Catalejo

Desastres se multiplican por todo el continente

Mario Antonio Sandoval

Al observar la actual realidad del continente americano se llega con facilidad a una conclusión evidente: el desastre es generalizado. No parece haber salida en ningún campo: el político, el partidista, el económico, el legal, el relacionado con todo lo referente al avance imparable del narcotráfico. A eso se agregan los atrasos en educación y salud, causas de un futuro negro para demasiadas personas, con el agravante del aumento de la población a pesar de la mala situación en los campos ya indicados. Sin entrar a rebuscar en las causas, pues todos los países son intrínsecamente distintos, sí es posible encontrar algunas similitudes desafortunadas. Comienzo por señalar el desinterés ciudadano, casi convertido en una manifestación de cobardía. De eso se ha hablado mucho.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a mi juicio, cometió un error al ordenar la liberación del narcotraficante Ovidio Guzmán. Su argumento parece aceptable, porque para él dejar ir a un delincuente tan desalmado como el hijo del Chapo es mejor porque existe la seguridad de la muerte de un número de ciudadanos imposible de determinar. Pero al hacer eso abrió la puerta a nuevas acciones parecidas y el país, sin duda alguna, quedará en manos del narco. Salvó a cientos de mexicanos posibles víctimas, pero dejó en riesgo a millones de ellos. Este riesgo se agranda a otros países, por ejemplo los centroamericanos, donde ya hay una confabulación entre soldados, policías y narcos similar a como muestra el video circulante ahora en redes.

Honduras ya casi es un narcoestado. La condena por narcotráfico del hermano del presidente es una nueva comprobación, forma parte del nefasto grupo de países con dictaduras, junto con Venezuela, Bolivia y —aclaro— Cuba—. Chile y Ecuador se encuentran en total desorden a causa de las manifestaciones populares, sin duda apoyadas desde afuera, por el aumento súbito a servicios básicos. Políticamente, Evo Morales está a punto de “ganar” un cuarto período presidencial. Argentina también es lugar de agitación, a causa de la aplicación de medidas económicas mal preparadas, sin tomar en cuenta las reacciones populares a causa de la relevancia de estos temas, de importancia básica para la manutención de las familias.

La ONU es una institución internacional hoy hundiéndose en desmedro progresivo por sus decisiones imposibles de explicar. Haber nombrado a la Venezuela de Maduro como un integrante de la comisión de derechos humanos es una burla sangrienta. Simplemente no tiene explicación ni lógica alguna. La ONU, por lo consiguiente, desoyó la recomendación de la expresidenta chilena Michelle Bachelet, de inclinación política de izquierda, respecto a las violaciones de los derechos humanos en ese país, otrora rico. Esta actitud reduce el número de personas respetuosas de esa institución mundial, y fomenta el desprecio de quienes por razones ideológicas no la aceptan. Este hecho es prueba del descalabro de valores existente hoy en día en todo el mundo.

Mientras, en Guatemala el desastre se afianza como nunca. Hay 14 “partidos” políticos a las puertas de la supresión, lo cual beneficia al país y es prueba del subdesarrollo nacional en esa área. El Congreso afianza también su calidad de cueva donde una abrumadora mayoría está allí para el pillaje personal y para dejar al país en condiciones mucho peores de como estaban hace cuatro años. Al norte, ganan terreno los nefastos conceptos de fake news y de posverdad (concepto ridículo, por ser contradictorio). No es necesario ser mago de feria para predecir situaciones peores a las actuales, en un tiempo corto. A este respecto, solo vale la pena mencionar otro concepto peligroso: la robotización de las actividades humanas.