Liberal sin neo

El vaso está lleno a la mitad

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Dos factores que atentan contra la actividad económica, la producción, el empleo y el nivel de vida son la incertidumbre y las medidas de aislamiento, así como la sinergia entre ambos. La incertidumbre impulsa a demandar lo que se percibe es necesario para atravesar el río de la crisis, como artículos de primera necesidad, alimentos, medicamentos y alguna reserva de efectivo. Se posponen inversiones, gastos grandes y decisiones importantes. Las medidas de aislamiento y la paralización de la economía que ha decretado el gobierno imponen grandes costos. Estos podrán ser tolerables en el corto plazo, no así en el mediano y menos en el largo. Los más vulnerables son las personas que viven con sus ingresos del día y mucha actividad informal que no puede salir a la calle a ganarse el sustento.

La pandemia del covid-19 es un fenómeno muy diferente a cualquier cosa que la mayoría de nosotros haya vivido y Guatemala no es ajena a cataclismos naturales. El terremoto de 1541 que provocó la inundación y destrucción de la capital de Guatemala, Ciudad Vieja, el de Santa marta en 1773, que destruyó la mayor parte de la ciudad de Santiago de los Caballeros y los de 1917-18 que causaron destrozos. El terremoto de 1976 propinó un duro golpe a la población y a la infraestructura. El huracán Mitch en 1998 provocó fuertes inundaciones, deslaves y daños. El virus es diferente, en silencio y con sigilo, invade el cuerpo, sin causar directamente “daños materiales”. No destruye cosas, como edificios, casas, puentes y carreteras, sino reprime la comunicación, la movilidad, convivencia y comercio. El aparato físico productivo, el capital material, permanece relativamente intacto, aguardando la libre interacción de la población para que la actividad económica pueda recuperarse. El vaso está lleno a la mitad y no medio vacío.

En Guatemala se tomaron las decisiones importantes temprano en la curva y eso ha significado que el virus no se haya multiplicado rápidamente. Mientras países alrededor del mundo empezaron pronto a imponer el encierro y aislamiento, la estrategia inicial del Reino Unido fue diferente. Al principio se rehusaron a imponer medidas estrictas de distanciamiento social, optando por un plan para construir “inmunidad de manada”, que significaría dejar que suficientes personas infectadas que se enfermaran de manera leve obtuvieran inmunidad. Pero las estimaciones de la cantidad de infectados que abrumarían los servicios de salud los hicieron cambiar de estrategia y se alinearan con fuertes medidas de aislamiento social. Para alcanzar inmunidad de manada es necesario que al menos 60% de la población sea inmune al virus.

Las medidas de aislamiento significan que el gobierno ejerce fuerte control sobre la población, incluyendo una serie de estrictas prohibiciones. La mayoría de expertos concuerda en que esto es necesario ante la crisis. Para quienes pensamos que la libertad individual y las libertades civiles son vitalmente valiosas e importantes, no deja de ser un poco inquietante. Es precisamente cuando los gobiernos adoptan fuertes medidas para enfrentar una crisis, que tienden a crecer por saltos, aumentar su radio de actividad y control de las personas. Pasada la crisis, es improbable que un gobierno regrese a su radio de actividad y control ex ante. Tengamos la esperanza que la guerra contra el virus obtenga una pronta victoria y que emerjamos de ella más fuertes, sin que se vean disminuidas nuestras libertades. Que se desvanezca el peligro, el temor y la incertidumbre y nos enseñe a apreciar lo que tenemos. Pienso que así será.