Economía para todos

Empresa familiar en San Carlos Sija

José Molina Calderón josemolina@live.com

En provincias hay empresas familiares que son conocidas localmente. Es el caso del molino San Carlos, en San Carlos Sija, Quetzaltenango, a 22 kilómetros de la cabecera departamental.

Por el lado paterno, radicado en Huehuetenango, mi abuelo Santiago Molina Mazariegos contrajo matrimonio dos veces. La primera esposa fue Jerónima Monzón, y la segunda, Ana Manuela Calderón. El abuelo entre las dos familias tuvo 18 hijos. Yo pertenezco a la rama del segundo matrimonio, en la que mi señor padre era el mayor.

Del primer matrimonio nacieron ocho hijos: Juana, Alejandro, Ramiro, Abelardo, Enrique, Alberto, quien murió de niño; Óscar y María. Del segundo matrimonio fueron 10 hijos: Héctor, Santiago, Amanda, María Luisa, José, Arnaldo, Leonor, Marta, Humberto y Roberto. Del primer matrimonio fueron 18 nietos y del segundo 27, para un total de 45.

El abuelo Santiago nació en el siglo XIX y falleció en 1930, poco después de la Gran Depresión. Fue comerciante y propietario de fincas agrícolas: Miramar, vecina a la frontera con México, que le vendió a Olivio Chávez. Conocí tres pequeñas fincas cerca de Cuilco: Islán, El Sabino y El Retiro. Daba dinero al crédito. Adquirió 500 acciones del Banco Central de Guatemala, S.A., en 1926.

A los hijos varones en edad de merecerlo, los envió a estudiar a Canadá, EE. UU. y México —Agricultura, Contabilidad, Dentistería, medicina y otros—. A las cuatro hijas mujeres del segundo matrimonio las envió a estudiar para maestras en Quetzaltenango.
Se hizo propietario de tres molinos de trigo: dos en Huehuetenango, el molino Fénix conocido como el Molino Rojo —cerró a mediados del siglo XX—; y el segundo molino eléctrico El Progreso. El tercer molino fue en San Carlos Sija. Traspasó la propiedad en la forma siguiente: El primer molino a Ramiro Molina Monzón; el segundo a las cuatro hermanas Molina Calderón; y el tercero, en San Carlos Sija, Quetzaltenango, a Santiago Molina Calderón.

El molino El Progreso tenía desde 1898 la palabra eléctrico porque en el lugar conocido como Los Regadíos se instaló una planta eléctrica movida por agua, que empezó con una sociedad entre mi abuelo y Luis G. Cordero, denominada Monzón & Compañía; finalmente mi abuelo le compró al socio su parte.

El molino San Carlos era propiedad de Ismael Signor, sefardita radicado en Sija, quien lo vendió a mi abuelo. El tío Santiago estuvo en Trenton, New Jersey, de 1920 a 1929, estudiando Contabilidad y trabajando. Por la muerte de mi abuelo y la gran depresión, y a pesar de tener trabajo como chófer nocturno, regresó a Huehuetenango para hacerse cargo de la empresa familiar y ayudar a la abuela, ya viuda. Manejó el molino San Carlos de 1932 a 1964. El molino en San Carlos Sija lo heredaron y administraron los hijos del tío Santiago; sin embargo, hubo diferencias de opinión fuertes y me pidieron que fuera director externo de la sociedad comercial en 1975, lo que acepté. Sin embargo, primero vendió su parte la hermana que vivía en San Rafael, California, y más adelante los dos hermanos se separaron, quedando de propietario el primo Carlos.

En 1974, el molino San Carlos compró la sociedad del molino El Progreso, cerrándolo. En 1985 trasladaron el molino a la zona 7 capitalina, en la parte occidental de El Naranjo, Mixco, y finalmente en 2000 fueron vendidos los derechos comerciales a una empresa ajena.

El primo Carlos falleció el 30 de marzo del 2019. Formó una Fundación que ayuda a necesitados en Sija y El Naranjo.