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¿Cómo despolitizar la elección del fiscal?

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Cada vez que toca la elección del fiscal, los políticos de turno y los que quieren llegar al poder se mueven inescrupulosamente, tratando de influir a quienes tienen que escoger el listado final para que su candidato favorito sea elegido. Es tanta la influencia de la política, que embajadores que están en el país han perdido la vergüenza y se meten a presionar para que las cosas salgan como a ellos les gustaría, de acuerdo con sus intereses. ¿Por qué es así? ¿Puede ser de otra forma?

Es así por la forma en que está establecida en la Constitución la elección del fiscal. Lo mismo ocurre con la elección de jueces y magistrados. Desde el inicio, estos procedimientos causaron que los políticos aprendieran a jugar dentro de esas reglas, embarrando a la Comisión de Postulación con presiones de todo tipo. Recuerdo que cuando se estaba discutiendo la forma de elegir a jueces y magistrados, además del fiscal, vi con mis colegas del CEES la inconveniencia de que los decanos de Derecho de las diferentes universidades fueran involucrados. Pensaba, en aquel entonces, que ya bastante tiempo dedican a la educación como para desviarles de su importante trabajo y tener que revisar unos expedientes que cualquier empresa prestigiosa de reclutamiento de personas podría hacer mejor, basándose en datos objetivos y no subjetivos a evaluar en cada candidato. Nunca me imaginé que debido a este procedimiento se llegara, como se ha estado comentando, a crear universidades solo para tener un decano de Derecho que pudiera influir en la selección de candidatos. El incentivo es tan fuerte que la política no tiene límites a su creatividad con tal de lograr sus objetivos de acuerdo con su mejor conveniencia.

Dado que ya están los decanos escogiendo a los candidatos, se me ocurre que, al final, de los que queden electos, y para evitar la politización, el presidente debería escoger al fiscal por sorteo, y no por dedo. Nadie podría cuestionar al presidente al hacerlo de esta forma. Pero se hace a dedo, y siempre va a haber protestas, porque a un grupo político no le agradó el candidato escogido. Sin embargo, esas son las reglas actuales, y si queremos cambiar los resultados, hay que cambiar las reglas.

Una vez que se establecen los requisitos objetivos para ser candidato a elegir, cualquiera en la lista final es capaz para ser fiscal. Así de sencillo. Ese trabajo de selección de acuerdo con las capacidades objetivas lo podrían hacer tres empresas de prestigio de recursos humanos. Si las tres consideran que un candidato pasa, entonces quedará incluido en la lista final. Con uno de los tres que considere que no pasa, debe ser excluido. Pero deben ser evaluaciones de parámetros objetivos, para estar seguro si el candidato cumple con los requisitos o no. Los candidatos que estén en la lista final no deberán ser cuestionados, y de estos, el fiscal debería ser escogido por sorteo y no a dedo. El tema político e ideológico no cabe aquí. Se escoge a cualquiera de acuerdo con su capacidad, y no ideología o tendencia política. La justicia es una y ciega, no debería estar influenciada por ideologías ni políticas partidistas.

Nos urge despolitizar la elección de jueces y magistrados, así como la fiscal. La politización de la justicia es corrupción, y eso no es exclusivo de la derecha o izquierda. El corrupto puede tener cualquier ideología, pero no es corrupto por ello, sino por deshonesto. Sería bueno que al final se eligiera por sorteo al fiscal. Sería un paso en la dirección correcta, pero no se logrará nada hasta que no se cambien los procedimientos para elegirlo.