Ventana

Rax, el quinto punto

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

Publicado el

La crisis climática ha sido causada por nuestra actividad humana. La pandemia del covid ha demostrado que es una enfermedad donde todos sus virus están conectados entre sí, y mientras más perdure estarán más conectados y serán más mortales. Así, la crisis del clima y la pandemia han acelerado el salto a una nueva era. Y este cambio de era traerá una nueva historia que escribirán nuestras acciones… para bien o para mal del planeta y de quienes lo habitamos. ¿Cuál es el mensaje poderoso que deben tener claro las jóvenes generaciones que crecerán en esta nueva época? “Que todo está conectado”, cantó el Clarinero. Este mensaje del Clarinero no es nuevo. Surgió a principios del siglo XX, con la nueva física subatómica que sacudió los cimientos de la física clásica de Newton. Einstein descartó que el espacio sea una dimensión tridimensional y que el tiempo una entidad separada del espacio. Dijo que el espacio y el tiempo están conectados íntimamente y que generan un continuum, una cuarta dimensión que se conoce como “espacio-tiempo”. En 1920, los físicos cuánticos demostraron que era imposible eliminar al observador en cualquier experimento subatómico. No solo descubrieron un mundo inmensamente mayor, donde todos estamos conectados con todo lo que existe, sino que rompieron con la falsa idea de que lo que existe está separado. Quienes nacimos a mediados del siglo pasado crecimos con la idea de que el entorno en que vivíamos era ajeno a los humanos. Que el planeta, como una máquina, nos proveería de aire puro, agua prístina, suelos fértiles… Fuimos tan ciegos en no reparar en que nuestro estilo de vida contaminaba los ecosistemas de la Tierra al extremo de haber generado la debacle ambiental en la que estamos hoy. Cuando la Física Cuántica propuso que el observador no es “eliminable” porque su participación influye en el experimento, se abrió un quinto punto en el espacio del mundo conocido, confirmando que ¡los seres humanos estamos incluidos! Como conté en mi último artículo, estoy escribiendo una serie de ensayos sobre los paralelos increíbles que ocurren entre la Física Cuántica y los mitos encriptados del legado maya. El historiador Arnold Toynbee no se explicaba cómo el maya logró desarrollar su civilización en un ambiente tan hostil como las selvas (que teníamos). Es porque era parte del entorno. Por ello sus ciudades eran abiertas al cielo, para armonizar el ritmo de la vida humana con la naturaleza y el universo.

Preocupada por la vida que les estamos dejando a nuestras nietas y nietos, aproveché que una de ellas cumplía años para darle un regalo que mostrara esas relaciones que no vemos y que tenemos con nuestro entorno. Es un regalo mitad maya, mitad cuántico y con un alto sentido de solución contra la pandemia: una matita de ceiba pentandra, que un amigo me trajo de la Costa Sur. ¿Por qué este árbol? Además de ser un gigante frondoso que abriga especies de plantas y animales, es el árbol nacional y es el árbol sagrado de la vida en la cosmovisión del maya milenario. Elegimos un lugar donde pudiera crecer a sus anchas. La familia participó el día que la sembramos y siempre nos recordará la metáfora de “rax, el quinto punto”. Para Occidente, los puntos cardinales son 4; para el maya son 5 y les otorgan colores. El norte es blanco, donde habitan los ancestros; el sur, amarillo, debajo de la tierra donde brotan las semillas; el este, rojo, donde nace el sol; el oeste, negro, donde cae el sol; y el 5o. es verdeazul, rax, en k’iché, es el del centro, el eje que une los 13 cielos con la tierra y los 9 niveles del inframundo. Los gobernantes de las antiguas ciudades asumían el poder de ese 5o. punto que unía las fuerzas del cielo con la tierra. Ellos encarnaban al árbol cósmico, representado por una ceiba que a su vez simbolizaba la muerte y resurrección, como nace y muere el sol cada día en el horizonte. Encontrar ese 5o. punto para conectarnos con el entorno y entre todos nosotros, para que la vida renazca será vital, si queremos, de verdad, sobrevivir como especie.