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Sin radio ni GPS y manejado con un control de videojuegos: Por qué la expedición hacia el Titanic es como “conducir borracho por el océano”

Equipos de rescate centran la búsqueda del sumergible desaparecido con cinco personas a bordo cerca de los restos del Titanic, en una carrera contrarreloj ya que el oxígeno de la nave se está agotando.

Titán

Los equipos de rescate ampliaron su búsqueda del Titán, el submarino perdido de la expedición del Titanic. (Foto Prensa Libre: AFP PHOTO/OceanGate Expeditions)

Titán, el sumergible que transportaba a cinco pasajeros a la zona del naufragio del Titanic en el Atlántico Norte, lleva desaparecido desde el domingo 18 de junio. Subir a bordo de esta nave implica aceptar ciertas incomodidades a lo largo de las aproximadamente diez horas que debería haber durado el viaje.

El tamaño del interior del sumergible de la empresa OceanGate se parece al de una “minifurgoneta”, contó en su podcast Mike Reiss, un escritor y productor que trabajó en Los Simpson y emprendió este mismo viaje en el 2022.

En cada inmersión, los cinco tripulantes -el piloto y los cuatro pasajeros- son obligados a descalzarse y sentarse con las piernas cruzadas en el mismo suelo, ya que no hay asientos, para caber en el cilindro de 670 centímetros de largo.

Dentro de la nave solo hay una ventanilla para poder ver el exterior “por turnos”, explicó a la radio pública estadounidense NPR el periodista del canal CBS David Pogue, quien también fue pasajero del Titán en noviembre último.

Aun así, también se puede ver lo que hay alrededor a través de unas pantallas que conectan con cámaras en la superficie del aparato.

Asimismo, el Titán cuenta con una cortinilla negra que separa la letrina del espacio donde se sientan los tripulantes: El váter es una pequeña caja negra, tal y como se observa en uno de los videos donde el consejero delegado de OceanGate, Stockton Rush, explica el funcionamiento del sumergible.

Rush viaja como piloto del artefacto y es una de las cinco personas que se encuentra actualmente a bordo de él.

Reiss recuerda que antes del viaje -que puede costar hasta US$250 mil- los pasajeros tienen que firmar un “largo documento de renuncia que menciona la posibilidad de muerte tres veces en la primera página”.

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Por otro lado, también habla de que en el aparato suele haber sándwiches y agua disponibles para los viajeros. Sin embargo, Reiss afirma que muchos de los visitantes le han dicho que no comen durante el trayecto por la emoción, por lo que nunca usan el “retrete”.

Por su parte, Pogue observó que muchas de las piezas del sumergible “parecían improvisadas”. Sin ir más lejos, la nave está controlada por un mando de videojuego, cuyo diseño se asemeja a uno de los característicos controles de Xbox o PlayStation. El mismo consejero delegado de OceanGate detalla en un video que tienen dos controles de repuesto, “por si acaso”.

Reiss describió la travesía como “un vehículo que conduces borracho por el océano”.

Sin radio y sin GPS, los tripulantes cuentan con 96 horas de oxígeno. Este miércoles 21 de junio, al sumergible solo le quedan entre 14 y 16 horas de oxígeno tras su desaparición el domingo 18, por lo que los equipos de rescate trabajan contra reloj y los viajeros tienen “raciones limitadas” de comida.

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Por si fuera poco, si el sumergible permanece mucho tiempo en el fondo del mar, los tripulantes se enfrentan a temperaturas muy bajas con un frío apenas superior al punto de congelación y con posibilidad de desarrollar hipotermia.

Pogue apuntó que en el viaje “estás por tu cuenta” y solo hay una vía de salida: “No hay refuerzos, no hay vía de escape, es llegar a la superficie o morir”.