Economía para todos

Empresa familiar Samayoa Mejía

José Molina Calderón josemolina@live.com

Édgar Haroldo Torres Soto publicó la tesis titulada La familia Samayoa. Su vinculación al desarrollo capitalista en Guatemala en el siglo XIX. Escuela de Historia, Universidad de San Carlos de Guatemala, 2012. 185 pp. La información que sigue procede de esta tesis.

La familia Samayoa fue muy importante en el siglo XIX, tanto por el patriarca José María Samayoa Mejía (Comalapan, Chimaltenango, 1801-1873), como por su hijo José María Ponciano Samayoa Enríquez (1826-1895). Este último fue funcionario y amigo de Justo Rufino Barrios.

Samayoa Mejía tenía como pasión la colección y crianza de caballos de raza, y vivió con intensidad la época de la Independencia. Contrajo matrimonio dos veces, tuvo varios hijos y negocios en El Salvador en la siembra de caña de azúcar.

La Sociedad Económica de Amigos del País lo nombró socio benemérito por su esfuerzo en avanzar en la industrialización del país. Fue también nombrado diputado por Totonicapán en 1837. Desarrolló la producción licorera, negocio en el que incursionó a partir de 1831.

Años más tarde, asiste a la subasta pública José Tomás Larraondo, quien fue más conocido cuando se asocia con Samayoa Mejía, y logran que sean rematados en su nombre los estancos de Amatitlán. Larraondo era propietario de fábricas de aguardiente en Palín, poseía estancos y otros locales de expendio al por mayor en esa localidad.

Entre las familias Samayoa y Larraondo se inició una asociación comercial muy destacada en la época, conocida como la Casa o Compañía “Larraondo y Samayoa”, o indistintamente “Samayoa y Larraondo”. Esta nueva casa o firma logró que se les adjudicaran en remate los estancos de aguardiente en los departamentos de Guatemala, Sacatepéquez, Escuintla y Amatitlán en el año 1846-1847.

La firma “Samayoa y Larraondo” tuvo una relación comercial de más de quince años, en la cual tuvieron políticas empresariales acertadas y estrategias en las relaciones con el gobierno. Ambos socios tenían claro el interés de monopolizar la producción licorera, y para ello Samayoa Mejía instaló una fábrica de destilación de aguardiente en su Hacienda Trapiche Grande. Y luego propuso al Gobierno rematar los estancos de Suchitepéquez y Sololá.

La familia Samayoa hizo un plan de acción para obtener la posesión, tenencia y uso de la tierra en la meseta central de Guatemala, habiendo sido exitoso en ello.

Las propiedades de la familia aumentaron al participar activamente dentro del gobierno liberal a partir de 1871, cuando ya estaban activos empresarialmente los hijos. Por ejemplo, en 1875 Samayoa Enríquez adquiere el Llano de la Culebra, así como la Tenería por de Anquiano, que perteneció a las órdenes religiosas expropiadas por el gobierno liberal.

Samayoa Mejía, en 1848, abandona temporalmente la producción licorera donde había estado más de veinte años. Durante el gobierno conservador decidió introducirse en la industria textilera, obteniendo privilegio exclusivo de explotación de algodón por diez años (1849-1859). La fábrica de Samayoa como se le conocía, estableció varias tiendas en la nueva Guatemala. Más adelante trabajaría conjuntamente con Francisco Sánchez (promotor de la fábrica Cantel en Quetzaltenango) en la industria textilera. Samayoa Mejía estableció en La Antigua una fábrica de hilado y tejido de algodón.

Samayoa Mejía también fue promotor del muelle de Iztapa y del Puerto de San José, con el objeto de poder exportar sus productos al exterior. Incursionó en una mina de plomo y plata en San Juan Sacatepéquez. Ya con sus hijos adultos, los va incorporando en el negocio de aguardiente y chicha, además de proporcionarles formación académica en Europa.