Catalejo

Debe evitarse la tensión en los próximos 72 días

Mario Antonio Sandoval

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La victoria de James Biden llegó por los votos electorales, esta vez coincidentes con el voto popular. Terminó así un proceso político que trajo situaciones inesperadas y polémicas. Faltan 72 días para el 20 de enero, muchos porque Trump decidió sembrar dudas sobre el resultado, sobre todo los enviados por correo, como lo había anunciado el fiscal general William Barr, lo cual profundizará la preocupante división interna del país. Por aparte, debe comenzar la tarea de analizar aciertos, errores y también marrullerías de los partidos. Ya es un hecho el abandono de la nave trumpista por republicanos muy fieles al ahora de hecho expresidente, así como el aumento de votantes como factor del resultado.

En este caso, el presidente electo logró representatividad y legalidad, por la coincidencia de mayoría en votos. Veo claridad en las ideas expresadas por Biden en cuanto a la necesidad de no gobernar por partidismo, sino pensando en el país. Falta ver, claro, si esto se hace realidad o queda en promesa de campaña como tantas otras. Ambos partidos y el mismo proceso electoral necesitan entrar en un proceso de restauración, y la transparencia para próximas elecciones también exige normas claras e iguales en todos los estados. Es un proceso largo cuyo campo de cultivo serán los congresos estatales, y debe empezar al día siguiente de la toma de posesión de estos. El actual sistema funcionó por más de 200 años, pero le llegó el momento de renovarse.

La principal responsabilidad de todos los políticos estadounidenses se encuentra en comprender cuán profunda es la división interna del país y, en especial, desastrosa, por lo que deben ponerse en su justo lugar las diferencias partidarias. Tampoco se debe caer en el revanchismo y en acciones de castigo, porque el sistema judicial del país no acusa grandes daños. La llegada de una disputa legal a la Corte Suprema de Justicia era demasiado riesgosa, porque cualquier fallo la hubiera colocado en una posición difícil. Fueron muy evidentes las decisiones de llevar a magistrados conservadores y colocarlos en la falsa posición de emitir un veredicto acorde a esa ideología para políticos que se rijan por dicha corriente. Una Corte Suprema politizada es fuente de destrucción para cualquier sociedad.

Es tarea ardua recuperar la imagen de Estados Unidos como país confiable, y convencer a la comunidad internacional. Esto último tiene en su contra la profusa lista de acciones políticas, económicas y bélicas, muchas veces contra países muy débiles en ese sentido. Terminó la lucha electoral y ese capítulo debe ser cerrado. La participación de candidatos de visiones opuestas es factor indispensable en toda democracia, para permitir a los votantes escoger. Ahora, también deben quedar atrás esas divisiones y las emotividades y acciones irreflexivas e irresponsables como producto de la torpeza provocada por la propaganda política o por personas inescrupulosas. La acción gubernativa y ciudadana debe tener como meta contribuir a ese objetivo.

No me causó sorpresa la división de criterios en Guatemala sobre estas elecciones entre diferentes grupos ciudadanos. Cada quien tiene su opinión y actúa y piensa de acuerdo con sus legítimos intereses, pero en esta ocasión se tradujo en calificar de comunistas o pro socialistas a quienes simpatizaban con el presidente electo y su compañera de fórmula. Pude escuchar y recibir mensajes absurdos y observar a varios amigos queridos dejar de ejercer el derecho de opinar con serenidad para convertirse en autonombrados activistas del mandatario derrotado. Eso es problemático para la unidad necesaria de quienes desean sacar adelante a Guatemala. Somos un país cuya importancia para Estados Unidos ha aumentado, pero no le es primordial.