Catalejo

El complicado tema de la historia guatemalteca

Mario Antonio Sandoval

Desde hace meses y a causa de la cercanía del bicentenario de la Independencia de España, han aumentado los análisis y opiniones acerca de este acontecimiento, logrado sin guerra ni violencia, circunstancia única ahora criticada y señalada como el acuerdo de élites capitalinas de la Capitanía General. Los guatemaltecos ignoramos hechos relacionados con nuestra historia, como lo ocurrido en España, Inglaterra y Francia, las grandes potencias de la época. Ello se une a la errada forma de ver a la historia como un simple listado de fechas y nombres de personajes importantes. No es así. Hoy, los maestros de primaria y secundaria no pueden enseñar historia, al no conocerla. Eso ha influido en el desconocimiento histórico generalizado de los guatemaltecos.

Uno de los resultados, espero yo, de este renacido interés por la historia guatemalteca, debe ser el estudio de lo ocurrido en las etapas prehispánica, colonial e independiente. La teoría de los historiadores hace esperar 30 años antes de analizar un hecho, pero evidentemente este lapso hoy es demasiado largo, aunque sin duda tiene validez la idea de esperar el paso de una generación para lograr un relato poseedor al menos de un desbalance menor a causa de la carga ideológica imposible de evitar porque el historiador, en primero y principal lugar, es un ser humano susceptible a cometer errores y a darle más importancia a determinados hechos y personas, según su propio pensamiento, aunque la necesaria revisión correcta de documentos ayude a lograr el necesario balance.

A mi juicio, no existe una historia única o total de Guatemala –o de cualquier país— sino de variados y diferentes temas. Por eso creo indispensable hablar de historia política, por ejemplo, cuando se trata de narrar y calificar los hechos de este tema. Pero también hay otras historias: de cultura, arte, ciencia, etcétera, importantes porque muchas veces esa historia política tiene episodios tristes y vergonzosos, al reflejar la vida humana, pero convive con la historia de la cultura propia. Un factor imposible de soslayar es el tiempo; no todas las acciones de los personajes históricos puede justificarse como producto de su época. Debe tomarse en cuenta porque influye en cómo actúa la sociedad. Y es absurdo calificar hechos de épocas anteriores con base en criterios del mundo de hoy.

En Guatemala y los demás países latinoamericanos donde las culturas indígenas eran y siguen siendo importantes, fundamentales, su historia es también necesario conocerla antes y después de la Conquista española. Como el resto de historias de la historia, no se debe idealizar a nadie: ni a los habitantes de estas tierras, ni a los conquistadores y sus descendientes, ni a los sacerdotes católicos o a los participantes directos en la Independencia, todos con matices admirables o despreciables. Otro yerro común es creer en la paz perenne entre estos pueblos originarios ni la alianza de unos de ellos con los españoles, por rencillas. El más serio error es no ver a la Independencia como un movimiento de criollos, en el cual los indígenas no participaron y quedaron tan mal como estaban.

La principal razón para analizar la historia guatemalteca desde esta serie de arroyos confluentes luego en el río actual de Guatemala radica en el convencimiento de la necesidad de conocer su significado para la posteridad, el legado heredado a todos, cómo viven después de cambiar las circunstancias políticas, económicas, sociales y sanitarias. Se debe conocer nuestra historia para saber de dónde venimos, conocernos, entendernos, nuestro futuro, estar conscientes de ello como ciudadanos y reflexionar cómo podemos contribuir para mejorar la situación actual. Es malsano renegar de nuestra historia porque es irreparable, pero sí se le debe conocer para aprender de ella y no repetir los errores como consecuencia de actitudes y decisiones inaceptables.