El diputado diabólico

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

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Juan Carlos Lemus
Juan Carlos Lemus

Es dinamita gratis, porque luego de tan estúpida declaración logró poner la discusión en radio, prensa, televisión y redes. Puede que, como consecuencia, muchos tomen una decisión favorable para ese partido durante el instante crítico de la votación.

Tal instante se da cuando el votante se encuentra a solas entre el biombo, ante   la papeleta y con el marcador en la mano. En un segundo, como si fuera una lotería de feria, muchos indecisos proceden a ejercer conciencia sorteando al tin marín de do pingüé. Es posible que tan azaroso instante sea sustituido por un recordatorio divino, según el cual, sería mejor vivir bajo los preceptos bíblicos que continuar como estamos. No tomará en cuenta que el violador es creyente. El ladrón es creyente. El político, el asesino, el pandillero, los racistas son creyentes. La lectura de la Biblia no garantiza nada. Los verdaderos cristianos saben que el diablo la conoce mejor.

Posteriormente a que el diputado Marvin Osorio expresara su propuesta, hubo reacciones como estas en los medios: “Guatemala necesita de Dios”; “los jóvenes se meten a las maras porque no tienen temor de Dios”; “la Palabra es la única solución”. Podemos imaginar al diputado Osorio mientras escucha tales reacciones; podemos visualizarlo diabólico, carcajeando y rascándose los genitales. Rojo él y roja su bebida. Sabe que provocó una expectativa. O una culpa.  Sabe que los indecisos dirán: “Probemos con estos, en vez de seguir con la maldición que ya tenemos”, “es mejor que nuestros hijos se dobleguen ante la Palabra”.

Así como hay cortinas de humo para distraer al pueblo, hay velos de fantasía provocadores de sueños. La cortina de humo provoca una asfixia mayor a la que se oculta, en tanto que el velo de fantasía pone babydoll a una monstruosidad. El anuncio es tan mañoso que logró meternos al tema de la laicidad del Estado, y nos hemos visto obligados a ello porque así como fue un buen truco, en países como el nuestro fácilmente se hace ley.

Otro velo de fantasía fue propagado, también, cuando al inicio  de su período Otto Pérez ofreció la despenalización de las drogas. Sabía que no lo conseguiría porque no tiene la autorización de Washington, pero comprendió que su “intención” generaría simpatía entre los consumidores, generalmente críticos de los gobiernos. Sin que importara la filiación política —en algunos casos opuesta—  diletantes de uno u otro bando, los que apedrean gobiernos y quienes los manejan se ligaron en la idea de un mundo alucinante, próximo a libertades como las de Holanda, donde se consume con la venia del Estado. El debate se prolongó por meses, por años, y reaparece de cuando en cuando. Aunque ya no tiene fuerza, aún relaja los ánimos.  

La fórmula es sencilla: ofrecer cualquier cosa que seduzca y así ganar voluntades. Ese “cualquier cosa” puede ser marihuana, mano dura, lectura bíblica; lo que abunde.

@juanlemus9