Ventana

En el día de las mujeres

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

“En el infierno hay un espacio muy especial para las mujeres que no ayudan a otras mujeres”, expresó Madeleine Albright frente a una colmada audiencia de jóvenes mujeres, en Wellesley College, Boston, en el 2004. Las palabras manifestadas por la señora Albright, ex secretaria de Estado de Estados Unidos, en aquella ocasión estaban cargadas del sentimiento que puso en marcha la revolución femenina a principios del siglo XX. La coraza masculina se empezó a resquebrajar cuando, en 1914, se generalizó el voto femenino en Estados Unidos y luego en Europa. En Guatemala, las mujeres fuimos reconocidas como ciudadanas votantes hasta 1945. Desde entonces empezaron a generarse movimientos y agrupaciones para animar a otras mujeres a reclamar sus derechos. Para que fueran reconocidas como personas. Para ayudarlas a cambiar la idea que tenían de ellas mismas  (“yo no puedo,” yo no debo”). Para que salieran del encierro doméstico y participaran en el espacio público. Para que asumieran la responsabilidad de sus propias vidas.

Sin embargo, hay todavía mucho por hacer. Nuestra sociedad sigue siendo tremendamente machista, a pesar de que “en el mundo se reconoce la violencia masculina contra las mujeres como un crimen”, así lo afirma la activista feminista española Ana Ma. Pérez del Campo Noriega. Hoy, 8 de marzo, se conmemora mundialmente el día de las mujeres. Hoy, hace dos años, ocurrió la tragedia de la muerte de las 40 niñas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en el municipio de San José Pinula. Las víctimas ya habían denunciado las terribles vejaciones de lesa humanidad que padecían, pero sus graves acusaciones se manejaron como un proceso burocrático, como cualquier denuncia legal. No fueron escuchadas por los funcionarios de las distintas instituciones, principiando por el presidente y la primera dama, la Secretaría de Bienestar Social, la Procuraduría General de la Nación, los jueces, la Policía. No se asignó personal con la calidad profesional y la sensibilidad para atender este hogar-infierno y detener de una vez por todas el horror. Y duele aún más observar que han pasado ya dos años de esta tragedia y la justicia no llega. ¿Por qué? Porque falta despertar conciencias con miras a construir una Guatemala donde ya no se violente, subordine, discrimine ni excluya a las mujeres en cualquier campo o sector. Porque para promover la igualdad de género es indispensable que las niñas culminen nueve años de escolaridad. Su vida tendrá futuro. Se casará más tarde. Tendrá menos hijos. Se conservará más sana. Incrementará sus ingresos. Luchará para que los derechos de sus hijas e hijos sean respetados. Romperá el ciclo de pobreza y de violencia intergeneracional. Las mujeres y las niñas dejarán de estar atrapadas en el mito de estar sometidas al hombre porque “no se nace mujer, se llega a serlo”, escribió la profesora, filósofa, defensora de los derechos humanos y precursora del feminismo Simone de Beavoir en su famoso libro El segundo sexo.

“La Igualdad de Género” es uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenibles. Yo los imagino formando un ecosistema donde cada uno de ellos refuerza al otro para generar un nuevo sistema de vida nacional. El primero que pondría, como puerta de entrada, para generar los cambios de país que necesitamos, es el de Igualdad de Género. Al poner fin a todas las formas de discriminación contra las mujeres y las niñas, además de ser un derecho humano básico, tiene un efecto multiplicador en todas las demás áreas del desarrollo. Mickey Mercer, un conocido cantante de Barbados, está convencido de ello. Fomentar ese cambio con su música. Canta: “Las mujeres no están para servir a los hombres. Las mujeres y los hombres están para ayudarse y llegar a ser los mejores seres humanos posibles”.