Liberal sin neo

Abundancia de ofertas, escasez de sustancia

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Entramos en temporada de ofertas y promesas electorales, en su mayoría diseñadas para retroalimentar lo que se cree que el votante quiere escuchar. Versarán sobre los temas usuales, fomento de la inversión y creación de empleo, fortalecer el sistema educativo y la salud pública, invertir en infraestructura, combatir la delincuencia, la corrupción y fortalecer el sistema de justicia. En algunos casos, el catálogo de ofertas estará respaldado por una corta lista de acciones en la que abundarán términos como fortalecer, impulsar y dinamizar, enmarcados en estrategias, lineamientos, ejes y pilares, salpicado con palabras como competitividad, incluyente y sostenible. Habrá mención del turismo, dudo que algún candidato proponga más minería. Se sabe lo que hace falta, la gran incógnita es el “cómo”.

Se habla mucho de “políticas” de inversión y creación de empleo, cuando estas son más el resultado de un “ambiente” que de una política. La abundancia de recursos naturales o la educación no producen empleo. Lo único que produce empleo y mejoras salariales es la demanda de trabajadores y lo único que genera esta demanda es la inversión. La inversión solamente puede provenir de las ganancias y ahorros de las empresas y las personas, ya que solo pueden ser dedicados a la producción aquellos recursos que se han producido y no se han consumido. Querer más creación de empleo es querer más inversión, que requiere de más ganancias que generen los ahorros para invertir. Pero Guatemala es hostil al concepto de ganancias y, en general, a la actividad empresarial. Por encima del torpe y obstaculizador andamiaje regulatorio y fiscal, prevalece una retórica de desconfianza que ve con sospecha el éxito comercial y la riqueza; la mentalidad es que el capital explota a los trabajadores. A esto se suma la conflictividad organizada y la falta de seguridad y certeza jurídica. Cada mina detenida, hidroeléctrica destruida y finca invadida resta credibilidad, algo difícil de recuperar.

La educación es una gran aspiración en la que todos están de acuerdo, una especie de varita mágica. Es necesaria, pero no suficiente. En Guatemala ingresan al mercado laboral anualmente 180 a 200 mil personas —oferta de trabajo— y solamente se crean 20 a 40 mil empleos formales —demanda de trabajadores—. Mejoras marginales en la educación y capacitación no van a cambiar esto, no creará más fuentes de trabajo. La demanda de trabajadores guía la capacitación, no es a la inversa. La mayoría de estrategias educativas para el país consisten en “fortalecer” y “promover”, acompañadas de dedicar más recursos. Los niños aprenden que son excluidos y que la sociedad les debe, no a ser autosuficientes y productivos. Lo que se requiere es un cambio estructural que reduzca el poder y recursos de los sindicatos y funcionarios y aumente el de las comunidades, padres de familia y sus organizaciones. Optar por el vale educativo, semejante al sistema chileno o el sueco, y eliminar todos los obstáculos a la educación privada. La matriz educativa no va a mejorar con tirarle más plata, el mal sistema se la traga sin mejora de resultados.

El sistema de salud está colapsado y, como todo lo que es gratis, se agota rápidamente. El problema de salud y desnutrición es ocasionado por la pobreza, la falta de ingresos, de empleos bien remunerados. Esta es otra matriz que no va a mejorar simplemente con darle más recursos.
Continuaremos en otra ocasión. Si hay magia, está en la inversión, que no surge con las palabras promover o impulsar. No se logra con aspiraciones tibias, requiere audacia y cambios profundos.