimiento salarial y pérdida de empleos, efectos que algunas veces perturban los mercados financieros.

No se sabe a ciencia cierta cuán graves serán las consecuencias de las medidas actuales: son tantos los países que están aumentando sus tasas, con tanta rapidez y en tal sincronía, que es difícil determinar cuán intensa será la desaceleración cuando se afiancen por completo esos efectos. Los resultados de las políticas monetarias tardan meses, o incluso años, en reflejarse por completo.

Lo cierto es que muchos economistas y varias organizaciones internacionales han advertido sobre el riesgo de exagerar en la aplicación de estas medidas, incluso una agencia de las Naciones Unidas que advirtió que el daño podría ser más acentuado en los países más pobres. Las economías en desarrollo, que ya lidiaban con una crisis del costo de vida por la marcada alza en los precios de los alimentos y el combustible, ahora ven encarecer cada vez más sus importaciones de Estados Unidos a medida que asciende el valor del dólar.

Las medidas de la Reserva Federal han provocado volatilidad en el mercado e inquietudes en cuanto a la estabilidad financiera, ya que las tasas más altas hacen que aumente el valor del dólar estadounidense, lo que les complica a los países de mercados emergentes pagar los préstamos que han obtenido en dólares.

Es la receta perfecta para un sobresalto global, o incluso una recesión. A pesar de esto, la Reserva Federal se mantiene firme en su intención de seguir elevando las tasas de interés. Es así porque la responsabilidad de la Reserva Federal, al igual que los demás bancos centrales del mundo, es alcanzar metas económicas nacionales: se supone que debe mantener la inflación baja y estable, además de propiciar el máximo empleo. Aunque en ocasiones se hace referencia a esta institución como “el banco central del mundo” debido a la prominente posición del dólar, para tomar sus decisiones diarias la Reserva Federal solo considera las condiciones en Estados Unidos.

“Por supuesto, soy un ser humano, así que me preocupa que otros países sufran; pero en cuanto a mi responsabilidad de tomar decisiones sobre política pública, tengo solo una herramienta”, indicó Mary C. Daly, presidenta del Banco de la Reserva Federal de San Francisco, en una entrevista realizada el 4 de octubre. “Es una herramienta con poca finura, incluso para las metas estadounidenses de empleo total y estabilidad de precios”.

Se espera que la amenaza que enfrenta la economía global, incluido el papel de la Reserva Federal en ella, domine la conversación la semana entrante durante las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que congregarán a economistas y funcionarios gubernamentales en Washington.

En un discurso en la Universidad de Georgetown el 6 de octubre, Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, delineó un panorama sombrío de la economía mundial y la cuerda floja sobre la que caminan los bancos centrales.

“Si no actuamos con suficiente agresión, la inflación podría desanclarse y volverse permanente, y entonces serían necesarias tasas de interés mucho más altas y sostenidas, que dañarían muchísimo al crecimiento y a las personas”, explicó Georgieva. “Por otra parte, si actuamos con demasiada agresión y demasiado rápido, con medidas sincronizadas en muchos países, muchas economías podrían verse arrastradas a una recesión prolongada”.

Después de hacer notar que la inflación sigue muy alta y con un amplio alcance, añadió: “Los bancos centrales deben seguir respondiendo”.

El Banco Mundial advirtió el mes pasado que alzas simultáneas en las tasas de interés en todo el mundo podrían disparar una recesión global el año próximo y causar crisis financieras en las economías en desarrollo. Instó a los bancos centrales de las economías avanzadas a tomar en cuenta los “efectos secundarios” transfronterizos.

Hasta ahora, los principales bancos centrales han mostrado poco interés en ponerle un alto a su campaña contra la inflación. La Reserva Federal, que ha aplicado cinco aumentos en las tasas de interés este año, ha dado señales de que planea elevar todavía más el costo de los préstamos. La mayoría de los funcionarios esperan elevar las tasas por lo menos otros 1,25 puntos porcentuales este año, lo que las colocaría en un rango entre el 4,25 y el 4,5 por ciento, mientras que ahora se encuentran entre el 3 y el 3,25 por ciento.

Incluso las economías que sufren una desaceleración económica pronunciada han elevado el costo de los préstamos. El Banco Central Europeo aumentó las tasas tres cuartos de punto el mes pasado, aunque el continente ve venir un invierno oscuro de menor crecimiento y abrumadores costos energéticos.

Los encargados de la política monetaria en todo el mundo sienten una necesidad urgente de domar la inflación porque ha aumentado a un ritmo inusual durante año y medio. Con tal permanencia, podría afectar la conducta de los consumidores y las empresas de tal forma que se convierta en una parte insidiosa de la vida diaria. Por ejemplo, los empleados podrían negociar ajustes regulares con base en el costo de vida, y las empresas podrían elevar sus precios con frecuencia para transferirles los costos más elevados a otros actores.

Para evitar que se arraigue una mentalidad inflacionaria, los bancos centrales creen que necesitan combatir la inflación lo más rápido posible. En otras palabras, necesitan aumentar las tasas, mucho y muy rápido.

Aunque la meta es obvia, el camino para lograrla podría ser traumático, en especial para las naciones más pobres.

La inflación es alta en gran parte del mundo: el 88 por ciento de los países de bajos ingresos, el 91 por ciento de los países de ingreso mediano bajo y el 93 por ciento de los países de ingreso mediano alto han observado una inflación de más del 5 por ciento en meses recientes, según el Banco Mundial. El costo de los alimentos, en particular, ha sumido a millones más en la pobreza extrema, además de exacerbar el hambre y la desnutrición. Ahora que la subida del dólar encarece varias importaciones para los mercados emergentes, esa situación podría empeorar, justo cuando aumenta la posibilidad de una turbulencia financiera.

“Los países en desarrollo de bajos ingresos en particular enfrentan riesgos serios de inseguridad alimentaria y sobreendeudamiento”, comentó Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la Organización Mundial del Comercio, durante una conferencia de prensa esta semana.

En África, los funcionarios han instado al FMI y a las naciones ricas y en desarrollo más importantes a que ofrezcan más ayuda de emergencia y alivio de la deuda en esta época de inflación y alza de las tasas de interés.

“Esta conmoción sin precedentes desestabiliza todavía más a las economías más débiles y hace más apremiante su necesidad de liquidez, para mitigar los efectos de la inflación generalizada y apoyar a los hogares y estratos sociales más vulnerables, en especial a los jóvenes y las mujeres”, aseveró Macky Sall, quien preside la Unión Africana, frente a los líderes presentes en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre.

Sin embargo, muchos funcionarios encargados de la economía global, incluidos los de la Reserva Federal, siguen con la mirada clavada en la inflación muy alta. Los inversionistas esperan que apliquen otro aumento muy marcado a las tasas de interés cuando se reúnan los días 1 y 2 de noviembre.

“Estamos muy atentos” a los efectos secundarios internacionales, tanto en los mercados emergentes como en las economías avanzadas, indicó Lisa D. Cook, integrante de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, durante una sesión de preguntas y respuestas el 6 de octubre. “No obstante, nuestra encomienda es de índole nacional. Así que estamos muy concentrados en la evolución de la inflación en este país”.