Pluma invitada

Crisis de biodiversidad, una crisis de desarrollo

La biodiversidad hace posible la vida en el planeta. Nos brinda servicios esenciales: suelos saludables, agua limpia, polinización y un clima estable. La variedad de formas de vida en la Tierra es la base de nuestra salud, riqueza y bienestar compartidos. A pesar de los numerosos avances logrados, la pérdida de biodiversidad continúa acelerándose en todo el planeta y nos afecta a todos. Un millón de especies de plantas y animales se enfrentan a la extinción. El bienestar de miles de millones de personas en todos los continentes está en peligro, en particular de aquellas que viven en la pobreza y dependen directamente de los recursos naturales para su sustento.

La crisis de la biodiversidad se ha estado fraguando por décadas. Hemos invadido el mundo natural, fragmentado los ecosistemas y propiciado mayores condiciones para la propagación de virus entre animales y humanos. A cinco meses del inicio de la pandemia de covid-19, personas en todo el mundo se han visto afectadas por devastación y sufrimiento inimaginables. Este desafío, el más grande que la humanidad ha enfrentado desde la II Guerra Mundial, es una llamada de atención sin precedentes: necesitamos rediseñar nuestro modelo de desarrollo con la naturaleza en el centro.

Este Día Mundial del Medio Ambiente, organizado por Colombia, en alianza con Alemania, hacemos un llamado a los ciudadanos de todo el mundo a reimaginar su relación con la naturaleza. Hoy decimos: llegó la hora de alzar nuestras voces por la naturaleza. Si bien se han pospuesto las reuniones físicas de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica este año en China, sigue siendo más importante que nunca acordar un marco ambicioso, inclusivo y relevante para la conservación de la biodiversidad a partir del 2020.

La crisis de biodiversidad es una crisis de desarrollo. Algunos han calificado la pérdida de especies como una “crisis silenciosa”. Pero no se confunda. La pérdida de biodiversidad es devastadora y tiene consecuencias tan catastróficas como el cambio climático.

Si invertimos en la naturaleza, no solo contribuiremos a la acción climática, sino también avanzaremos en materia de salud, empleo, seguridad alimentaria y derechos humanos. Este es el eje del llamado a “reconstruir mejor” después de la pandemia que ha hecho el secretario general de la ONU, António Guterres. La Agenda 2030 y el Acuerdo de París son nuestra única hoja de ruta hacia la recuperación. América Latina y el Caribe ha sido muy golpeada por la pandemia: se pronostica que la economía de la región se contraiga 5,3% este año, y que casi 30 millones de personas adicionales caigan en la pobreza.

Varios países ya han adoptado paquetes de estímulo económico para ayudar a los más vulnerables. Sin embargo, todas las naciones tienen la oportunidad de embarcarse en un cambio sistémico a largo plazo, hacia una economía más sostenible que funcione tanto para las personas como para el planeta. Para ello será clave que los planes de recuperación aborden el cambio climático, la pérdida y fragmentación de hábitats, la contaminación, la gestión de residuos y la eficiencia de recursos. Un futuro sostenible no deja a nadie atrás. La región es campeona en áreas naturales protegidas y es hogar de pueblos indígenas que sostienen muchos de los ecosistemas más ricos del planeta, incluido el bioma amazónico. En todo el mundo, hasta 80% de la biodiversidad se encuentra dentro de territorios de pueblos indígenas que durante milenios han desarrollado una relación inextricable con la naturaleza. Necesitamos escucharlos. Ellos han implementado el tipo de soluciones que el mundo debe considerar hoy.

Este es un imperativo ético. Debemos legar a las próximas generaciones un planeta tan rico en maravillas como el que heredamos. Es de actuar por la naturaleza.

 

* Dir. ª Ejecutiva del Programa de ONU para el Medio Ambiente