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Caudal electoral y caudal político

Mario Antonio Sandoval

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UNA VEZ PASADA LA EMOCIÓN de las sorpresas o comprobaciones relacionadas con las elecciones, comienza una especie de calma provocada por la actitud ciudadana característica de los guatemaltecos: hubo interés en elegir al presidente, quien es inconscientemente visto por la generalidad de personas como una especie de brujo, con todo y varita mágica capaz y dispuesto a arreglar de un plumazo la totalidad de los problemas del país. Apenas hace cinco días Jimmy Morales celebraba su elección y comenzaba su ardua tarea de ver cómo consigue a suficientes personas capaces, honestas y dispuestas a ayudarlo a jalar una carreta muy pesada. En estos pocos días comienzan a ser conocidos conceptos complicados pero muy reales.

EL CAUDAL POLÍTICO PUEDE derivarse del exitoso llamamiento a personas idóneas para ejercer los cargos, característica fundamental. Obviamente la parte personal de quienes desean aceptar o se ofrecen a trabajar por el país. No deben ser sobredimensionados temas como el estado civil, la filiación religiosa, el lugar de nacimiento, la relación de amistad con el mandatario. Las creencias religiosas pertenecen a uno de los ámbitos más profundos del ser humano, y no encajan en el campo de la razón, sino de la emoción. Así debe ser. Pero no por ello es válido considerar buenas personas solo a quienes profesan una fe, porque a causa de las cualidades humanas, no es posible ni se debe intentar reducir a la bondad con la asistencia a determinado templo.

UN POLÍTICO LLEGADO AL poder con una base poca, como es el caso actual (una cuarte parte de los ciudadanos empadronados), necesita ampliar la posibilidad de un aumento de quienes votaron por él, y también de quienes por cualquier razón no lo hicieron. Por eso, aunque sea presidente electo y no tiene aún la calidad de representar la unidad nacional, debe abstenerse a asistir, mucho menos presidir, reuniones religiosas dentro y especialmente fuera del país. Ofenderá —con causa— a quienes no comulgan con esas ideas. Tampoco debe olvidar: cualquier acción de él entra en la categoría de política, con excepciones como la de ir a la clausura colegial de un hijo.

EL CAUDAL ELECTORAL DURA para el momento de la elección. El político puede comenzar a afianzarse desde el momento de esta, porque depende en mucho del cumplimiento de las promesas de campaña. De ocurrir esto, puede entrar a ocupar un mayor lugar en el escenario político la prensa, especialmente la de opinión, cuyo papel no es colaborar, ni ayudar, o —como el presidente electo Morales parece estar convencido— prácticamente cogobernar. Al respecto debe señalarse a la libertad de expresión del pensamiento y a quienes la practican como un ejemplo claro de personas sin caudal electoral pero con caudal de capacidad de influencia política. Además, de ser asesores gratuitos y señaladores de yerros muchas veces no notados.

EN EL CASO DEL ACTUAL presidente, su caudal popular es consecuencia de actividades de manera alguna relacionadas con la política, ni siquiera considera esta en su significado griego de trabajar por una comunidad. En todo caso, la divertía. Para obtener caudal político debe, por ejemplo, mandar al cielo a Black Pitaya, a Neto, y a sus películas. Pertenecen a otra etapa, no a quien pronto va a ejercer la presidencia. Ahora no es actor, sino presidente, y por ello necesita cuidar de sus ademanes, gestos y movimientos corporales propios de las tablas teatrales, pero no de la oficina del segundo piso del Palacio. Finalmente, he visto numerosos artículos de prensa en los cuales hay advertencias, como una prueba de ayuda a forjar otra forma de ejercer el mando político.