Catalejo

De los caprichos vueltos obsesiones

Mario Antonio Sandoval

El sábado pasado se cumplió de nuevo el acierto de quienes vemos en los últimos 29 días del desgobierno encabezado por Jimmy Morales, más bien de quienes desde las sombras de las bambalinas se han encargado desde el 14 de enero del 2016 a convertirlo en un lamentable títere. En secreto, con sigilo y sin ninguna información previa, aprovechó de nuevo su relación con el penoso Congreso de la República —donde reina e impera el pacto de corruptos— para enviar una solicitud de aprobación del convenio realizado entre Guatemala y Argentina en julio pasado para comprar por 27 millones de dólares dos jets militares Pampa III, fabricados en este último país, el cual no ha podido convencer a ningún ejército para adquirir aviones militares de ese tipo.

Del acuerdo, los guatemaltecos nos enteramos cuando vimos a Morales sentado en los mandos de uno de esos aviones, con expresión de entusiasmo, similar al de las palabras del entonces presidente Macri. Pocos días después, y luego de la serie de justificadas y obvias críticas, el gobierno moralesco se vio obligado a acatar la sugerencia de la Contraloría de Cuentas. La cancillería de Argentina tiene ahora el asunto en sus manos y debido al reciente cambio de gobierno, no se sabe ahora la decisión, y si acudirá a una Corte Internacional de Arbitraje para exigir el pago. Pero esto no es lo principal de este artículo, relacionado con los caprichos (decisión arbitraria, inspirada por un antojo) y las obsesiones (perturbaciones de ánimo causadas por una idea fija).

Los presidentes, al llegar al cargo, tardan poco o largo tiempo en enterarse de ser el presidente. Y cuando están a punto de salir, aún creen ser el presidente. Lo he comprobado en varias ocasiones. La cercanía de la salida les provoca preocupación al saberse convertidos de un momento a otro en ciudadanos comunes y corrientes, o más bien corrientes, en el sentido guatemalteco del término. Se une la certeza de los amigos del puesto, los lambiscones y serviles. Desaparecerán como por encanto, junto con las influencias presidenciales. Y ese regreso en tales condiciones es aún peor cuando se sospecha o se tiene la certeza del retiro de quienes en el extranjero lo tomaban en cuenta sólo porque convenía a sus intereses. La posada Mariscal Zavala tiene amplio espacio.

Una enorme mayoría de los diputados actuales son cínicos. La directiva, digno ejemplo de incapacidad y de escaso modestia intelectual a menos de tratarse de acciones ilegales e inmorales, le dará la espalda. Confían en el paso del tiempo para borrar la indignación y el rechazo, porque intentarán engañar en próximas ocasiones a los votantes. Por ello quedan reducidas, aunque no eliminadas, las posibilidades de conocer de inmediato y aprobar de urgencia nacional esa compra. Sería el acabose para la institucionalidad del Organismo Legislativo, y por ello podría despertar la idea ahora durmiente de un régimen de hecho cuasimonárquico absoluto. Morales lo sabe y trata de congraciarse consigo mismo recibiendo homenajes no solo inmerecidos, sino absurdos.

Ese pavor de no ir a la cárcel se muestra claramente con la insistencia de ser juramentado como diputado del Parlamento Centroamericano para obtener cuatro años de impunidad. Ese PC, nacido con entusiasmo en 1985, debe ser clausurado por haberse convertido pronto en un esperpento, en algo grotesco, ridículo, extravagante, inútil e impresentable. Sus decisiones, al no ser obligatorias, son producto de charlas de políticos protegidos al salir de sus cargos. La falta de experiencia, sobre todo en el ejercicio del poder, es la razón principal de las payasadas, algunas causantes de ridículo personal y otras verdaderas tragedias nacionales de consecuencias negras por largo tiempo. El peligro mayor ahora es la posibilidad de más acciones de seguro castigo por la historia.