Catalejo

El TSE y el laberinto donde su gente lo metió

Mario Antonio Sandoval

Archivado en:

Mario Antonio Sandoval

El Tribunal Supremo Electoral se encuentra inmerso en su propio laberinto. Ayer anunció revisar acta por acta y borró todos los resultados oficiales en su página web. Se encuentra a la defensiva porque se conoció públicamente la absurda decisión de contratar como encargada del control de los datos a una cuestionada y desconocida empresa, acusada de haber actuado mal en elecciones de varios países tercermundistas. Hasta los ciudadanos más satisfechos con el tradicional trabajo del TSE se preocuparon por esto y por los señalamientos respecto a las elecciones del domingo. No hubo fraude, sino simple incapacidad. Estas elecciones marcaron, a mi juicio, el comienzo del fin del prestigio del TSE. Lo lamento y me causa irritación mezclada con impaciencia.

El TSE logró sembrar las desde hace tantos años eliminadas desconfianzas y sospechas. Manejó mal el tiempo de sus acciones, y sobre todo de su independencia. No supo escoger bien a las personas para puestos técnicos imprescindibles. Debido a ello, en este momento está abierta la puerta de un oscuro túnel cuya longitud es un misterio porque no se sabe dónde termina y adónde lleva. No supo demostrar su independencia cuando todas las acciones políticas de las entidades relacionadas con el proceso electoral se dirigían a beneficiar burdamente a la candidata ganadora. Y ahora, al borrar los datos de los resultados oficiales, los nuevos tendrán la bienvenida amarga de la duda, en especial si pasan días y no comienza la tarea de lograr la credibilidad.

Este TSE hizo regresar el calendario político al domingo 16 de junio de 2019. Los resultados tienen la posibilidad de ser distintos, pero la certeza de ser señalados como efecto de la reacción popular de rechazo a las cifras oficiales. Esto es alborotar el laberinto bordado por los magistrados en un proceso largo cuyos efectos no fueron calculados. Se podrá hablar de una pequeña piedra lanzada desde la cúspide de una montaña con nieve, donde ahora desciende un alud imparable e impredecible. Una consecuencia adicional es el afianzamiento, entre quienes decidieron no molestarse en asistir, de haber tomado una decisión correcta, no solo a causa de los participantes, sino ahora por los errores hoy señalados.

Vale la pena hablar algo del historial del TSE, una institución con característica de haber recibido el apoyo y la confianza populares, no el beneficio de la duda, al nacer en 1985, la población estaba segura de su actuar correcto. Y así fue: en su momento detuvo en seco al aprendiz de dictador Jorge Serrano y gracias a eso se pudo mantener el proceso iniciado con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente. Se mantuvo sin motivo de crítica, pero comenzó un declive a consecuencia de la decisión de tener períodos presidenciales de un año, lo cual agitó los egos, a lo cual fue agregada la politización de sus integrantes y su actitud de apoyar a quienes los habían llevado a sus cargos. No ha ocurrido solo en esta entidad, por cierto.

Los magistrados del TSE deben tomar plena conciencia de la necesidad urgente de regresar ese prestigio, pero para ello además necesitan medir con estudios profesionales cómo es la imagen actual. No se trata de hacer relaciones públicas, sino de establecer o afianzar los contactos con las entidades no gubernativas y las personas relevantes en estas. Si se hace un buen trabajo, creo posible tener éxito en esa tarea, cuyo inicio debe ser regresar a como se trabajaba cuando el prestigio era sólido y se mantuvo en varias directivas. El TSE puede convertirse en un aliado de los sectores sociales dispuestos a exigir cambios en las leyes respectivas y en temas como el número límite de diputados, los valladares al transfuguismo y otros más. Se necesita, eso sí, valor.