Catalejo

Consideraciones sobre el resultado de la elección

Mario Antonio Sandoval

Como lo señaló la encuesta realizada por Prodatos para Prensa Libre y Guatevisión, Alejandro Giammattei ganó la elección, cuyo porcentaje de participantes fue el menor desde 1986, lo cual envía un claro mensaje de rechazo a ambos aspirantes. Las encuestas profesionales y el resultado legal, aunque por infortunio no participó la mayoría de votantes, debido a varias razones. Terminó de esa manera la más confusa contienda desde el inicio de la democracia electoral guatemalteca. Ahora es el momento de comenzar a pedir cuentas a quienes con sus acciones y decisiones causaron la disminución de la confianza popular en las autoridades electorales, pero también de las reglas cambiadas y sus resultados. Tiene razón el ganador al señalar la carencia de motivo para hacer fiestas.

La lección de los votantes guatemaltecos de nuevo fue clara. Ayer por segunda vez impidieron a fuerza de votos la llegada de Sandra Torres a la Presidencia de Guatemala, y de nuevo se repitió el fenómeno del voto en contra de alguien, como ocurrió en las elecciones del 2015 y también cuando llegaron Morales, Pérez Molina, Colom, Portillo y Arzú, todos causantes luego del arrepentimiento porque traicionaron a los votantes. Esta vez el beneficiado fue Alejandro Giammattei, quien tiene el formidable reto de ganar la confianza de los electores y de prepararse para gobernar. Comenzó el largo y peligroso lapso entre hoy y el 14 de enero, cuando comenzará su período presidencial, sin duda lleno de trampas y de tropezones de toda índole.

Giammattei: retos

El candidato vencedor se enfrenta a terribles retos: aprender a controlarse; purgar de su equipo a gente de pasado oscuro, como única forma de lograr el apoyo de personas valiosas, pero no dispuestas a desprestigiarse a causa de la corrupción de otros; esto obliga a combatir de frente a la corrupción en todos los órdenes y en todos los niveles sociales. En estos largos cinco meses necesita ser directo y claro, comportarse como un presidente electo, cuya voz debe ser escuchada por el desgobierno actual. Las críticas recibidas son simples, sino burdos ataques por redes sociales y nefastos netcenters. Ahora se debe preparar para la crítica seria y bien intencionada, aunque sea dura, de columnistas, instituciones diversas, así como posiciones no favorables recogidas por la prensa profesional.

Según un viejo aforismo político, ganó la elección y ahora tiene la tarea de ganar la Presidencia. Esto se hace escuchando los criterios ciudadanos, no de los financistas, amigos personales o miembros del partido. Se hace negociando, no imponiendo, y también convirtiendo con habilidad y serenidad a los ciudadanos en aliados o al menos aceptadores de sus criterios. La relación con la prensa profesional debe ser cuidadosa, es decir, aceptando en su papel crítica y señalamiento, cuando es necesario, y no considerarlo como caja de resonancia de criterios políticos, empresariales, religiosos, etcétera. El periodismo independiente, sobre todo el de opinión, es realmente una asesoría gratuita, y por sobre todo, no tiene tiempo para pedir el beneficio de la duda.

El partido Vamos llega débil al Congreso, donde la influencia de la UNE aún puede ser determinante. Con el equipo humano actual, no hay seguridad de enfrentarse victoriosamente a los uneistas, con el resultado de atrasos y de dificultades de trabajo para el nuevo gobierno. El nuevo presidente no tiene experiencia política, más allá de haber sido candidato en cuatro ocasiones. Es allí donde quienes lo rodeen adquieren importancia suprema: no se trata de llevar representantes de la política jurásica. Un dato de importancia primordial es este: el 85% de los encuestados calificó de malo o regular —esto último una opinión negativa disfrazada—, a un gobierno presidido por él. Mucho dependerá de cómo tenga la habilidad de negociar en estos próximos cinco meses.

Sandra Torres: su futuro

Sandra Torres fracasó por muchos motivos mezclados. Menciono algunos: su personalidad ‘abrasiva’ como dijo hace años un exembajador estadounidense, cuando ejercía una presidencia de facto, con mano férrea, dictatorial, mientras el presidente de nombre era su entonces esposo Álvaro Colom, de quien luego se divorció para ‘casarse con el pueblo’, burlar la ley y poder participar. También falló su estrategia de ir apoderándose del control de instituciones relacionadas con los comicios. La jugada más reciente y burda fue el apoyo otorgado por la jefa del Ministerio Público, Consuelo Porras, quien anunció su decisión de proceder en contra de la candidata Torres al día siguiente de estar protegida por el derecho de antejuicio.

La derrota se inició con su fracaso de no ganar en primera vuelta. En las semanas entre las dos elecciones, fue víctima de sus propias palabras, a veces por el cambio total de sus criterios y acciones, por ejemplo su relación con los militares, además de los videos con gente corrupta para obtener fondos, sus súbitas y constantes invocaciones a Dios, para ganarse el voto de los no católicos, sus ausencias de los foros de discusión con el adversario, su nepotismo, sus intentos de silenciar a los críticos, las abiertas manifestaciones de rechazo proveniente de grupos como Codeca —en teoría cercanos a su línea de pensamiento—, pero sobre todo el convencimiento popular de ser clara representante de la vieja política.

La aspirante perdedora confirmó ser una figura política en el ocaso. Derrotada por no lograr el apoyo mayoritario y en algunos casos el llamamiento en su contra de sectores considerados seguros, es indudable una etapa de pesadumbre ante la dura realidad. La historia está llena de ejemplos de personajes cuyo poder era centrado en ellos. Al salir, emergen las ambiciones, y la UNE no tiene motivo de ser una excepción. Peor aún: la vida del partido pende de un hilo, al tener la amenaza de cierre, lo cual al combinarse con la prohibición del transfuguismo, será fatal. Para su ego, de hecho ya fue presidenta —su obsesión desde hace años—, pero de facto. Nada más. Se quedará con el deseo de tener en el pecho la banda presidencial.

Consideraciones finales

Es justo felicitar y agradecer a los miles de voluntarios llegados desde las 3 o 4 de la mañana a los centros de votación. Su entusiasmo y entrega se derivan de su corta edad, en unos casos, y de su adultez intermedia, en otros. Si se logra eliminar a los dinosaurios políticos, es posible el renacimiento de la creencia, la ilusión y la fe en la llegada de nuevos líderes para guiar al país. Igualmente, estoy convencido de la necesidad de calificar de irresponsables y/malintencionados a quienes impidieron la votación en las instalaciones de la Universidad de San Carlos. Es un caso claro de élites dirigentes incapaces de entender los posibles resultados negativos de su estulticia.

A pesar de los pesares, el sistema salió airoso, aunque herido. Estará convaleciente mucho tiempo y se necesita la valentía de fomentar los cambios necesarios para borrar de las leyes las razones muchas veces ocultas de los males no evidentes ni notorios. Para salvar la democracia guatemalteca, irónicamente se necesita el consenso a fin de limitar de alguna manera, pero temporalmente, algunas de las libertades, como la de crear partidos políticos de juguete, como han sido por decenas de casos la realidad política desde 1986. Eso es importante, pero lleva tiempo. Lo urgente es lograr el acuerdo derivado de las representaciones de la mayor cantidad posible de sectores nacionales. Nunca se ha logrado, es cierto, pero es la única opción para evitar el derrumbe definitivo de Guatemala.