Liberal sin neo

Contraste de visiones

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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Feliz Día de la Independencia, Guatemala. En estos tiempos la retórica sobre la independencia dista de ser canónica; el relato histórico orgulloso y triunfalista de la emancipación política de España. Se debate la respuesta a la pregunta que hace Vargas Llosa en El nacimiento del Perú (1990); “¿fue la llegada y ocupación de América por los europeos la más grande hazaña del Occidente cristiano o un crimen histórico monumental?” A dos siglos y un año, una pregunta similar ronda el tema de la independencia de Guatemala, para muchos un evento histórico motivo de celebración, para otros, causa de resentimiento y conflictividad. El revisionismo histórico atraviesa no solo Guatemala, sino todo el continente.

La convocatoria a la manifestación del pasado lunes 12 de septiembre no requiere de mucho leer entre líneas para su interpretación y ubicación en el espectro ideológico. Calza firma de varias organizaciones: el Consejo Maya Ch’orti, Las Autoridades Ancestrales de Chuarrancho, la Alcaldía Indígena de Montúfar, las Autoridades Ancestrales de Santa Cruz Chinautla, la Autoridad Ancestral Garífuna y otras. La ocasión de la convocatoria a manifestar es explícita: “Ante: 201 años de Esclavitud, Miseria y Empobrecimiento”. Esta es una visión diferente de la independencia de Guatemala. Es evidente que hay mucha pobreza y hasta miseria en Guatemala, pero no hay esclavitud. La pobreza es un problema complejo; su causa no es la tensión entre opresores y oprimidos, víctimas y victimarios, o un complot de poderes oscuros cuyo interés es perpetuarla.

De un pronunciamiento de nueve organizaciones, autoridades ancestrales, la convocatoria pasa a enumerar las “demandas del pueblo” en 12 puntos. Algunas de estas demandas representan aspiraciones generalmente acuerpadas por la opinión pública, mientras que otras rayan en lo insólito. A la mayoría de la población le gustaría ver “acciones para atender el alto costo de la canasta básica y los insumos de producción agrícola”. Desafortunadamente, el gobierno carece de herramientas mágicas para atender esta demanda de manera inmediata; aparentes soluciones monetarias, cambiarias o de control de precios agudizarían el problema en lugar de resolverlo. Carece de poder para controlar el precio de los hidrocarburos e insumos agrícolas o el flujo de remesas; intentar hacerlo traería consecuencias nefastas.

Asimismo, “la reparación de la red vial” y “que se investiguen los casos de corrupción y se encarcele a los funcionarios corruptos” son demandas que gozan de amplia simpatía. Empero, en dos de los 12 puntos exige que “de forma inmediata cese la criminalización a [de] los pueblos indígenas, periodistas, jueces y fiscales”. La persecución de un periodista en particular y de algunos jueces y fiscales es, al menos, debatible, controversial. La persecución de los pueblos indígenas es una postura de realismo mágico, imagen fantástica y causa para atraer recursos para los “pueblos en resistencia”. Delata una agenda muy alejada del centro.

Días antes de la manifestación, se realizó el XVII Congreso Industrial, organizado por la Cámara de Industria, con el anhelo de “buscar que las empresas tracen la ruta de la aceleración económica con el fin de mantener un crecimiento integral, dinámico y sostenido”. El contraste de estos dos eventos epitomiza visiones diferentes de lo que es y podría ser Guatemala. Hay consenso sobre la imperativa necesidad de abrir rutas para que los más vulnerables alcancen un mejor nivel de vida. La única manera de lograrlo es con inversión y aumento de la capacidad productiva.