Bien público

A construir la casa

Jonathan Menkos Zeissigjmenkos@gmail.com

Desde que conocí el hermoso poema La que ansío, de Julio Fausto Aguilera (1928-2018), sus palabras me abrazan y me entusiasman, principalmente estas: «La Patria, les decía, es una casa / donde vivimos todos como hermanos. / Es una hermosa casa, mis amigos, / que todos afanosos levantamos». No podría iniciar mi despedida de este espacio sin recordarlas, porque todas las columnas de opinión que he tenido el honor de publicar en Prensa Libre, y que han sido fruto de horas de meditación, de búsqueda de datos y de análisis, han tenido como objetivo abonar a la discusión de esta casa, la que llamamos Guatemala, y a la que le falta tanto reforzar los cimientos de la democracia, la igualdad y el desarrollo.

Escribir en este espacio ha sido un verdadero privilegio y una gran responsabilidad; de ahí que en estas más de cien columnas publicadas (103, para ser exactos) procuré fomentar el diálogo sobre la promoción, protección y garantía de derechos humanos, sobre lo poco que invertimos en las niñas, niños y adolescentes y lo mucho que nos falta darle más liderazgo a los jóvenes; sobre la desnutrición crónica que padecen más de novecientos mil niños menores de cinco años y la pobreza que esclaviza al sesenta por ciento de los guatemaltecos, fenómenos que laceran cualquier intento de construir identidad nacional y certidumbre. También expresé mi pasión por los libros, que son uno de los tesoros más grandes de la civilización. Analicé en este espacio los presupuestos públicos y las iniciativas de ley y medidas que impiden al Estado aumentar sus recursos financieros y cumplir con su obligación. También critiqué, tras evaluaciones concienzudas, la mala gestión de los gobiernos —su corrupción y su desinterés por promover crecimiento y bienestar— y de aquellos que, aprovechando su poder económico, han convertido a la administración púbica en su mayordomo particular. Invité en muchas ocasiones a salir a la calle y manifestar pacíficamente en favor de la democracia y en contra de la corrupción y de aquellos que la defienden.

Yo escribo columnas de opinión confiando en que se puede contribuir a debatir y tomar postura con base en información veraz. En este tiempo, muchas personas me escribieron a mi correo para continuar la conversación: algunas a favor de mi postura y otras muy contrarias a mi pensar. A todas las personas les respondí con agradecimiento y mucho respeto porque el gusto de este oficio, el de opinar, estriba en la posibilidad de disentir y a la vez de ponerse en los zapatos de la otra persona. Me alegró muchísimo el cajero del supermercado que tras estrechar mi mano me dijo que leía la columna y le gustaba, principalmente una que trató sobre la solidaridad (Salvar a un zanate); y me impresionó mucho una mujer que se me acercó furiosa, un sábado mientras caminaba con mi familia, para decirme que no estaba de acuerdo con nada de lo que yo escribía. Pensé que me confundía con mis vecinos de columna, pero no: dijo que, en particular, le enojaba que yo quisiera que se pagaran más impuestos cuando todo se lo roban. La tranquilicé al platicarle sobre lo que sí se hace con nuestros impuestos y sobre la obligación del Estado de castigar al evasor, al contrabandista y al corrupto.

Agradezco profundamente a Prensa Libre por haberme invitado a este espacio de reflexión y por garantizar siempre el derecho a la libre expresión. Han sido muy atentos conmigo. A usted, le invito a que sigamos la conversación en https://jonathanmenkos.org/. Ahora me he decidido a caminar para intentar construir la casa, esa con la que soñamos todos.