Liberal sin neo

¿De dónde va a salir el cambio?

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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Los que no sabemos cómo y dónde se hace, ni tenemos deseo de hacerlo, nos preguntamos cómo es posible robarse tanta plata del Instituto Nacional de Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh). Una rápida investigación revela que el monto de la “anomalía” detectada, Q30 millones en la compra de equipo técnico, supera el presupuesto anual de este instituto. El viernes pasado, el MP y la PNC capturaron a Yeison Samayoa, director del Insivumeh, por un caso denominado Clima, Corrupción y Poder. Yeison no cuenta con credenciales que acrediten sus conocimientos de vulcanología, meteorología o hidrología. Anteriormente fue director de informática del Infom y candidato a diputado por el Quiché; cuadro político.

La pregunta interesante es por qué cayó Yeison y cómo se detectó este particular caso, entre tantísimos que hay que pasan desapercibidos. Obviamente, él es solo un engranaje en alguna máquina; quienes tiran de sus hilos se apresurarán a enredarlos para quedar fuera de este “accidente”.

El mismo día, la PNC anunció que había localizado un jet aterrizado en una pista clandestina en Champerico, en el que encontraron cuatro bultos con posibles ilícitos. La cantidad de bultos no cuadra con la capacidad de 12 pasajeros del jet y es inexplicable que por orden del MP la aeronave fue rápidamente incinerada, porque “no era seguro que levantara vuelo”, que más parecería un buen motivo para no quemarla. El jet fue localizado porque se accidentó; de otra manera habría sido otro de tantos, con bultos de “posibles ilícitos”, que aterrizan y despegan sin novedad. El día anterior a este suceso, una mujer mayor perdió la vida en un ataque armado en La Reformita; mereció titular por ser alemana.

Los tres eventos descritos son emblemáticos del diario acontecer; corrupción, narco y delincuencia, que, junto con malas políticas públicas y conflictividad, tienen sumido al país en un hoyo del cual no se ve cómo va a salir. Estas cosas, con variantes, suceden en todos los países, pero en Guatemala son particularmente recurrentes y graves. No es posible eliminar del todo estos males, pero es imprescindible reducirlos a una mínima expresión de manera que no acechen como sombra al sistema.

¿De dónde puede venir un cambio de dirección? Podría ser endógeno, surgido del propio sistema, que brotara un esfuerzo que aliara al MP, CSJ, Presidencia, bloques en el Legislativo, mandos del Ejército y el sector privado organizado, utilizando la institucionalidad y herramientas legales existentes. Es improbable que esto ocurra; no hay actualmente quienes impulsen una “gran estrategia” que visualice y sea capaz de llevar adelante una serie de esfuerzos tácticos relacionados entre ellos, para alcanzar grandes objetivos.

También podría ser exógeno, que venga fuera del sistema, como por un breve momento parecía podría haber sido Cicig, que se descarriló. Pero aparte de ser inherentemente indeseable algún tipo de intervención, posibles actores como el Departamento de Estado de EE. UU. o la ONU, sencillamente no tienen la estatura moral, credibilidad, legitimidad o capacidad para actuar con acierto. Podría ser algún “shock”, suceso, evento, que provocara una coyuntura crítica que encendiera la mecha del cambio, como por un momento pareció ser la masiva manifestación en la plaza y la caída de Otto Pérez. Esa mecha se apagó con el agua de lo mismo de siempre.

Cambiar de dirección requiere de ese misterioso fenómeno que es el liderazgo positivo, capaz de acumular fuerza, convocar talento y dedicarlo a rutas de gran provecho y alcance. Aparece muy de vez en cuando.