Ventana

Clementina ya sabe leer

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

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Me imagino que todos hemos visto alguna vez un gecko. Son unas lagartijas pequeñas, con grandes ojos y pupilas elípticas como las de los gatos. Se mueven rapidísimo. Son inofensivos. Se han adaptado a nuestros entornos urbanos, por lo que se han convertido en pequeños inquilinos en nuestras casas.

Los geckos controlan especies, como los zancudos, las cucarachas y las moscas, que son perjudiciales para nuestra salud. “A mi modo de ver, son unas criaturas gráciles que pueden pasar inadvertidas, pero no para Itala Vetorazzi, quien eligió un carismático gecko como personaje principal para su nuevo cuento Clementina ya sabe leer, cantó el Clarinero.

El cuento narra que Clementina Kuj, que significa “fuerte” en mam, disfrutaba a sus anchas el hogar que había adoptado como casa porque la familia se ausentaba todo el día. Clementina jugaba en el jardín con las mariposas, cazaba insectos, pero su lugar favorito era un cuarto enorme lleno de libros de colores brillantes. Disfrutaba abrirlos, olerlos, pasar sus páginas atraída por extraños símbolos —las letras-, aunque le asustaban un poco, porque no los comprendía. Cuando llegó el “virus, un organismo muy muy pequeño que nos enferma cuando entra a nuestro cuerpo”, escribe Itala, empezó el tiempo de grandes cambios, porque la familia dejó de salir y permanecía en la casa todo el día. Para Clementina fue difícil, porque “temía que los enormes humanos me vieran y pudieran hacerme daño…”.

Alejo, el niño más pequeño de la familia se instaló en su lugar favorito, “el cuarto de los libros.” Ya no iba a la escuela, sino se conectaba a una “pantalla de luz”, donde cada mañana una hada buena —la maestra— le enseñaba el significado de los símbolos que a ella le asustaban”.

Con el paso de los días, Clementina y Alejo se encontraron y se hicieron muy amigos. Platicaron sobre lo que no les gustaba o les daba miedo. Pero lo mejor de todo, es que en ese tiempo tan diferente aprendieron a leer y a jugar juntos. Descubrieron que, a pesar de las dificultades siempre hay algo bueno como ¡la alegría de compartir!

Este cuento amable nos permite a los adultos crear un espacio de conversación con los niños, con nuestros hijos o nietos, para que expresen lo que han sentido durante estos meses de confinamiento por la pandemia. Para mí es muy importante aprender a reconocer lo positivo, lo que nunca imaginamos que podría darse como la estrecha relación que surgió entre Clementina y Alejo que considero una bella metáfora. Nos recuerda que, a raíz de la pandemia el contexto natural ha cobrado fuerza.

Alejo legítima a Clementina como otro ser semejante a él. ¡Gracias a ese respeto aprendieron a convivir juntos! Legitimar a los seres que forman parte de la vida en este planeta es uno de los aprendizajes. Ese es el cambio de paradigma que ahora nos exige un mundo que está colapsando ante nuestros ojos y que hemos denominado como “cambio climático”.

El día que los humanos reconozcamos que somos una hebra en el tejido creativo de la vida, y que nos identifiquemos con todo lo creado, ese día vamos a poder soñar con otro futuro para los nietos de nuestros hijos. La sostenibilidad no es una meta, es el camino por donde ahora debemos andar. Poco a poco vamos a comprender que la ecología profunda es la manera de reencontrarnos con nuestro entorno. Si leen el cuento… ¿qué descubrirían ustedes?

Pueden encontrar el libro de Itala en El Reino de los libros, Ikú, Kiriboo, Kitapenas, Rayuela, Sophos y Teaching Tools.