Mirador

El Presidente y el US Department of State

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

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La reelección de la fiscal general cayó mal en ciertos sectores de Washington, pero como son autocríticos seguramente habrán hecho una evaluación de su política exterior y concluido que el rumbo puede no ser el adecuado. Las constantes declaraciones, presiones y amenazas por parte de USA —entre otras variables— limitaron las opciones a la reelección.

Históricamente, los pulsos han generado problemas en el Norte, y en tiempos complejos no parece buena apuesta. Olvidan —me dice Rodrigo Fernández— el resultado de la historia de las imposiciones. El golpe de Estado de 1963 ocurrió porque Ydígoras no aceptó presiones, e impusieron a Peralta Azurdia, quien les resultó abiertamente antinorteamericano. En 1966, Méndez Montenegro fue más dócil y permisivo con la intromisión.

Tradicionalmente la política exterior norteamericana ha sido proyección de su política interna. Ahora pareciera a la inversa. Demasiados frentes abiertos y en varias direcciones, Centroamérica es uno de ellos, y la política doméstica USA sufre serias crisis que distraen y preocupan. Es muy posible que en las elecciones de noviembre lo mal hecho afuera termine pagándose adentro, lo que puede representar un alto costo de votos para el partido demócrata, y lo saben aquí, allá y acullá.

No es casualidad que hace unos días se alentaran discrepancias en el Parlacén —activado por diputados nicaragüenses— sobre China-Taiwán, evidentemente a favor de la primera, que es la que sostiene y aplaude dictaduras y populismos. Si en condiciones “normales” lo chinos entraron en la región, se establecieron y desplazaron a los taiwaneses —desde Panamá hasta El Salvador—, es de suponer que en estos momentos evalúen que es más fácil y de mayor rentabilidad política. En el edificio Truman parecen no tener claro algunos que el zelayismo es hijo del chavismo y hermano del orteguismo, y que en Honduras, de un momento a otro, puede fluir ese “espíritu revolucionario”, como en otros países del área. ¿Acaso no les ha sorprendido el voto de El Salvador y Honduras en contra de la devolución de propiedades de la OEA confiscadas en Nicaragua?

Washington debería haber actuado menos arrogante a la hora de presionar y plantear sus exigencias a los gobiernos centroamericanos —especialmente al único socio que le queda(ba)—, lo que no sucede con Cuba o Venezuela. Podrían haber rescatado el idealismo wilsoniano —¡de la primera etapa, por supuesto!— y no las malas formas tradicionales o las de la escuela jacksoniana. De tal cuenta, y en el marco que dejara entrever el presidente mexicano —pesadilla del Departamento de Estado—, Giammattei manifestó que no asistirá a la Cumbre de las Américas, así se ahorra el desplante de que no lo inviten, como hicieran en la Cumbre por la Democracia. Un exabrupto polarizador adelantado a los acontecimientos que aviva la confrontación.

No me satisfago de esta mala racha USA —aunque se veía venir y es fácil reconocer a los “culpables”—, pero me cuesta entender que su aparato diplomático no la haya sabido manejar. Desconozco qué ocurrirá a partir de ahora, pero de seguir los mismos y con idénticas ideas y formas, vendrán más presiones que no servirán para mucho. En unos meses, cuando los votantes norteamericanos modifiquen los equilibrados foros políticos, quizá se tornen las cosas y, entonces, se hará el análisis pausado que debería haberse hecho hace rato. Aquí, como de costumbre, nos lamentamos y seguimos con las rabietas, pidiendo a gritos “que nos salven de la barbarie”, sin entender que en política no hay amigos, sino intereses…, y muchos, por cierto. Quizá aquella comisión de la OEA que viniera una vez al país pueda ser un ejemplo de cómo encontrar salida a esta crisis de egos.