Presunto narco Javier Rivera se entrega en honduras a EE. UU.

Javier Eriberto Rivera Maradiaga, alias “Javier Cachiro”, presunto líder del Cartel Los Cachiros, en Honduras, está bajo custodia de Estados Unidos, cita un reporte de la revista especializada en temas del narcotráfico, insightcrime.

HONDURAS. – “Javier Cachiro”, al parecer se entregó a las autoridades en la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa a comienzos de la semana anterior. A raíz de los informes, una fuente del gobierno estadounidense le confirmó a InSight Crime que Rivera Maradiaga estaba bajo custodia en Estados Unidos.

El 26 de enero, Rivera Maradiaga compareció ante la corte del Distrito Sur de Florida, donde se declaró no culpable de los cargos de narcotráfico. En diciembre de 2013, la corte de Florida había acusado a Rivera Maradiaga de distribuir, entre 2008 y 2013, una sustancia controlada clasificada en la Lista II —incluyendo por lo menos cinco kilogramos de una sustancia que contenía cocaína—, que Maradiaga Rivera sabía que se pretendía ingresar ilegalmente a Estados Unidos. La acusación contra Rivera Maradiaga fue abierta tras su reciente arresto.

En septiembre de 2013, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ubicó a Rivera Maradiaga, junto a su hermano Devis Leonel Rivera Maradiaga, como líderes del grupo Los Cachiros. Posteriormente, las autoridades hondureñas incautaron entre US$500 y 800 millones en propiedades pertenecientes a Los Cachiros.

Ubicados en el departamento de Colón, Los Cachiros, tienen un patrimonio neto cercano a los mil millones de dólares, presuntamente compran cocaína a grupos narcotraficantes colombianos para luego venderla a grupos mexicanos, como el Cartel de Sinaloa.

Los Cachiros comenzaron como un pequeño grupo de ladrones de ganado. Operando a lo largo del Olancho –frontera de Colón, los hermanos Rivera Maradiaga, al parecer con la bendición de su padre, empezaron a robar y a revender ganado. Sus propias propiedades se expandieron con el tiempo y, en un momento a finales de los años noventa y principios de 2000, se unieron con la figura más importante del hampa de la zona, Jorge Aníbal Echeverría Ramos, alias “El Coque”.

El Coque estaba bien posicionado, tanto económica como políticamente. Salió con una de las hijas del entonces congresista Ramón Lobo, Margarita. Su grupo era muy cerrado en una ciudad pequeña. El más viejo de los Rivera Maradiaga, Javier, salió con la hermana de Coque. Por su parte, Lobo posee varios terrenos en la región, aunque nadie lo ha vinculado formalmente con actividades criminales.

En algún momento, Coque y la familia Rivera Maradiaga tuvieron una disputa que resultó sangrienta. El primer intento de asesinato contra Coque ocurrió en San Pedro Sula. Él sobrevivió.

El segundo intento tuvo lugar en Costa Rica. Una vez más, él sobrevivió, pero fue posteriormente deportado a Honduras y encarcelado. Tres días después de haber sido encarcelado, fue asesinado.

Con Coque fuera del camino, los Cachiros quedaron a cargo. Javier dirigió la operación. Comenzaron a manejar envíos regulares, desde Gracias a Dios hasta el occidente de Honduras o Guatemala, donde entregarían la mercancía a los compradores mexicanos o a sus homólogos guatemaltecos.

El momento era propicio. Los mexicanos se estaban apoderando de la cadena de distribución, canalizando su producto a través del istmo. Honduras estaba pasando por una agitación política. En 2009, el presidente Manuel Zelaya fue removido del poder por los militares y expulsado del país. El gobierno provisional que se instauró pasó la mayor parte de su tiempo lidiando con la agitación política que resultó de este hecho. Las drogas fluyeron libremente, y Honduras se convirtió en un importante puente entre las organizaciones narcotraficantes colombianas y mexicanas.

Los Cachiros aprovecharon, cobrando entre 2 mil y 2 mil 500 dólares por cada kilo que movían. Las ganancias han sido enormes, como lo ilustran las incautaciones realizadas por el gobierno de Honduras en 2013.

Modus operandi

Los Cachiros son conocidos como una organización cerrada, manejada por una misma familia, que contrata la mayor parte de su trabajo a los lugareños, a quienes le deben poca lealtad y con los que tienen poco contacto; esto minimiza su riesgo si una célula individual se viera comprometida.

Los contratistas reciben y mueven el producto desde la Costa de Mosquito a través de Gracias a Dios y Colón, donde se divide en envíos cada vez más pequeños, a medida que sigue su camino a través del país.

El grupo también utiliza pandillas para transportar algunas drogas, repartiéndolas y poniéndolas en mochilas, que luego serán transportadas en motocicletas, ya que pueden evitar más fácilmente los controles militares mediante el uso de carreteras secundarias.

*Con información de insightcrime