Liberal sin neo

¿Ahora qué?

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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Si el organismo Ejecutivo presidido por el Dr. Giammattei tenía propósito y rumbo en el primer trimestre del año, lo perdió por completo, y eso es comprensible. Se vio obligado a reaccionar ante una emergencia sobre la que se sabía poco y era necesario proveer respuestas inmediatas, a sabiendas de que errores podrían tener graves consecuencias. En un proceso que corrió muy rápido y sin mayores contratiempos, se adquirió deuda nueva por cerca de Q30 mil millones para atender la emergencia, aun cuando pronto se hizo evidente que no todos esos fondos se relacionaban con la crisis de salud. La amenaza del covid-19 sigue vigente, la economía regresa poco a poco a un semblante de normalidad. Se comprende que la atención y fuerzas del Gobierno fueron distraídas por un fenómeno fuera de su control. ¿Ahora qué?

Lo que se percibe es que a medida que la economía y la sociedad vuelven a un estado de normalidad, el Gobierno lo hace también. El problema es que el estado de normalidad del Gobierno no es lo que necesita el país. La normalidad del Gobierno es pegarle duro a la piñata porque cuatro años se van rápido, reaccionar con parches a problemas del momento, ausencia de iniciativas para promover el crecimiento de la economía y el empleo y la falta de vigor para impulsar reformas impostergables. La sensación es que el Gobierno se está acomodando a las mieles del poder, a lo que se está acostumbrado a esperar de él. Los negocios en las aduanas y puertos, en el otorgamiento de plazas y en la adjudicación de obras, el ordeño del erario, continúan con normalidad.

El presidente aún está a tiempo; cuenta con el beneficio de la duda por los estragos causados por la pandemia. Ya no es suficiente reaccionar a la crisis. Sin ir tan lejos, podría desempolvar el plan de gobierno que pregonó durante la campaña electoral, el año pasado, su “Plan Nacional de Innovación y Desarrollo” (Planid), con algunas buenas ideas. Tomar la iniciativa y proveer liderazgo, hacer todo en su poder para cambiar el rumbo del país, rumbo que se vislumbra como más normalidad con acelerado endeudamiento. En el Planid usted se expresó así: “Creemos que el mejor programa social es un empleo digno y sostenible”. Dijo que su visión se fundamentaba en competitividad y prosperidad, desarrollo social, gobernabilidad, un Estado responsable, transparente y efectivo. Propuso métricas de evaluación. Daba la impresión de que tiene claro que la única ruta sostenible para el desarrollo es la inversión y la producción, que también es la base para el crecimiento de los ingresos fiscales.

Planes hay. Rescate los mejores elementos de su plan de gobierno y del plan que presentó su propio Mineco en septiembre. Comprométase con el plan “Guatemala no se detiene” que propuso Fundesa hace poco. Ignore los malos consejos de los organismos multilaterales y los batallones de ONG que quieren resolver todos los problemas nacionales con gasto público y endeudamiento. Enfóquese en lo que necesita el país para atraer inversión extranjera y promover la doméstica. Lo que se necesita hacer es difícil, pero no es un gran misterio. Los principales problemas del país no son el racismo y la identidad de género, sino la producción y el empleo. Impulse una reforma profunda del sistema educativo, quítele el control a los sindicatos y déselo a los padres de familia y comunidades. Sobran ejemplos en el mundo, con vale educativo y escuelas autónomas. Hay tanto por hacer.

Aún está a tiempo. No sea un Portillo, Colom o Pérez Molina más; inspírese en los mejores ejemplos. Estas palabras son ofrecidas con buena fe.