Internacional

¿Qué pasa cuando las personas que tienen mascotas enferman de coronavirus?

España lidia con preguntas morales y prácticas sobre el cuidado de los animales cuando sus dueños enferman de coronavirus.

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Ariel Framis con Augustus, cuyo dueño fue víctima del coronavirus y ha estado en el hospital desde principios de abril, en Madrid. (Foto Prensa Libre: The New York Times)

Ariel Framis con Augustus, cuyo dueño fue víctima del coronavirus y ha estado en el hospital desde principios de abril, en Madrid. (Foto Prensa Libre: The New York Times)

MADRID — El coronavirus ataca. El paciente, que está en casa y en algunos casos solo, enferma gravemente. Por fin, la ambulancia llega para llevarse al enfermo.

Después, un segundo equipo enfundado en trajes de protección contra sustancias peligrosas ingresa para rescatar a un miembro del hogar que ha quedado abandonado en el caos y de pronto necesita que alguien más lo cuide: la mascota del paciente.

Los equipos, del albergue para animales de Madrid llamado El Refugio, colocan a las mascotas en hogares temporales para que alguien los cuide durante el tiempo que se mantenga la estricta cuarentena impuesta en España y persista el estado de confusión.

Miles de animales han quedado abandonados en España a causa de uno de los brotes de coronavirus más extendidos y mortíferos del mundo, situación que se repite por todo el mundo, desde Wuhan, China, donde se originó la pandemia, hasta Israel e India. Por otra parte, se han recibido muchas más solicitudes para adoptar perros y gatos durante el cierre de emergencia.

“La buena noticia es que el número de personas que se han ofrecido a cuidar mascotas supera al de animales que hemos tenido que rescatar”, comentó Nacho Paunero, presidente de El Refugio.

Sin embargo, la intensidad del brote que sufre el país ha dado pie a algunos cuestionamientos de índole ética y práctica entre los trabajadores dedicados a la protección de los animales. Les preocupa que tanta urgencia por adoptar mascotas no sea por el bien de los animales, por lo que, en algunos casos, han comenzado a establecer límites.

Los administradores de refugios ponen en duda el compromiso de los dueños adoptivos de conservar a sus nuevas mascotas, pues se preguntan si las abandonarán en cuanto concluya la emergencia. Puesto que salir a pasear al perro es una de las contadas actividades permitidas en el exterior ahora que se aplican medidas tan estrictas de confinamiento en España, a los encargados de albergues para animales les preocupa que ese haya sido el motivo del aumento en las solicitudes de adopción.

Desde el 14 de marzo, los 47 millones de residentes de ese país han estado sometidos a controles estrictos, monitoreados muy de cerca debido a que casi toda la población, incluso los niños, tiene prohibido salir a caminar a la calle.

“Si alguien está desesperado por adoptar, me parece una muy mala señal, en particular porque es evidente que algunas personas solo quieren adoptar con tal de tener un pretexto para salir a la calle, y eso significa que podrían regresarnos a esos animales o incluso abandonarlos”, explicó Javier Rodellar, presidente de la asociación de protección animal Anerpa.

Rodellar indicó que su grupo dejó de aprobar adopciones e incluso limitó las adopciones temporales a su círculo de voluntarios y simpatizantes cuando se estableció el cierre de actividades en España a mediados de marzo. Desde entonces, ha rechazado por lo menos cincuenta solicitudes de adopción.

Anerpa se encarga de todos sus animales por ahora, señaló Rodellar, una decisión que ha puesto bajo considerable presión sus finanzas. Reconoció que las asociaciones españolas dedicadas a proteger a los animales tienen posturas encontradas en este tema, pues algunas piensan que, para la mascota, tener a alguien que la cuide es mejor que no tener a nadie.

Luz Vaillo, quien dirige un refugio en Salamanca, dijo que espera que le regresen a varios de los siete perros adoptados el día anterior a que entrara en vigor el cierre en España, pero cree que los tratarán bien entretanto.

“Es imposible saber cuáles son los motivos reales de cada persona, así que lo único que nos queda es esperar que nadie abandone a un perro de nuevo en cuanto se levanten las restricciones al movimiento”, aseveró Vaillo.

El Refugio solo está asignando hogares temporales por el momento.

“Es diferente una adopción, que es para siempre, a tener que encontrar una solución temporal por una emergencia”, afirmó Paunero, de El Refugio.

En algunos casos, los dueños de mascotas enferman con una asombrosa rapidez.

“En los casos más dramáticos, por desgracia hemos tenido que recoger a una mascota de un apartamento justo después de que los servicios de emergencias habían retirado el cadáver de su dueño”, dijo Paunero.

Para las mascotas, esa situación dispara una serie de acontecimientos por lo regular improvisados.

Si bien El Refugio realiza operaciones de rescate en Madrid, el destino de otras mascotas en España depende de iniciativas individuales, como un vecino que empieza a preguntar si alguien puede ayudar o un trabajador de emergencias que intenta localizar a algún pariente. En general, si existe la posibilidad de que el dueño se recupere, las medidas son temporales.

Para Antonio Viñas, de 46 años, quien fue hospitalizado en Madrid, “todo ocurrió demasiado rápido” para que pudiera planear qué hacer con su perro, Augustus, un spitz alemán blanco con hocico color crema. Se hicieron arreglos informales para que Augustus se quedara en una casa cercana, que es lo que se ha hecho en muchos casos de emergencia en España.

Los vecinos, Ariel Framis, de 15 años, y su madre Alicia, nunca habían visto a Viñas, pero aceptaron recibir a Augustus después de que un amigo les dijo que un perro de su vecindario necesitaba con urgencia un hogar.

Ahora, Ariel y su madre le envían reportes diarios a Viñas, e incluyen fotos e historias de Augustus. “Se nota que le dan cierta alegría ahora que está en esa cama de hospital”, comentó la dueña adoptiva.

A Ariel también le ha servido ofrecerse a cuidar a Augustus.

“Siempre habíamos querido tener un perro, pero no nos parecía posible porque vivimos en un apartamento, mi mamá trabaja y yo, cuando no estoy en la escuela, estoy entrenando baloncesto”, explicó Ariel. “Pero ahora que estoy encerrado en casa, de verdad disfruto jugar con Augustus”.

Viñas está agradecido de que cuiden a Augustus, pero ansía estar de nuevo con él.

Viñas, que fue hospitalizado a principios de abril, espera que lo den de alta en dos o tres semanas. Cuando esté de nuevo en buenas condiciones y se levante el cierre de actividades en España, dijo que planea llevar a Augustus a una larga caminata en las montañas, a las afueras de Madrid.

“La mejor manera de celebrar mi recuperación”, dijo Viñas, “será llevar a Augustus a la sierra”.

James Gorman colaboró con este reportaje.