Pluma invitada

Al margen de la verdad

José Miguel Argueta jomiarbo@gmail.com

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Argumentar ante los demás nuestras razones sin escuchar las de ellos es colocarnos al margen de la verdad. Nos sucede frecuentemente debido a nuestra idiosincrasia individualista.

En estos días he visto en los medios de comunicación que como verdad se identifica escupir en la cara del otro aquellas cosas que a juicio del imperativo categórico todas las personas deberían hacer.

No integrarnos como nación ha contribuido a que los buitres carroñeros coman la carne y coloquen a esta bella República en una actitud cadavérica a los ojos de aquellos que en su fuero interno tienen muchísimas y más complejas aberraciones psicópatas sobre el poder y su ejercicio.

Lastimamos donde duele al otro porque sabemos que devolverán el agravio y de esa forma se avanza en una actitud revanchista que destruye poco a poco todo lo bueno, lo útil y fundamentalmente lo valioso.

Sin embargo, hay cosas elementales que deben considerarse de que no necesita asesores, críticos o medios de prensa. No requiere de la tecnología ni del dinero de los grandes inversionistas clientelistas de mercado.

Lo que mis paisanos y yo necesitamos es que como en cualquier acción ambos estemos de acuerdo y se produzca la transacción.

Negar o no la inscripción, facultar o intervenir en las decisiones judiciales más allá de evidenciarlas me parece violentar la esfera privada de cada uno de los guatemaltecos hipostasiando sus decisiones por el poder conferido holísticamente a personas que integran la Corte de Constitucionalidad, la Procuraduría de los Derechos Humanos, el Tribunal Supremo Electoral, el Ministerio Público y el Congreso de la República de Guatemala. Detrás de esas formas estatales hay individuos con intereses que viven, comen y tienen familia en este territorio.

Los miembros de las organizaciones de Estado no son náufragos en una isla desierta, sino parte del orden social que posibilita la convivencia pacífica entre unos y otros.

No hacen nada por altruismo o por filantropía, sino porque debido a otras personas que les confirieron un título universitario, una profesión o una oportunidad creen como dioses que entienden y aplican la ley cuando están al margen de la verdad, dañando nuestra integración como pueblo y nación a nuestra autodeterminación.

Las elecciones libres comienzan con personas libres, que fueron inscritas por ser ciudadanos y no por la forma en la cual se ganan la vida.

Pareciera que la profesión más antigua del mundo es una limitante para ser elegible en Guatemala. Lamentablemente la madre Teresa de Calcuta ya no está viva para visitar de nuevo Guatemala como lo hizo en 1976 y 1982.

Es importante recalcar que la libertad de elegir pertenece a la acción humana garantizada plenamente en el ejercicio ciudadano de la democracia y no en la arbitrariedad de quienes clientelarmente dirigen el voto desde el Tribunal Supremo Electoral.

Si los guatemaltecos desean elegir un Hitler están en todo su derecho y potestad ciudadana de hacerlo.