Por la libertad

Coronavirus: libertad con responsabilidad

En Guatemala y en otros lugares hemos visto la imposición de cuarentenas, toques de queda y policía y ejército capturando a cualquiera que no acate estas disposiciones tratándolos como verdaderos criminales. ¿Cómo hemos llegado a aceptar esta violación a nuestros derechos individuales?

Lo más triste de todo es que la mayoría aplaude estas y otras medidas y hay todavía propuestas, principalmente de los grupos más socialistas, de querer paralizar completamente toda actividad humana para que se impongan toques de queda de todo el día. Aplauden el uso de la fuerza contra los ciudadanos con tal de llevar a cabo sus perversos planes. Están encantados con la vigilancia a base de drones y patrullas que pasan metiendo miedo mientras suenan sus sirenas. Están encantados con la violación a la propiedad cuando ven a la policía entrar a los condominios privados.

Pero poco a poco la población comienza a abrir los ojos y se da cuenta que esto no debe ni puede ser así, que la libertad, la vida y la propiedad son todos derechos fundamentales de las personas y que se complementan. No puede haber uno sin los otros. Que existe una falsa dicotomía entre la vida y la economía porque es en realidad vida contra vida. Economía es actuación del ser humano y lo hace cooperando pacíficamente con los demás para mejorar porque prefiere vivir más años que menos, prefiere vivir con salud que con enfermedad y prefiere una vida más cómoda que dura. No podemos destruir la economía sin dañar forzosamente a las personas.

Cada vez que impedimos que las personas libres y voluntariamente emprendan una empresa estamos violando sus derechos fundamentales. Porque las empresas son vida y funcionan gracias a la cooperación de los que ponen el capital que son los que han ahorrado previamente ya que no se consumen todos sus ingresos (capitalistas), los que trabajan operando máquinas o vehículos, llevando cuentas contables, vendiendo, etc.., (trabajadores) y los que tienen las ideas, que se arriesgan, que visualizan la demanda para un producto y buscan los diferentes elementos para poder fabricar y llevar ese producto al consumidor (empresario). Ninguno puede funcionar sin los otros y sin esa libre, espontánea y pacífica cooperación no existirían las empresas.

Este virus es peligroso, pero no justifica semejante violación de los derechos fundamentales de los guatemaltecos que de por si han estado sufriendo la ineptitud de los gobiernos anteriores a través del establecimiento de permisos y licencias para cualquier emprendimiento por más sencillo que sea. Y ahora, a quienes viven al día se le impide trabajar, se le niega el derecho que tiene a sus ingresos por su trabajo y que le permiten llevar el sustento diario a sus hogares. Recordemos que en el último censo se encontró que 2.3 millones de guatemaltecos (30% de los hogares de la población rural) están en inseguridad alimentaria. Y mucha más gente vive al día, pero si no trabaja no come.

Guatemala no es Italia ni España ni ningún país desarrollado. Es un país pobre donde hay muertes por desnutrición y otras enfermedades debido a la carencia de riqueza, es decir, pobreza. El gobierno no debe impedir que la gente mejore. Se contagiarán los jóvenes, pero no tendrán muchas consecuencias. Se deberá aislar a los mayores de 65 años y los que tienen factores de riesgo. Pero es importante evaluar los riesgos, no solo el virus sino también el del colapso económico por las medidas de cierre de empresas, colegios, universidades, servicio de buses urbanos y extraurbanos, y empresas que fueron calificadas arbitrariamente como no esenciales. La mejor reacción frente al coronavirus es la libertad con responsabilidad.