Catalejo

Algunas divisiones de los candidatos

Mario Antonio Sandoval

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Mario Antonio Sandoval

A escasos nueve días de las elecciones, y en vista de la multiplicidad de aspirantes, así como del pleito nacional irreflexivo acerca de “ser de derecha” o “ser de izquierda”, creo útil hacer el ejercicio de cómo se puede calificar —obviamente en forma subjetiva— a quienes participarán en la contienda. El uso de esos dos términos en realidad dice poco, porque se trata de simplificaciones de pensamiento y olvida una realidad: dentro de la derecha, por ejemplo, la parte liberal probablemente está cercana a la parte conservadora de la izquierda. Y viceversa. Es necesario entonces aplicarle algún adjetivo adicional, para de esa forma tener una mejor idea de qué esperar de la posición de cada aspirante, quien representa a una facción de cada una de esas grandes divisiones.

La multiplicidad de aspirantes de un mismo criterio ideológico asegura la victoria del contrario, aunque su pensamiento se encuentre también dividido en facciones. Este ejercicio lleva a otro resultado: descubrir cuántas candidaturas podrían haber sido sacrificadas, junto con el ego de los candidatos, en bien del sistema, al reducir el número y con ello aumentar el interés de los votantes por participar. Hice esa clasificación con las divisiones de razonable, plus, oportunista, ortodoxo, así como sus combinaciones. Aclaro: no es un estudio y solo representa el resultado de un análisis subjetivo. Conozco personalmente a nueve y les pido su comprensión a los calificativos en referencia a su calidad de políticos, no de ciudadanos individuales con derechos y obligaciones.

En derecha razonable caben, en orden alfabético, José Luis Chea, del PPT; Julio Héctor Estrada, de Creo; Edmond Mulet, del partido Humanista, y Luis Velásquez, de Unidos. Al reducir su número, para presentar un frente con fuerza, yo dejaría a Mulet y/o a Velásquez. En la derecha plus cabe Alejandro Giammattei, de Vamos; en la derecha plus oportunista entran Roberto Arzú, de PAN-Podemos, Pablo Duarte, de Unionista; y Danilo Roca, de Avanza; en la derechatunista Fredy Cabrera, de Todos; en la derecha extrema oportunista, Estuardo Galdámez, de FCN Nación. De este otro grupo, yo solo dejaría a Giammattei. Amílcar Rivera, de Victoria, cabe en simple y puro oportunismo. Si se hicieran esas reducciones, los aspirantes de derecha serían Mulet, Velásquez y Giammattei.

En el caso de la izquierda, la división no solo es más notoria, sino demuestra caciquismo y, en muchas ocasiones, poca capacidad de reacción adecuada ante situaciones difíciles. El caso más notorio es el de Sandra Torres, quien sería la representante por excelencia de la izquierda oportunista, verticalista y además dispuesta a cualquier contubernio político. Merece especial mención el caso de Manuel Villacorta, destacado por su serenidad, pero sorprendentemente irascible cuando las preguntas lo incomodan. El domingo anterior cometió el yerro de abandonar una entrevista periodística y eso lo colocó en la izquierda irreflexiva. En la izquierda reflexiva cabe Manfredo Marroquín. Con excepción de Torres, con los demás es posible intercambiar criterios.

De último menciono al resto de los representantes de la izquierda, cuyas declaraciones o actitudes espantan a simpatizantes y afianzan la desconfianza de contrarios. Aníbal García, de Libre, y Benito Morales, de Convergencia, encarnan la izquierda oportunista. Por su parte, la izquierda ultra ortodoxa está representada por Thelma Cabrera, del Movimiento de Liberación de los Pueblos, y Pablo Ceto, de la URNG, aunque cualquiera de ellos podría representar a este grupo. Hubiera sido mejor una elección solo con los participantes Giammattei, Mulet, Velásquez, Marroquín y Villacorta, para enfrentar a quien las circunstancias le dieron la posición de ser la candidata a vencer, a causa del favoritismo de sectores poderosos y de autoridades electorales.