A contraluz

El atroz asesinato de Tata Mingo

Haroldo Shetemul @hshetemul

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Con el vil asesinato de don Domingo Choc hemos perdido a un insigne Ajilonel, maestro herbolario, y a un sabio Ajq’ij, guía espiritual maya. Cuesta comprender cómo sus victimarios llegaron al extremo de torturarlo durante más de diez horas y luego quemarlo vivo por una falsa acusación que solo denota fanatismo e ignorancia. Es irracional sentenciar a muerte extrajudicialmente a alguien por considerarlo brujo y endilgarle la muerte de un alguien por cuestiones mágicas. Este horrendo crimen ocurrió a plena luz del día, frente a decenas de personas que no hicieron nada para detener la barbarie de ver a un ser humano consumido por el fuego. Las autoridades policiales supieron que a la víctima la tenían amarrada y la estaban golpeando durante la noche del viernes pasado. Los agentes llegaron al lugar y no hicieron nada para detener a los criminales, lo cual los convierte en cómplices del abominable hecho ocurrido en Chimay, Petén.

¿Quién era la víctima? A sus 55 años, el Abuelo Domingo, Tata Mingo, se había convertido en un experto en medicina natural, con un amplio conocimiento de las propiedades curativas de las plantas en la zona q’eqchi’, lo cual ponía a disposición de la comunidad. Precisamente por esa sabiduría, científicos europeos lo contactaron para que participara en varios proyectos de investigación sobre medicina maya. La antropóloga Mónica Berger expresa que el herbolario colaboraba con universidades de Suiza e Inglaterra, así como con la Universidad del Valle de Guatemala, para la producción de documentos y libros sobre el particular. Berger afirma: “Haberlo asesinado es como que hubieran quemado una biblioteca; tenía un conocimiento vasto”. Prueba de la importancia que tenía don Domingo es que el embajador de Gran Bretaña, Nick Whittingham, lamentó su muerte y reconoció sus aportes sobre la medicina ancestral maya.

Como se ve, la labor de don Domingo era muy apreciada en el exterior del país porque representaba la acumulación milenaria de la sabiduría indígena, algo que se desprecia en el país. De muchas maneras se mezclan racismo, prejuicios e ignorancia para creer que la medicina natural de los pueblos originarios está ligada a ritos satánicos o magia negra. El asesinato de don Domingo es un claro ejemplo de cómo esa mentalidad atrasada puede llegar al crimen. Porque hay que decirlo muy claro: mataron brutalmente a un inocente, a un científico maya. Asesinaron a Tata Mingo, quien antes de cortar una planta le pedía permiso a la madre tierra, a la naturaleza.

Es necesario que el Ministerio Público efectúe una exhaustiva investigación para conocer el trasfondo de este horrendo crimen. No basta con considerar que se trata de un problema entre dos familias, como quiere hacer creer el Vicariato Apostólico de Petén. Esa entidad dice que no estuvo involucrada ninguna iglesia y que tampoco fue un problema comunitario. Ese hecho no se puede ver en forma tan elemental porque pareciera que buscan ocultar algo.

¿Cómo es posible que secuestraran y torturaran a la víctima sin que las autoridades intervinieran, pese a conocer los hechos? ¿Por qué no actuaron? Se sabe que uno de los presuntos autores del crimen pertenece a una secta evangélica. Se ensañaron contra un guía espiritual maya y aún así dicen que no hay vínculo religioso o cultural con el hecho. ¿Cómo es posible que las autoridades policiales, ni siquiera las religiosas por razones humanitarias, intentaran detener el linchamiento? Esto no se puede ver solo como un lío entre dos familias o que ocurrió por ausencia de autoridad, esa es la salida fácil. El MP está llamado a llegar al fondo de los hechos para determinar qué hay detrás de este atroz crimen.