Liberal sin neo

En todas partes se cuecen habas

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

El auge y posterior implosión de una organización llamada The Lincoln Project (Proyecto Lincoln) se lee como un manual para ordeñar ingenuos. Una organización fundada en diciembre de 2019 por siete conservadores republicanos disidentes, con la misión explícita de “derrotar al presidente Trump y el Trumpismo en las urnas”. Entre los fundadores principales se encontraban John Weaver e irónicamente George Conway, esposo de Kellyanne Conway, consejera principal de Donald Trump. El Proyecto Lincoln, una articulación del Movimiento Nunca Trump, se constituyó como un comité de acción política, volcado a recaudar fondos y producir exquisitos spots y anuncios. Dado que se trataba de una organización de disidentes republicanos dedicada a atacar al entonces presidente, a sus aliados en el Congreso y a sus simpatizantes, cobró tracción en los medios y redes sociales. Un heredero de J.P. Getty donó US$1 millón, y una sobrina de Walt Disney, US$100 mil. El Proyecto Lincoln, punta de lanza de la disidencia republicana anti Trump, era adorado y estaba en la cima.

Un artículo de Steve Peoples y Brian Slodysko, publicado por AP, relata que en junio 2020 directores del Proyecto Lincoln recibieron información de al menos diez acusaciones de hostigamiento sexual en contra del cofundador John Weaver. Con el tiempo surgió más evidencia de que este era un patrón en la conducta de Weaver: hostigamiento seductor a jóvenes hombres gay, incluyendo a un menor y a dos empleados de la propia organización. Cuando los hechos salieron a la luz pública, el acusado reconoció haber actuado de manera inapropiada y se disculpó. Las preferencias sexuales del señor Weaver, un hombre casado, con hijos, son asunto privado que no amerita comentario o censura alguna. Lo que merece oprobio es el uso de su posición de poder para el hostigamiento sexual, que era una figura que basaba su posición en desplegar cierto aire de superioridad moral entre la comunidad conservadora y que los otros directores de la organización, que conocían desde junio del año pasado las acusaciones contra Weaver, declararan estar asombrados e indignados cuando fue noticia en enero de este año.

Una vez destapada la lata, empiezan a salir más gusanos; el escrutinio del Proyecto Lincoln, derivado del comportamiento personal de uno de sus directores fundadores, causó que saliera a luz el manejo de las finanzas de la organización. El Proyecto Lincoln recaudó US$90 millones, pero menos de un tercio, cerca de US$27 millones, fue gastado en pauta de anuncios durante la campaña política de 2020. La mayor parte del dinero se usó para pagar honorarios por consultoría a empresas de directores y miembros del Proyecto Lincoln, incluyendo cerca de US$27 millones a una firma controlada por Reed Galen y US$21 millones a una empresa que dirige Ron Steslow, ambos miembros de la organización. Esta clase de hechos no extraña ni constituye novedad, lo que me parece interesante es que, de no ser por los pecadillos personales que causaron el escándalo inicial, quizás habría pasado desapercibido cómo fueron desviados decenas de millones de dólares a los bolsillos de miembros de la organización.

Las personas se identifican con causas, incluso se unen a ellas y las apoyan, fenómeno que es vital en la sociedad humana. La historia del Proyecto Lincoln ilustra cómo una causa política logra seducir a muchas personas y al poco tiempo se cae la máscara para revelar cómo sus promotores la utilizan para ordeñar a los incautos. No es un tema ideológico, puede darse en cualquier bando o causa. En todas partes se cuecen habas.