Liberal sin neo

Amigos democráticos y el “realpolitik”

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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La Cumbre para la Democracia se realizará de manera virtual el 9 y 10 de diciembre con el presidente Joe Biden como anfitrión. De acuerdo con un comunicado del Departamento de Estado, la cumbre “reunirá a líderes de gobierno, sociedad civil y el sector privado para plantear una agenda afirmativa para la renovación democrática y para atajar las mayores amenazas enfrentadas por las democracias hoy a través de la acción colectiva”.

El Departamento de Estado emitió una lista de países y regiones invitadas a la Cumbre para la Democracia, que excluye a China, Rusia, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, entre otros. Los “países amigos” del Triángulo Norte, Guatemala, Honduras y El Salvador, no fueron invitados; al parecer, por no compartir los valores y prácticas democráticas aprobadas por EE. UU. Los países del Triángulo Norte son nominalmente repúblicas democráticas y sus gobiernos actuales fueron electos en procesos electorales imperfectos, pero relativamente sanos. Resulta curioso que el comunicado del Departamento de Estado declara que “la cumbre ofrecerá la oportunidad para exhibir una de las singulares fortalezas de la democracia: la habilidad para reconocer sus imperfecciones y enfrentarlas de manera abierta y transparente”.

Excluir a Guatemala, Honduras y El Salvador de esta cumbre solo puede verse como una senda bofetada diplomática, una explícita señal de hostilidad hacia sus gobiernos, que están fuera del privilegiado círculo de amigos democráticos. Es un craso error de cálculo, muy distante de la proferida intención de “atacar los problemas de raíz” de las causas de la migración hacia el Norte.

El gobierno de EE. UU. está señalando que con los gobiernos del Triángulo Norte no se puede trabajar, con actitud de superioridad moral, que podrá alimentar la auto complacencia, pero difícilmente obtendrá resultados positivos. No hay a la vista o a la mano otros actores con capacidad para afectar o administrar la institucionalidad constitucional, con todas sus imperfecciones. Es irreal, por ejemplo, pensar que Thelma Aldana arribará en un avión, concertará con las oenegés y salvará la democracia en Guatemala con una mano, mientras con una varita mágica en la otra desaparecerá la corrupción y el narcotráfico, como podría anhelar Todd Robinson.

La práctica del “realpolitik” es la política o diplomacia basada primordialmente en la consideración de circunstancias y factores dados, en lugar de nociones ideológicas explícitas o premisas morales y éticas. No es el caso que el “realpolitik” haga de un lado el aspecto ideológico, moral o ético; es la manera de abordar problemas, conflictos y adversarios, con realismo y pragmatismo, para alcanzar fines ulteriores.

Es evidente que la política exterior de EE. UU., en particular hacia los países del Triángulo Norte, ha perdido el manual de “realpolitik”. Al mostrar sus cartas, la diplomacia estadounidense declara que no siente amor, ni siquiera cariño, pero espero que tú me quieras y me hagas caso.

La convivencia no es una cama de rosas; requiere trabajo y paciencia. Bukele en El Salvador coquetea con el realismo mágico y cambia las reglas para perpetuarse en la silla de gobierno. El electorado hondureño, entre las tóxicas opciones ofrecidas, se decanta por Xiomara, la esposa de Mel Zelaya, pariente ideológico, o clepto-despótico, de Ortega y Maduro. En Guatemala, un Gobierno y Congreso que se sientan a la mesa con tanto apetito que se embolsan hasta las servilletas, el salero y los cubiertos. Es difícil, pero el Departamento de Estado podría desempolvar el manual de “realpolitik”.