Catalejo

En el discurso parece haber salido airoso

Mario Antonio Sandoval

El discurso de toma de posesión siempre es un documento importante, porque constituye la presentación en sociedad del pensamiento del nuevo gobernante. El principal interesado en divulgarlo, mejor si antes de pronunciarse, es él mismo. El análisis del texto es tema obligado para editoriales y columnistas políticos. Como consecuencia del imperdonable atraso de seis horas provocado por el gobierno anterior, solamente es posible realizar una breve reseña de algunas frases, a fin de poderlas comentar en este artículo. Creo importante señalar su calificación de primer servidor del país, su intención de recuperar la hoy inexistente credibilidad en las instituciones estatales a causa de la corrupción, y de declarar grupos terroristas a los mareros y bandas organizadas de criminales.

Hasta el final, los integrantes de la bancada del FCN Nación y del pacto de corruptos, UNE incluida, actuaron de manera inaceptable. Esos atrasos constituyeron una afrenta para invitados foráneos, como los dos embajadores obligados por las circunstancias a retirarse. Una nueva vergüenza nacional, cuyo efecto es entender la necesidad de actuar de inmediato en las relaciones con los países amigos y entidades internacionales, y por ello barrer con los absurdos nombramientos de hace dos meses, tema al cual no se refirió el doctor Giammattei, quien a mi criterio no necesitaba gritar para demostrar firmeza. Lo creo un producto de la explicable emoción del momento. Pese a todas esas buenas intenciones, es explicable prever desde ya algunas nubes oscuras en el horizonte.

Es importante señalar sus referencias a temas como el respeto a la mujer, ahora víctima de machismo de toda clase, así como de proteger a las fuerzas de la Policía cuando se enfrenten a criminales y posteriormente son acusadas y condenadas por un sistema de justicia urgentemente necesitado de reformas. Y me parece especialmente esperanzadora su referencia a la reforma educativa, siempre y cuando ello implique la anulación de lo decidido a escondidas el 30 de diciembre pasado por Jimmy Morales y su gente, sobre todo en cuanto a la utopía de darle prioridad a las lenguas vernáculas, cuyo efecto es el de dejar de lado a los indígenas de Guatemala en su relación no solo con el país, sino con el mundo actual. Este tema es complicado y por ahora solo lo menciono de paso.

Causó sorpresa a muchos la integración de la directiva del Congreso, presidida por un diputado de primer ingreso —cero experiencia—, ahora convertido por presiones obvias en cabeza del organismo político más importante de una democracia, y con señalamiento por contratos con el Estado, así como el nuevo ministro de Comunicaciones. El resto de la planilla ganadora tiene señalamientos de diverso nivel de seriedad, por cualquier tipo de corrupción. Al haber quedado la UNE fuera de la jugada, por súbito cambio de opinión de cinco diputados, el deseo de revancha de los demás causará problemas al presidente Giammattei, talvez —ojalá no— con actuaciones parecidas de funcionarios ahora tan satisfechos por llegar a los círculos de poder.

Despierta esperanza su advertencia contra los corruptos. Esa lucha no solo es esperada por los guatemaltecos, sino urgente. Y allí le espera tener mano firme, en especial contra quienes caigan en este flagelo y al mismo tiempo sean personas cercanas al Gobierno y al partido oficial, del cual se desligó por convencimiento, según dijo. Debe recordar algo: ahora le es indispensable ganar la presidencia, pues la victoria electoral fue resultado del rechazo a su adversaria. Una vez pronunciadas estas promesas, debe iniciar de inmediato las primeras acciones en los tres ejes de su gobierno y la nueva ley de telecomunicaciones. En resumen, creo haber escuchado a alguien convencido de cuál es su fuerza real: el apoyo de los guatemaltecos, con el cual puede vencer a los politiqueros.