Desiderata 2019

Opinión

Yo creo que este poema hermoso y profundo titulado  Desiderata,  y  que transcribo a continuación,   puede ser una fuente de inspiración en nuestra vida durante este año 2019. Sugiero leerlo despacio, varias veces y  en voz alta.  Si les gustara mucho como a mí, guarden  una copia para recurrir a él como guía en las circunstancias inesperadas que nos depara la vida. Dice así: “Camina plácido entre el ruido y la prisa y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio.   Hasta donde sea posible, y sin rendirte, mantén buenas relaciones con todas las personas.   Enuncia tu verdad de una manera serena y clara; y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante.  También ellos tienen su propia historia.  Esquiva a las personas ruidosas y agresivas, que son un fastidio para el espíritu.   Si te comparas con los demás, te podrías volver vano y amargado, pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.  Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes.   Mantén el interés en tu propia carrera, por humilde que sea. Ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos.  Sé cauto en tus negocios, pues el mundo está lleno de engaños.

No hay futuro sin esperanza

Opinión

Tenía en mente referirme a un poema hermoso y profundo como reflexión de fin de año. Al enterarme de la muerte de un segundo  niño guatemalteco inmigrante se me amargó el corazón. La  triste  realidad de nuestra niñez chapina oscurece  la  actitud positiva frente a la vida. La muerte de niños inocentes en esta guerra migratoria duele demasiado. En mi opinión, cuando los niños son conducidos al frente —en nuestro caso, a la  frontera con EE. UU.— es una  prueba rotunda  de nuestro fracaso como nación.  Para quienes,  gracias a Dios, tienen empleo y  un ingreso seguro para vivir  esta guerra migratoria parece una locura. Yo misma he considerado que es una inconsciencia que un padre, o una madre, se lleven consigo a sus pequeños hijos a esta aventura de tan alto riesgo.  Pero si nos pusiéramos en sus zapatos, si viviéramos en un municipio lejano desprovisto de oportunidades de trabajo y sin los servicios básicos que el Estado está obligado a dar a los niños, la idea de migrar no es una locura. Es una necesidad. Nadie puede negar que las familias que reciben remesas en las aldeas y municipios de Guatemala viven mucho mejor que las  que no tienen a nadie quien les envíe esta ayuda.