Catalejo

Análisis derivados del claro apoyo a Torres

Mario Antonio Sandoval

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Apartir de la frustrante decisión tomada el viernes por la Corte de Constitucionalidad, nadie tiene motivo para dudar de la parcialidad de dicha entidad, aunada a la de la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Supremo Electoral en favor de la candidatura de Sandra Torres. Es el efecto de una estrategia iniciada desde hace años, con el control y la cooptación de las entidades multisectoriales en las comisiones de postulación (Colegio de Abogados, Universidad de San Carlos, etcétera). El plan incluye dejar fuera del camino a cualquier posible obstáculo y ese es uno de los elementos para explicar la salida de Zury Ríos y de Thelma Aldana, así como la vergonzante burla a la Ley de Femicidio para iniciar la desaparición de la Ley de Emisión del Pensamiento.

Los votantes molestos o indignados por la tala de ambas y ahora por el vergonzante pero evidente apoyo a Torres, deben calmarse y meditar con serenidad sus posibles acciones. Si no votan o lo hacen nulo, aumentará el valor porcentual de los votos duros de esa candidata, sobre todo en las áreas rurales y en los barrios populares citadinos. La meta de la UNE es descorazonar a los votantes, antiTorres, promover su ausencia y con ello obtener más del 50% de votos en la primera vuelta. Es una posibilidad difícil, pero no imposible, y por eso la participación se vuelve fundamental. El tiempo es corto: de hoy en cuatro semanas, el lunes 17 de junio, ya se sabrá el resultado de unas elecciones que, como pocas, marcarán el rumbo del país.

El Congreso es la entidad política más desprestigiada, y lo ha sido desde siempre. Pero ahora los votantes se percataron de su importancia y de la tragedia de estar integrado, como ahora, por una mayoría de impresentables cuyo historial y sus pactos los retratan de cuerpo entero. La idea debe ser entonces votar en forma cruzada, con el fin de evitar la mayoría en el parlamento gracias a las alianzas de dos o tres grupos delincuenciales con una curul. Quien gane la Presidencia obtendrá una victoria de poca importancia si en el Congreso no tiene un grupo fuerte y con personajes capacitados para negociar, lo cual obviamente no significa mantener la “transocracia”, característica de los dos últimos parlamentos, convertidos en circos con mayoría de fantoches, es decir, gente grotesca, despreciable y neciamente presumidos, además de corruptos.

El votante mayoritario aún no está fuera de la lucha cívica. Ante el tiempo tan apremiante, debe tomarse la tarea de hablar con su círculo de amistades y familiares para convencerlos de ir a votar, primero, y de hacerlo por quien ese mensajero considera ser el menos malo. Es una lucha de hormiga, realmente y debe ser también acompañada de promover el rechazo a la parcialización de las instituciones jurídicas y políticas en favor de la aspirante Torres, pues de todos los participantes es quien despierta más preocupaciones a causa de sus discursos y declaraciones, así como de sus actitudes dictatoriales, tema de muy abierta exposición o en las conversaciones de sus adversarios, de quienes ya no están con ella y de las personas neutrales, pero dentro de la UNE sujeto de susurros.

Ciertamente, la terrible decisión del viernes ha causado tristeza y pesadumbre. Pero aún se puede presentar batalla y eso deben hacerlo quienes no apoyan a la candidatura torrista, pero escogiendo entre los cuatro con posibilidades de llegar a una segunda vuelta —en orden alfabético: Escobar, Giammattei, Mulet y Velásquez—. Al resto, no les ha llegado su tiempo, son impresentables o son decorativos. La capital y el área metropolitana también pueden regresar a ser el bastión de la elección de segunda vuelta, pero para ello se necesita esa actitud serena de pensar antes de votar por razones emotivas y por ello injustificadas. Un factor importante, aunque ignorado, es quién de los aspirantes tiene una mejor imagen internacional, ahora en el suelo por razones muy valederas.