Liberal sin neo

Cómo poner a los mejores arriba

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Al buscar la palabra chirmol en la página web de la Real Academia, aparece: Del náhuatl chilmolli “salsa de chile”; 1. m. El Salv., Guat. y Hond. chilmole; 2. M. Guat. intriga (||enredo). Para calificar los procesos mediante los que se elige a magistrados de la Corte de Constitucionalidad y Corte Suprema de Justicia, la acepción que indica la R.A. para Guatemala —intriga y enredo— es la más apropiada. El potencial para chirmol es lo que podría esperarse de las reglas del juego.

Con relación a la elección de magistrados, una nota periodística cita a un profesional que “hizo un llamado a los colegiados” —del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (Cang) y el Consejo Superior Universitario (CSU)— “para analizar su voto para que salga electo el profesional más adecuado”. Los colegiados cumplirán con la primera parte, analizar su voto, mas no con la segunda, que salga el profesional más adecuado. El sistema no está diseñado para que salga electo el profesional más adecuado, sino para elegir al operador político más efectivo, el que más convenga a quienes dirigen las organizaciones que eligen y el que mejor atienda los intereses de los electores. El sistema descansa sobre la falaz idea de que los cuerpos colegiados llamados a elegir están compuestos por expertos, eruditos, desinteresados y altruistas que no solo saben quién es el mejor, además optan por elegirlo, porque es lo que conviene a la sociedad. Esta es una visión romántica de la naturaleza humana y de la política, que seguramente no describe al Cang o al CSU.

El lente apropiado es el de Public Choice o Teoría de Opción Pública, que aplica la teoría y métodos de la economía al análisis del comportamiento político, área que alguna vez fue provincia exclusiva de las ciencias políticas y sociólogos (W. Shughart II). Uno de sus pioneros, James Buchanan, se refirió a la teoría de opción pública como “política sin romance”; dispensa del supuesto ilusorio que los participantes en la esfera política aspiran a promover el bien común. La forma tradicional de interpretar al gobierno o la política quiere ver al funcionario como un benevolente “servidor público” que responde fielmente a “la voluntad popular” y el bienestar de la comunidad. Las personas que actúan en la esfera política, el gobierno o cuerpos colegiados no son diferentes a las demás personas; actúan por interés propio y responden a incentivos. Esto no significa negar la empatía, simpatía y preocupación por los demás, exquisitas cualidades potencialmente presentes en el ser humano; es un punto de partida para entender la acción humana y la importancia de establecer reglas que desalientan la mala conducta y alientan la buena.

Las reglas del juego producen mejores resultados cuando están diseñadas para seres terrenales, con sus imperfecciones, ignorancia e intereses, y no para seres celestiales que actúan desinteresadamente por el bienestar general. Las mejores fórmulas son las que hacen uso del interés propio, de manera que sirva a los demás.

El capítulo 10 de El camino a la servidumbre (1944), de F. Hayek, se titula Por qué los peores se ponen arriba. Fue escrito durante la Segunda Guerra Mundial y Hayek tenía en mente las dictaduras asesinas de Stalin y Hitler, una socialista y la otra, nacional socialista. Parafraseando ese título, es válida la pregunta ¿Cómo poner a los mejores arriba? Es una pregunta atingente para pensar en los sistemas que se adoptan par elegir y designar a todo funcionario público. ¿Cómo identificar y elegir a los mejores jueces y magistrados? Con una buena salsa, sin intriga y enredo.