CATALEJO

El canciller-pastor debe escoger su tarea

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El pastor-canciller Búcaro está obligado a decidir cuál de sus actividades desempeñará, porque no tiene justificación ni lógica alguna realizarlas simultáneamente en un país con estado laico. El lunes, por redes sociales, el pastor Robin García, dirigente de la iglesia antigüeña Rey de las Naciones y a la vez “comisionado presidencial para la libertad de cultos”, se declaró satisfecho de colaborar con el sorprendente grupo “capellanes diplomáticos” organizado por el canciller Búcaro, quien –según el también pastor-político García— está interesado en atender “la fe, el corazón y el alma”.

La Revolución Liberal de 1871 permitió, adecuadamente, establecer el derecho ciudadano de escoger a cuál iglesia pertenecer. Guatemala es uno de los primeros países del continente con separación Iglesia-Estado, establecido como laico en la Constitución, y por ello tienen vedado participar en puestos políticos los sacerdotes y cualquier todo ministro de culto de cualquier fe, pues de lo contrario sería discriminatorio. Los presidentes, por ejemplo, lo son de todos los ciudadanos, no solo de algunos, y es inconveniente inmiscuirse en lo religioso porque los partidos pueden tener feligreses de cualquier credo.

El pastor García colaborará con los “capellanes diplomáticos”. Capellán es “sacerdote que dice misa en un oratorio privado”, y entonces de hecho afirma la participación de curas. Aunque no haya sido su intención, el resultado de tan extravagante idea será acentuar las lamentables divisiones entre los guatemaltecos por causas religiosas, agregadas a todas las demás. Se nota: no es avezado en asuntos de política y de separación Iglesia-Estado. La libertad de cultos no puede ser vigilada por alguien con intereses personales en cualquier grupo interesado en aumentar sus feligreses y simpatizantes.

' La brutal golpiza filmada de una madre a su hija de tres años saca a flote la tragedia vivida por muchos niños.

Mario Antonio Sandoval

Brutalidad ¿maternal?

El video dura 15 segundos y registra el brutal trato de una mujer a su hijito, de unos tres años. Con furia, once veces lo patea, cuatro lo tira a una cuneta, lo levanta, lo empuja y lanza al suelo. Es imperdonable e injustificable. ¿Qué tan grave habría hecho para recibir una golpiza casi mortal? Para los creyentes, fue protegido por ángeles: aguantó el golpe de su cabeza y es desgarrador verlo ponerse a caminar al lado de la madre-monstruo y tratar de tomarla de la mano, pero recibir un sopapo. Sobrecogedor. Despierta rabia mezclada con espanto ante semejante prueba de la terrible vida de muchos infantes.

El video circuló, llegó a la policía y la mujer fue identificada, localizada y capturada. La inocente víctima está ahora a salvo, lejos de la irracionalidad presente en su madre. Lo peor: es común este tipo de tortura en todo el país, provocada por el descargo de frustraciones y odio por cualquier motivo contra la pareja. En palabras populares, el pobre patojito “pagó el pato”. No ha sido la primera vez y esto lo evidencia la reacción y la colaboración de los vecinos con las autoridades para facilitar tanto la captura como el rescate, y si hubiera habido ebriedad o drogas, sería un agravante, no al contrario.

El sufrimiento y el maltrato infantiles tienen muchas secuelas físicas y emocionales, o ambas. Golpes, cinchazos, gritos, insultos, son innecesarios, pero los niños llegan a verlos como algo común y entonces al hacerse adultos el esquema se repetirá de generación en generación y puede convertir a las víctimas en antisociales, mareros, delincuentes o criminales. Es imprescindible eliminar esta vergüenza nacional. No debemos olvidar esto: el tipo de las sociedades se manifiesta con claridad según traten a sus niños y a sus ancianos. Guatemala, por desgracia, también reprueba en ambos asuntos.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.