La buena noticia

Abrir puertas y superar miedos

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

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La página del Evangelio para el segundo domingo de Pascua es una llamada a abrir puertas y superar miedos. Los discípulos viven con las puertas atracadas, expresión de su desamparo en medio de un ambiente hostil, y están con miedo, signo de la inseguridad que sufren. Esta situación es reflejo de que aún no han tenido la experiencia de Jesús vivo que libera y transforma. Esa experiencia, como buena noticia para todos, incluso de quienes se resisten como Tomás, es la que se narra este domingo. Jesús resucitado se hace presente en medio, esto es en el centro de aquella comunidad discipular, porque él es fuente de vida, punto de referencia y factor de unidad para enfrentar el ambiente hostil y los miedos que les empujan a vivir a puertas cerradas. La experiencia histórica-mística-existencial de encuentro con el resucitado los abre a la realidad de la Paz, como don y tarea, en medio de una realidad conflictiva, violenta y deshumanizante, pero que a partir de ahora debe ser transformada en situación permanente de paz a nivel personal, comunitario y estructural.

Esta paz, como signo del reino y garantía del resucitado, se traduce en elemento fundante de la nueva creación que ha comenzado “el primer día después del sábado”. La paz que ofrece Jesús no es ajena a la realidad que él afrontó, por eso muestra las huellas de su crucifixión; ni al contexto social en que se dio, cargado de infamia, injusticia y mentira; tampoco la paz es intimismo sosegado ni conformismo alienante, sino fuerza transformadora y liberadora de cada uno y de su entorno histórico.

¡Urge! la paz en la vida de las personas y de los pueblos. Es dinamismo que empuja a salir a las “galileas” de los excluidos, a ponerse en camino para promover el encuentro con los otros. Ese fue el legado de Gerardi.

La misión más importante es construir la paz, tarea que se hace en nombre del Padre, porque ese es su proyecto para la humanidad. Ellos son enviados y alentados por su Espíritu, para que se abran caminos de perdón y reconciliación ahí donde las relaciones interpersonales se han roto y el tejido social se ha fracturado.

El país que merecemos requiere hombres y mujeres que han hecho la experiencia del resucitado y de ese encuentro personal y comunitario, surge la inspiración y la fortaleza para ser artesanos de la paz; también para que la resurrección se traduzca en “insurrección” o levantamiento que empuja a salir de los sepulcros en que estamos sumergidos por un sistema de justicia cooptado, por un Estado que no promueve el bien común y élites depredadoras de los recursos naturales y del derecho a una vida digna.

Jesús resucitado es la fuente de nuestra inspiración, alegría y esperanza para superar nuestros miedos cuando nos intimidan quienes ejercen el poder, para abrir caminos nuevos ante el criterio del “siempre se ha hecho así”, y para soñar con un país incluyente y próspero, en paz y en justicia. Llevemos al resucitado a la vida diaria: con gestos de paz en tiempos de conflicto y confrontación, con hechos de reconciliación en las relaciones rotas, con actitudes de compasión a los más empobrecidos; acciones de justicia en medio de las lacerantes desigualdades.

Hasta con movilizaciones, si fuera necesario, para denunciar el Estado cooptado por mafias que tenemos y posicionar la verdad en medio de las mentiras que difunden los medios de comunicación y las redes sociales al servicio del poder corrupto que nos rige. Abrámonos a la esperanza confiando en Jesús, que venció las estructuras de muerte, sabiendo que las mafias desde el poder “podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. (P. Neruda)