PLUMA INVITADA

Declaración Universal de Derechos Humanos

|

Ayer, 10 de diciembre, se conmemoró la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la Asamblea General de Naciones Unidas. Luego de los horrores de la II Guerra Mundial, el mundo reconoció que el respeto de los derechos humanos es prerrequisito esencial para la paz, planteando en la Declaración que: “El reconocimiento de la dignidad inherente y los derechos igualitarios e inalienables de todos los miembros de la familia humana es la base para la libertad, la justicia y la paz mundiales”.

' Trabajamos juntos en la construcción de un mundo más seguro y la búsqueda de resoluciones pacíficas.

Rita Rudaitis-Renaud

Siete décadas después, la Declaración sigue tan vigente como el primer día, y es instrumento fundamental en la construcción de sociedades pacíficas y prósperas. Para el pueblo canadiense, la Declaración constituye la guía de nuestras interacciones a nivel nacional y mundial. No es de extrañar que uno de sus autores fuera un abogado canadiense, John Humphrey, y que Canadá, junto con Guatemala, haya estado entre los 48 países que votaron a favor de la Declaración.

A pesar de su firme compromiso, Canadá ha enfrentado varios retos para la apropiada implementación de los principios de derechos humanos. Aun hoy en día, el gobierno y el pueblo canadiense continúan reflexionando sobre los errores cometidos en el pasado, tratando de aprender de ellos y tomando medidas para evitar su repetición. Como expresara el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en su comunicado por el Día de los Derechos Humanos: “No podemos avanzar sin confrontar los capítulos oscuros de nuestro pasado y tomar acciones para avanzar hacia la reconciliación”. Esta referencia expresa el reconocimiento del Gobierno de los muchos retos que Canadá enfrenta. Entre ellos está el poder avanzar en las prioridades de los pueblos indígenas a través de acciones concretas.

El apego al respeto y a la promoción de los derechos humanos se convierte entonces en parte esencial de lo que nos identifica como canadienses. Por ello nos enorgullece defender y apoyar a los más desvalidos y vulnerables. Colaboramos con gobiernos, organismos internacionales y sociedad civil para avanzar en los derechos de la mujer, fomentar la reconciliación y cooperación con los pueblos indígenas, defender los derechos de la población LGBTQ, apoyar las necesidades de la niñez o buscar la igualdad para minorías raciales, étnicas y religiosas. También desarrollamos mecanismos para guiar nuestros esfuerzos, como la Guía “Voces en Riesgo”, para apoyar el trabajo vital de las y los defensores de derechos humanos, o la oficina de la Defensoría Canadiense de la Responsabilidad de la Empresas.

En un mundo cada vez más polarizado, donde se está poniendo a prueba la solidez de las normas de derechos humanos, los canadienses buscamos trabajar en sintonía con quienes comparten la visión de avanzar los principios universales de la Declaración. Esta ha sido la base de nuestra relación con Guatemala. En foros multilaterales, trabajamos juntos en la construcción de un mundo más seguro, en la búsqueda de soluciones pacíficas a conflictos, y en la defensa del medioambiente y el desarrollo sostenible. A nivel nacional, Canadá apoya los esfuerzos del gobierno de Guatemala en el empoderamiento de la mujer, en particular la mujer indígena, apoyando su acceso a educación, salud, oportunidades económicas y una vida libre de violencia.

Continuaremos trabajando como socios y amigos para hacerles frente a retos actuales como la seguridad, la migración forzada, el cambio climático y la desigualdad. Las soluciones deben estar enraizadas en el respeto. Necesitamos valorar la diversidad como la fuerza detrás de una colaboración genuina que genere ideas, experiencias, destrezas y conocimiento. Este es un compromiso de que podemos seguir avanzando juntos.

* Embajadora de Canadá en Guatemala

ESCRITO POR: