LIBERAL SIN NEO

Ejemplo deplorable y execrable

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El día de la elección, la ciudad más grande de un estado que será decisivo para el resultado de las elecciones suspende el conteo de votos a las 9:30 pm. En todo el estado, hacia medianoche, el candidato A aventaja al candidato B por 500,000 votos. A las 7 am del siguiente día, A tiene ventaja de 700,000 votos sobre B. A las 9 am del día 2 se reanuda el conteo de votos y a las 2:35 pm, 78% de los votos contados son para el candidato B. Continúa el conteo de votos y el día 3 la ventaja del candidato A se ha reducido a 24,000. A las 8:35 am del día 4, surgen los primeros reportes de que el candidato B aventaja al candidato A. El día 5, a las 3 pm, el candidato B aventaja al candidato A por 35 mil votos y los medios de comunicación, con júbilo, lo declaran ganador en el estado, dándole el triunfo en la elección general. ¿Venezuela? No, se trata de Pensilvania, EE. UU.; el candidato A es Donald Trump y el B es Joe Biden.

' Los medios necesitan hacer catarsis y cuestionar su papel en procesos electorales.

Fritz Thomas

Todo parece indicar que el triunfo de Joe Biden en las pasadas elecciones del 3 de noviembre es un hecho consumado. Independientemente de tener simpatía por el candidato A o el B, hubo muchas circunstancias que cambiaron en esta elección, así como bastantes irregularidades, algunas raras y otras rarísimas. En palabras de Rudolph Giuliani, abogado de Trump, “No creo en conspiraciones, pero tampoco creo en coincidencias”. La campaña de Trump tiene a una batería de abogados interponiendo denuncias y demandas sobre supuestas irregularidades en estados como Nevada, Míchigan y Wisconsin, que aun cuando muchas pudieran tener fundamento, dudo que prosperen. Surgieron irregularidades puntuales en diferentes lugares, documentadas, grabadas y con testigos.

Los medios fueron cómplices desde el inicio, tragándose el anzuelo de la fantasía histérica de colusión entre Trump y Rusia, suprimiendo por completo que toda esa teoría conspirativa era una cortina de humo iniciada por Hillary Clinton. Creo que la prensa, los medios de comunicación en EE. UU., necesitan hacer catarsis y cuestionarse si su papel es tomar partido en procesos electorales. La prensa perdió todo vestigio de objetividad en este proceso; no tuvieron la menor vergüenza de exhibir penosa parcialidad partidaria. No creo que existiera una conspiración, en el sentido de que los medios se pusieran de acuerdo entre sí, pero es innegable la preponderante hostilidad hacia Trump y la parcialidad y encubrimiento hacia Biden. Ni se diga algo sobre el papel de redes sociales, Google, Facebook, Twitter, amos del universo, dirigiendo el tráfico informativo en una gran ola contra Trump y un manto de protección a Biden.

Entre muchos factores, tres fueron los decisivos para la derrota de Trump. El primero ya lo discutí, la marcada hostilidad y parcialidad de los medios. El segundo sí creo que fue un plan deliberado; la promoción del voto por correo, que evidenció demasiadas irregularidades. El tercero fue el pésimo papel que hizo el propio Trump en el primer debate; se comportó cómo un bully, interrumpiendo constantemente con ataques personales a Biden, quien se hubiera terminado delatando al hablar. Los manifestantes que durante los pasados seis meses se han dedicado a agredir a la policía, derribar monumentos y saquear e incendiar negocios, no tardaron en salir a celebrar el supuesto triunfo de Biden. ¿Coincidencia?

Las denuncias deben ser investigadas a profundidad, no para cambiar el resultado, sino para conocer la verdad. Si EE. UU. se consideraba un faro de la democracia representativa republicana, creo que acaban de dar un ejemplo penoso, deplorable y execrable.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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