Por la libertad

Absurda prohibición de plásticos

El presidente Jimmy Morales y el ministro de Ambiente, Alfonso Alonzo, emitieron el pasado 20 de septiembre un mal y apresurado Acuerdo Gubernativo 189-2019, que prohíbe el uso y distribución de ciertos plásticos como las bolsas de un solo uso, pajillas, platos y vasos desechables, mezcladores y agitadores, y contenedores o recipientes desechables para almacenamiento y traslado de alimentos así como el poliestireno expandido —duroport— en sus diferentes presentaciones formas y diseños.

Este acuerdo da dos años a partir de la fecha de publicación para que esos productos se sustituyan por otros artículos o insumos elaborados con materias primas compostables que cumplan con la norma de la Unión Europea UNE-EN 13432. En Guatemala ya hay proveedores de materias primas que supuestamente cumplen con esta específica normativa entre todas las que existen. Este acuerdo no afecta los productos médicos o terapéuticos, así como los productos o insumos importados —no queda claro este punto, pues suena a discriminación contra los producidos en el país—, que estén sellados de fábrica con material plástico o poliestireno expandido.

El Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) podrá sancionar a quienes incumplan este acuerdo con una serie de medidas que van desde advertencias hasta suspensiones y multas que no están bien definidas aún, ya que dependerían del supuesto daño causado.

No voy a entrar a discutir el tema legal, pero si el del sentido común y las evidencias que nos indican que este acuerdo no servirá para evitar que la gente siga tirando la basura en la calle, que los tragantes sigan tapándose y que la basura siga ensuciando los ríos, lagos y mares de nuestro hermoso país.

Este acuerdo no soluciona nada en absoluto. Y antes que me descalifiquen a priori, como suele suceder con quienes no quieren escuchar buenos argumentos, les digo que estoy involucrado en la industria de empaques y envases flexibles —plástico— desde hace poco más de 30 años. Esto me ha permitido adquirir ciertos conocimientos de los plásticos en general, y puedo hablar con propiedad sobre el tema. Además, a la industria le afecta en cierto grado esta prohibición, pero no quiere decir que no se puedan usar estos materiales sustitutos. Por lo tanto, como industrial nos podemos adaptar, pero ¿es correcto? ¿es ético?

Ni es correcta ni es ética la prohibición. Hoy es el plástico, pero mañana serán las motos, la comida a la que le llaman “chatarra”, y sume usted cualquier otra cosa que se le ocurra, que es a su juicio mala, para que a alguien con poder se le antoje prohibirla. Cada prohibición nos hace menos libres. Implica que alguien sabe más y mejor que usted sobre lo que nos conviene. Por ello decide tomar la decisión por todos los habitantes de un país. Es una increíble arrogancia, falta de respeto y ética, así como una violación a nuestra libertad de escoger lo que queremos, una violación a la libertad de producir, intercambiar y consumir libre y voluntariamente lo que cada uno de nosotros considera mejor para nosotros sin coerción ni privilegios de parte de otros.

Con esta ley el problema de la basura seguirá. Es una evasión al verdadero problema del manejo de desechos sólidos —y agrego líquidos—. Al fin y al cabo, las empresas podrán hacer el producto biodegradable, pero ni es más ecológico ni evitará que la gente lo siga tirando en la calle. Pierde el consumidor que tendrá que pagar más caro por los sustitutos y serán menos ecológicos.

Si en verdad queremos resolver el tema de la basura en la calle, ríos, lagos y mares debemos entrarle de lleno al origen de este que es el pésimo manejo de desechos sólidos y líquidos.